George Orwell: Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo

Casi olvidado en los últimos, regresó a las librerías “Rebelión en la granja” en una nueva edición. La clásica novela que le dio más problemas que satisfacciones a su autor remarca con humor las miserias del autoritarismo stalinista.

“Rebelión en la granja”, un clásico de la literatura mundial del inglés George Orwell, ha sido reeditado en la Argentina por editorial Planeta, para deleite de las nuevas generaciones que tal vez desconocían esta breve novela, feroz crítica al autoritarismo y sobre la traición a las utopías, que también se puede leer como un cuento para adolescentes.

Orwell, troskista empedernido que combatió en la Guerra Civil Española, describió en “Rebelión en la granja” la parábola de la Unión Soviética, sin mencionar una sola vez una palabra que contuviese la menor alusión al régimen de Stalin, aunque en cada una de sus frases estaba implícita una crítica al régimen soviético.

El libro salió a la venta al término de la Segunda Guerra Mundial, un momento inoportuno para criticar a la Unión Soviética, aliada de los Estados Unidos e Inglaterra, vencedora del nazismo. Pero que Orwell publicara su libro cuando Stalin era uno de los “salvadores” de la humanidad confirmó la firmeza del autor en cuestión de ideales, pues no se dejó convencer por amigos, colegas y editores que le recomendaban guardar en algún cajón esa diatriba contra Moscú. Las críticas que le llovieron por “Rebelión en la granja” fueron en su mayoría injustas, pero tampoco pudieron derribarlo, aunque lograron desprestigiarlo ante los ojos de sus contemporáneos.

A diferencia de “1984”, novela donde el agobio, la delación y el control de la personalidad afloran a cada paso, “Rebelión en la granja” despierta la hilaridad, pese a que una lectura menos superficial anticipa las sombrías profecías sobre el stalinismo.

En la granja de Orwell los animales se rebelan contra los patrones, cansados de la explotación. Después de esa “revolución”, al principio son todos iguales, desde las gallinas a los caballos, pero la organización interna del nuevo sistema va imponiendo una burocracia interna, de la que se apoderan los cerdos. Los animales se dan su propio evangelio político: “Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo”, “Ningún animal usará ropas”, “Todos los animales son iguales”, son algunas de esos preceptos de uso interno. El viejo caballo, protagonista sustancial de la rebelión y ferviente revolucionario que pone todo su esfuerzo al servicio del nuevo sistema levantándose antes del alba para trabajar, terminará en una fábrica de chacinado, cuando ya es inservible para las tareas del campo.

Napoleón, uno de los cerdos, se convierte en el jefe máximo de la granja, rodeado de perros de afilados colmillos que se ocupan de los disidentes. La consigna sobre el “enemigo” que camina en dos pies y que acecha del otro lado de la cerca, permite mantener la cohesión y disimular las fallas de ese “socialismo” animal. Pero al final, a los animales se les derrumba la fe cuando a través de una ventana descubren a los cerdos caminando en dos patas, en torno de una mesa compartida con sus nuevos amigos, los patrones de las otras granjas.

Además de las críticas al stanilismo, el libro ofrece un mensaje perenne sobre las burocracias dominantes, la corrupción que engendra el poder, la furibunda diatriba contra el totalitarismo de cualquier especie y un lúcido examen de los desplazamientos y manipulaciones que sufre la verdad histórica en los momentos de transformación política, como acontece también en “1984”.

George Orwell nació en Montihari (India) en 1903. Cursó sus estudios en Eton y en 1922 ingresó en la Policía Imperial de Birmania. Posteriormente, sus experiencias de casi indigencia en París y después como vagabundo en Inglaterra le dieron el material para su primer libro, “Sin blanca en París y Londres”.

De su experiencia en las milicias del POUM de Barcelona durante la Guerra Civil Española surgió “Homenaje a Cataluña”. El POUM era un partido comunista de tendencia troskista que fue reprimido en el marco de los enfrentamientos dentro del campo republicano.

Fue aquel episodio, con “camaradas” fusilando “camaradas” que terminó con la fe de Orwell en poder regenerar el socialismo soviético. Durante la Segunda Guerra Mundial fue miembro de la Home Guard y colaboró en la BBC y en el periódico Tribune, porque entendió que el enemigo principal era el Tercer Reich. En 1945 apareció “Rebelión en la granja” y en 1949 su novela más famosa, “1984”. Orwell, que sigue siendo una mala palabra para los comunistas ortodoxos -aunque cada vez menos desde la caída del Muro de Berlín- murió en Londres en 1950. (DyN)

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De algún modo parecía como si la granja se hubiera enriquecido sin enriquecer a los animales mismos; exceptuando, naturalmente, los cerdos y los perros. Tal vez esto se debía en parte a que había tantos cerdos y tantos perros. No era que estos animales no trabajaban, a su manera. Existía, como Squealer nunca se cansaba de explicarles, un sin fin de labor en la supervisión y organización de la granja. Gran parte de este trabajo tenía características tales que los demás animales eran demasiado ignorantes para concebirlo. Por ejemplo Squealer les dijo que los cerdos tenían que realizar un esfuerzo enorme todos los días acerca de unas cosas misteriosas llamadas “legajos”, “informes”, “actas” y “memorándums”. Se trataba de largas hojas de papel que tenían que ser llenadas totalmente con escritura, y tan pronto estaban así cubiertas eran quemadas en el horno. Esto era de suma importancia para el bienestar de la granja, señaló Squealer. Pero de cualquier manera, ni los cerdos ni los perros producían algo comestible mediante su propio trabajo; y había muchos de ellos, y siempre tenían buen apetito.

En cuanto a los otros, su vida, por lo que ellos sabían, era lo que fue siempre. Generalmente tenían hambre, dormían sobre paja, bebían de la laguna, trabajaban en el campo; en invierno sufrían los efectos del frío y en verano de las moscas. A veces los más viejos entre ellos esforzaban sus turbias memorias y trataban de determinar si en los primeros días de la Rebelión, cuando la expulsión de Jones aún era reciente, las cosas fueron mejor o peor que ahora. No alcanzaban a recordar. No había con qué comparar su vida presente, no tenían en qué basarse exceptuando las listas de cifras de Squealer que, invariablemente, demostraban que todo mejoraba más y más. Los animales no encontraron solución al problema: de cualquier forma, tenían ahora poco tiempo para especular con estas cosas. Unicamente el viejo Benjamín manifestaba recordar cada detalle de su larga vida y saber que las cosas nunca fueron, ni podrían ser, mucho mejor o mucho peor; el hambre, la opresión y el desengaño eran, así dijo él, la ley inalterable de la vida.

Fragmento de “Rebelión en la granja”


“Rebelión en la granja”, un clásico de la literatura mundial del inglés George Orwell, ha sido reeditado en la Argentina por editorial Planeta, para deleite de las nuevas generaciones que tal vez desconocían esta breve novela, feroz crítica al autoritarismo y sobre la traición a las utopías, que también se puede leer como un cuento para adolescentes.

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