ANALISIS: Una «interna» a balazos
El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, quiere llevar la calma al sur de Irak mediante una ofensiva contra los «elementos que se encuentran fuera de la ley». Bajo la protección de fuerzas aéreas británicas, policías y soldados iraquíes confrontan con los milicianos del Ejército del Mahdi, la milicia del movimiento del joven clérigo chiíta Muktada al Sader.
Lo que públicamente se vende como un intento del Estado de eliminar a las acechantes milicias y recuperar el control de Basora resulta ser, al observar más de cerca, un nuevo episodio de lucha de poder entre partidos chiítas iraquíes. Cada partido no sólo tiene milicias que aseguran su poder, sino también clérigos religiosos que los apoyan.
El Ejército del Mahdi, cuyos miembros proceden sobre todo de los barrios pobres, es sólo uno de los varios grupos armados que se financian mediante la corrupción, el robo y la extorsión con rescates. Lo que le diferencia de otras milicias chiítas es sobre todo el hecho de que eventualmente también atacan a las tropas estadounidenses. «Cuando en algún lugar se comete un asesinato o se secuestra a un civil inocente se dice siempre que fue el Ejército del Mahdi», explicó un sunnita de Bagdad amenazado por las milicias chiítas. «Existen también otras milicias y criminales que participan en asesinatos y secuestros y que achacan sus crímenes al Ejército del Mahdi».
Los partidos chiítas que concurrieron conjuntamente a las elecciones parlamentarias de diciembre de 2005 como una Alianza Chiíta siguen ya desde hace tiempo caminos separados. Pero hasta ahora los representantes del Movimiento de Al Sader, el partido Dawa de Al Maliki, el Consejo Supremo Islámico de Irak (SICI) y el partido Fadhila, fuerte sobre todo en el sur del país, evitaron hablar públicamente de su sangrienta «lucha fraticida». Al fin y a cabo les une un único pasado: todos fueron perseguidos por el régimen del sunnita Saddam Hussein. Sin embargo, el partido de Al Sader rompió ese pacto de silencio.
Fuera del control de las fuerzas de seguridad y la administración provincial existe otro factor que desempeña un importante papel en la lucha de poder de los chiítas: el petróleo. En la sureña Basora y en la norteña Kirkuk, bajo influencia de partidos kurdos, se encuentran las grandes reservas de petróleo del país. Y Al Sader culpa a otros partidos chiítas de participar en el contrabando de petróleo. (DPA)
El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, quiere llevar la calma al sur de Irak mediante una ofensiva contra los "elementos que se encuentran fuera de la ley". Bajo la protección de fuerzas aéreas británicas, policías y soldados iraquíes confrontan con los milicianos del Ejército del Mahdi, la milicia del movimiento del joven clérigo chiíta Muktada al Sader.
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