Manorexia, el trastorno alimentario en hombres
Para no mostrar “debilidad”, muchos hombres no realizan las consultas correspondientes ante profesionales médicos; pero es importante saber que la manorexia existe y está presente. Las claves para detectar un caso.
El término “manorexia” no existe en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales; y tampoco los trastornos se diferencian por género.
Históricamente se presentaban más en mujeres por la presión social, pero hoy en día los casos en hombres están aumentando, aunque sean más difíciles de detectar. Ellos en general no realizan consultas con profesionales, probablemente por vergüenza o para no mostrar “debilidad”.
El trastorno más predominante en hombres es la vigorexia o trastorno dismórfico muscular; que es la obsesión por la masa muscular: se ven muy débiles aún teniendo exceso de masa muscular. Eso termina poniendo en juego la vida de la persona: consumen hormonas, suplementos, esteroides y anabólicos y alteran la conducta alimentaria.
Sumado a estos, existen otros trastornos de conducta alimentaria (TCA) en hombres como bulimia, anorexia, trastorno por atracón, etc. pero el mas “notorio” es el mencionado anteriormente, combinado con ortorexia que es la obsesión por comer 100% saludable, donde además la vida social se ve afectada y no hay conciencia de enfermedad.
Un factor importante para llevar una buena nutrición es la educación alimentaria desde niños, no obligando ni restringiendo alimentos. Lo principal es una dieta balanceada con los nutrientes necesarios que se encuentran en los distintos alimentos. La comida está todos los días y uno tiene que tener buena relación con ella. Otro punto es erradicar la crítica hacia el cuerpo: hay que empezar a quererlo y que los trastornos alimentarios dejen de ser tabú.
¿Cuándo deberíamos acudir a un profesional? Si tu pensamiento se centra en la comida y ves que eso y el aspecto de tu cuerpo condicionan tu vida; o si estas empezando a dejar de ir a fiestas, eventos o dejas de juntarte con tus amigos, es un signo de alarma.
Cuando una persona comienza un tratamiento, lo que estaba abajo del iceberg sale a flote; entonces la persona empieza a ver problemas que no tenía. Porque uno con la comida tapa emociones: uno come para no decir, para no pensar, para no sentir; uno hace dieta y piensa mucho en la comida para no pensar en los problemas reales. Es más fácil pensar en cuantas calorías tiene un alfajor que en los problemas que tenemos que resolver. Estos trastornos no se dan “porque sí”, sino que son de origen neuropsicobiológico, es decir, van más allá del cuerpo y la comida. Lo que vemos nosotros en estos pacientes es el síntoma de muchas otras cosas, como factores psicológicos, familiares, problemas de autoestima, comorbilidades, alteración de neuroquímicos, genética, etc.
Todo esto debe tratarse con profesionales capacitados y de manera interdisciplinaria porque el mayor peligro es la muerte. El hecho de no comer o los vómitos afectan el funcionamiento cardiovascular del organismo. En el caso de la bulimia puede generar desgarro de esófago o de estómago, o pérdida de piezas dentales. Si se toma laxantes se altera la flora intestinal y se generan problemas para ir de cuerpo, osteopenia y muchas otras patologías. A veces las consecuencias son reversibles otras y no. Es importante saber que no siempre el estar muy flaco es el único síntoma de un TCA, por eso hay que observar la conducta, no tanto el cuerpo.
Por Agustina Murcho, Lic. en Nutrición especialista en trastornos alimentarios (M.N. 7888 / M.P. 3196).-
El término “manorexia” no existe en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales; y tampoco los trastornos se diferencian por género.
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