ENTREVISTA: DIEGO PERETTI – Más allá del perfume
Diego Peretti habló con "Río Negro" sobre su papel en el drama de Arthur Miller "Muerte de un viajante", una obra clásica y siempre vigente.
Con producción de Pablo Kompel y Adrián Suar, Alfredo Alcón protagoniza desde el miércoles 17 de enero en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza, el clásico de Arthur Miller, «Muerte de un viajante».
La nueva versión tiene un elenco estelar encabezado por Diego Peretti, con Alcón, María Onetto, Luciano Cáceres, Roberto Castro, Carlos Bermejo, Javier Lorenzo, Pablo Caramelo, Mónica Santibáñez y Francisco Civit, todos dirigidos por Rubén Szuchmacher.
Diego se encontró con «Río Negro» en la ruidosa Buenos Aires, para introducirse -no sin dificultades- en los senderos de la búsqueda del personaje.
«El texto lo conocía de la escuela de teatro, sabía que era, dentro del realismo moderno, considerada una obra de estructura dramática casi perfecta. En ese sentido no tuve mayor trabajo en dilucidar si el material es bueno o no, ya sabía de sus bondades.
Analizar el libro y ver si mi papel tiene un desarrollo, se transforma a lo largo de la obra, todo eso, fue algo claro de antemano. Después, trabajar actoralmente con un libro tan rico, es un placer. Particularmente con un elenco como el de esta puesta. En el caso de «Muerte de un viajante», hay cierto recorrido que tiene un atajo por ser de un autor extraordinario; ya sabés que hay una estructura de apoyo.
– Es un rol que célebres actores antes han asumido, y habrás visto…
– Claro.
– Entonces, significa ponerle otra carne, elaborar otra lectura.
– Sí, es todo un trabajo grupal. No es tan individual. O sea, hay un director como Rubén Szuchmacher, un elenco, compañeros, una adaptación, una producción, un espacio teatral… Cierto momento socio-político típico en una sociedad como la nuestra. Todas esas variables hacen que se
produzca el espectáculo que hacemos. Desde mi punto de vista, tuve que ver cuál es el conflicto principal de mi personaje y empecé a desarrollarlo desde la opinión y la mirada personal, poniéndome de acuerdo con el director, los demás actores…
– Lo contás de un modo sencillo, pero no es tan así el trabajo, que eso pase por tu vida cada vez que la obra sube a escena, implica una apertura intelectual, emocional…
– Sí, sobre todo esto último. Es una obra que, más que un trabajo de composición o caracterización, requiere una tarea de gran peso emotivo. Con esto ¿qué quiero decir? Más que un personaje que hable otro idioma, sea rengo, ciego, o tenga una postura corporal determinada que llevaría a decir que es un rol característico o de composición, pasa por un trabajo emocional; por un conflicto de relación de amor con el padre (Alcón), fundamentalmente. Es una obra clásica, con una esencia que transciende el tiempo; está actualizada en todo momento.
– Es un permanente conflicto…
– Entre lo que el padre desea para el hijo y lo que éste quiere hacer por su deseo propio. En ese sentido, más allá del perfume que tenga cada época, más allá de las culturas, siempre está presente y es en lo que Arthur Miller puso el foco. La búsqueda es emocional y me remite como actor, a mi vivencia personal. Lo más cerca que te puedo decir es que mi otra profesión (médico psiquiatra), sobre todo medicina, la hice casi por un deseo familiar, un deseo paterno…
Cuando empecé a darle bola a lo que yo quería, comencé a volcarme al discurso artístico. Así que por allí pasa el nudo conflictivo vivencial que yo pongo para construir mi personaje.
– Meterte en esta mezcla del rol y lo personal, ¿genera cuestionamientos internos?
– No, es técnico, es técnica pura. Me tiene que generar emociones dentro del escenario, en los ensayos, lugares donde colocar la emoción. Es como un músico o un bailarín, que pone la emoción en el momento oportuno según el análisis que se haga de la obra. El material con que trabajo es ese, en mi caso.
– El encuentro con un actor con Alfredo, ¿significa un sostén, una responsabilidad?
– Sostén, porque es como jugar con Maradona, y en un texto tan emocional como éste, uno puede llegar a estar, algún día, un tanto despistado o fuera por algún motivo; trabajar con Alcón ayuda enseguida a meterte en la situación por la intensidad con la que trabaja.
Estar cerca de él, estar a la altura tanto suya, como de Miller o de Szuchmacher, un exigente director, estar con María Onetto, Luciano Cáceres, la familia de Willy Loman, el personaje de Alfredo, es un desafío.
Pero, más allá de estar con ellos, que es muy agradable, trato de que cada rol o todo lo que haga, me encuentre lo más metido posible. Siempre busco comprometerme con el proyecto, quererlo, y naturalmente, me sale poner todo…
EDUARDO ROUILLET
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