Las debilidades del modelo
En medio del nerviosismo en el que han entrado los mercados del mundo, la Argentina viene recibiendo muchos más sablazos que inyecciones de optimismo y de fe, como consecuencia de las flaquezas inherentes a su modelo económico.
Lo peor que hoy podría ocurrir es que el gobierno salga a minimizar el problema que vive el mercado local, con excusas que nieguen la crisis de plano o bien que la asimile alegremente a lo que le pasa al resto del mundo.
La volatilidad de los mercados globales, que arranca en la desconfianza hacia el Plan Bush y en la incertidumbre sobre si éste será o no el remedio que los EE. UU. necesitan para no entrar en recesión, está apuntando a la calidad y en esa lista, lamentablemente, hoy no está la Argentina. Por algo será.
A juzgar por el castigo extra que los mercados vienen haciendo sobre sus acciones y títulos públicos desde hace bastante tiempo, éste es el momento justo para reconocer que la crisis que se manifiesta hoy de modo financiero, como coletazo de la complicada situación internacional, le atañe en su virulencia local de modo muy directo al modelo económico, ya que el discurso oficial considera solamente sus fortalezas y no se hace cargo de ninguna de sus debilidades.
En este rubro, hay que computar la falta de inversiones como un dato de la realidad, preocupación central de los funcionarios que no pueden torcerla, ya que esa carencia está apalancada en el desprecio recurrente hacia cuestiones institucionales o en la creencia alegre de que se pueden hacer cosas diferentes, en relación con el mundo que funciona, sin que nadie pase la factura.
El aislamiento, el dirigismo, las amenazas al sector privado, la concentración de sectores, la falta de federalismo fiscal, la improvisación en materia energética o la manipulación del INDEC son sólo algunas de las asignaturas que el mundo sabe que la Argentina tiene pendientes y que está calificando -vía mercados- con un reprobado. Las autoridades tienen dos caminos: o se hacen cargo de esas debilidades con seriedad y explican que la situación presenta todavía fundamentos sólidos desde lo macroeconómico y prometen, sobre todo, que habrá señales destinadas a recorrer el camino inverso a estos dislates que hasta ahora se apañaban hasta con un dejo de sorna, o comenzarán a enredarse en explicaciones de ocasión que no serán creídas y que deteriorarán mucho más el panorama.
Está claro que para los que deciden adónde llevar sus ahorros no alcanza sólo con el superávit fiscal ni con el comercial, ni tampoco con las reservas. Es un buen momento, todavía, para torcer la historia.
HUGO GRIMALDI (*)
DyN
(*) Director periodístico de agencia DyN
En medio del nerviosismo en el que han entrado los mercados del mundo, la Argentina viene recibiendo muchos más sablazos que inyecciones de optimismo y de fe, como consecuencia de las flaquezas inherentes a su modelo económico.
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