Llegaron a la Patagonia para trabajar la tierra y terminaron cultivando el fruto seco estrella de la chocolatería

Carlos Aveggio llegó al Idevi con su familia en la década de 1970 y comenzó a producir tomates, papas y manzanas. Con los años, transformó su chacra y hoy dedica 10 hectáreas al cultivo de avellanas, el fruto seco estrella de la chocolatería, en el Valle de Viedma.

Por Auribel Zuarce

Carlos Aveggio diversificó la producción de su chacra y encontró en las avellanas una alternativa para seguir apostando al campo patagónico. Foto: Pablo Leguizamon.

Carlos Aveggio diversificó la producción de su chacra y encontró en las avellanas una alternativa para seguir apostando al campo patagónico. Foto: Pablo Leguizamon.

En el Valle de Viedma, la historia de muchas chacras está marcada por el esfuerzo de las familias que apostaron a producir en una tierra que comenzaba a desarrollarse. En una de ellas, la apuesta empezó con cultivos de papa y tomate, siguió con manzanas y encontró en las avellanas una alternativa para sostener la actividad y proyectarse hacia el futuro.

Carlos Aveggio tiene 69 años y conoce de cerca esa transformación, desde los 17 vive en el Idevi, donde su familia se instaló en la década del 70, cuando el proyecto de desarrollo productivo comenzaba a tomar forma.


La llegada al Valle de Viedma y los primeros cultivos


«En 1974 surge la posibilidad de que había un proyecto en el Idevi y mi padre se anotó como adjudicatario. Le tocó una chacra, se la adjudicaron y nos vinimos», recordó Aveggio.

Los primeros años estuvieron dedicados a la horticultura, la familia comenzó con papa, tomate y algo de zapallo, además de implantar manzanos, aunque por entonces no tenía experiencia en ese cultivo.

La producción se sostuvo hasta fines de la década de 1980, cuando cerró la procesadora Río Negro. Hasta entonces, el tomate constituía la principal actividad de la chacra, acompañado por una parte de la producción de manzanas.

Después de décadas de cambios, las avellanas se convirtieron en el principal cultivo de la chacra familiar en el Idevi Foto: Pablo Leguizamon.
Después de décadas de cambios, las avellanas se convirtieron en el principal cultivo de la chacra familiar en el Idevi Foto: Pablo Leguizamon.

El cierre de la planta obligó a buscar alternativas para aprovechar la superficie que había quedado destinada al tomate. Fue entonces cuando apareció una oportunidad que cambiaría el rumbo de la explotación: un plan del Idevi para impulsar la implantación de avellanos.


De una hectárea a un monte de avellanas


La propuesta del organismo consistía en entregar plantas a los productores con el compromiso de devolver, tres años después, la misma cantidad recibida. La familia Aveggio decidió sumarse y comenzó con una hectárea de avellanos.

Con el tiempo, el cultivo permitió ampliar la superficie sin depender exclusivamente de la compra de nuevas plantas.

«Como el avellano se puede multiplicar a partir de una planta, van saliendo hijuelos que se pueden convertir en nuevas plantas. A partir de ahí seguimos multiplicando y llegamos a las cuatro o cinco hectáreas», explicó.

La chacra también incorporó nogales y mantuvo parte de su superficie con manzanos. La producción se diversificó hasta cubrir las 15 hectáreas de la explotación.

Sin embargo, no todas las plantaciones tenían el mismo futuro. Las manzanas implantadas alrededor de 1975 correspondían a variedades Red Delicious que, con los cambios en las preferencias del mercado, comenzaron a perder competitividad.

Los manzanos fueron parte de los primeros cultivos de la familia Aveggio en el Valle de Viedma, antes de que las avellanas se convirtieran en la principal apuesta productiva. Foto: Pablo Leguizamon.
Los manzanos fueron parte de los primeros cultivos de la familia Aveggio en el Valle de Viedma, antes de que las avellanas se convirtieran en la principal apuesta productiva. Foto: Pablo Leguizamon.

«Eran variedades que ya no tenían mucho valor comercial porque la gente prefería manzanas con más color. Se seguían vendiendo, pero cada año costaba más», señaló.

En 2003 falleció su padre y, doce años después, Carlos decidió comenzar una nueva etapa. En 2015 inició el recambio de los manzanos más antiguos, mientras conservaba otros cuadros con variedades diferentes, como Red Chief, además de Chañar.

El proceso continuó hasta 2025, cuando resolvió arrancar las últimas plantaciones viejas y reemplazarlas por avellanos.

Actualmente, la distribución de la chacra refleja esa transformación: 10 hectáreas de avellanos, dos hectáreas de nogales y otras dos de manzanos. Una decisión que volvió a modificar el perfil productivo de la explotación, sin abandonar por completo los cultivos que acompañaron a la familia desde sus comienzos.


«Barcelona, la variedad que mejor se adapta al valle»


Entre los avellanos, la variedad Barcelona ocupa el lugar principal. Fue una de las recomendadas por el Idevi y, según la experiencia de Aveggio, «es la que mejor se adapta a las condiciones de la zona». También cultiva una parte de Tonda Romana.

El desarrollo del monte requiere paciencia, «las plantas comienzan a producir alrededor del séptimo año y alcanzan su máxima producción, en condiciones favorables, aproximadamente en el noveno», contó el productor.

La elección de las variedades también resulta fundamental para asegurar la polinización. La Barcelona es autoincompatible, por lo que necesita polen de otras variedades para producir frutos.

En la chacra, Aveggio utiliza una combinación de variedades polinizadoras, entre ellas, Segorbe.

El agua es otro factor determinante, la explotación utiliza riego por manto, un sistema que permite conducir el agua sobre la superficie del terreno.

«Es un cultivo que requiere mucha cantidad de agua, pero afortunadamente en el Valle tenemos buena disponibilidad, así que no es una limitante», explica.

La demanda aumenta especialmente durante enero y febrero, cuando las temperaturas elevadas pueden generar estrés en las plantas.

Las heladas, en cambio, representan una de las principales dificultades, como no cuenta con un sistema de control activo, el productor recurre a medidas preventivas para intentar reducir sus efectos.

«Tratamos de tener el lote limpio, con la tierra compactada y con humedad, para por lo menos mitigar bastante el daño», detalla.


Una cosecha manual y una producción que depende del clima


La recolección de las avellanas comienza a fines de febrero o principios de marzo y se extiende hasta completar la cosecha. Actualmente, todo el trabajo se realiza de manera manual, aunque Aveggio espera incorporar una máquina en el futuro para facilitar las tareas.

En un año favorable, la producción puede alcanzar unos 2.200 kilos por hectárea. Sin embargo, el resultado cambia de acuerdo con las condiciones climáticas y el estado de los frutos.

El productor cultiva principalmente la variedad Barcelona, que considera una de las mejor adaptadas a las condiciones del Valle de Viedma. Foto: Pablo Leguizamon.

Durante la campaña anterior, las heladas afectaron los rindes, que en algunos casos se ubicaron entre los 1.200 y los 1.500 kilos por hectárea.

El problema no siempre se advierte a simple vista, parte de los frutos cosechados puede estar vacío, sin la pepita en su interior. Esa fruta vana pierde valor comercial y reduce el rendimiento efectivo una vez realizada la clasificación.

La próxima cosecha también genera incertidumbre, durante agosto, cuando se produce la polinización, se registraron condiciones de mucha humedad, lluvias y poco viento.

Como el polen de los avellanos se transporta principalmente por el viento, esas condiciones pueden dificultar la polinización y repercutir en la producción.

«Estamos esperando la sorpresa en la cosecha. Por ahora no me animo a aventurar ningún resultado», reconoció.


Un precio más estable y distintos canales de venta


A diferencia de otros cultivos que atraviesan fuertes fluctuaciones comerciales, Aveggio considera que el precio de la avellana se ha mantenido relativamente estable a lo largo del tiempo.

El sector cuenta con una demanda vinculada a la industria alimentaria. Ferrero Rocher es una de las empresas que compra avellanas en el mercado, aunque el productor señala que, en su caso, eligió otro canal comercial.

La chacra vende avellanas peladas a dietéticas y mayoristas de Buenos Aires. Según explicó, el kilo de avellana pelada de primera calidad ronda los $24.500 (unos US$16, según la cotización vendedora del dólar del Banco Nación del 22 de octubre de 2026).

Las manzanas, por su parte, se destinan al mercado interno de Viedma, debido a que la superficie implantada es menor. Se comercializan por cajón de 18 kilos, con un precio aproximado de $14.000 (US$ 9).

En el caso de las nueces, la variedad Franquette forma parte de la producción. La nuez mariposa pelada alcanza los $15.000 por kilo (US$10), mientras que el rendimiento informado para el cultivo ronda los 4.000 kilos por hectárea.

La diversificación permite sostener distintas alternativas de venta y distribuir la producción entre mercados y productos con características diferentes.


Una vida ligada al crecimiento del Valle de Viedma


Después de más de cinco décadas en la colonia, Aveggio observa los cambios del Valle de Viedma desde la experiencia de quien acompañó distintas etapas de su desarrollo.

La chacra de la familia Aveggio cambió con los años: de los cultivos hortícolas y los manzanos a las avellanas y las nueces. Foto: Pablo Leguizamon.
La chacra de la familia Aveggio cambió con los años: de los cultivos hortícolas y los manzanos a las avellanas y las nueces. Foto: Pablo Leguizamon.

Llegó siendo adolescente, cuando muchas de las posibilidades productivas todavía estaban por construirse. Desde entonces, vio cómo las chacras fueron incorporando cultivos, modificando sus esquemas de producción y buscando alternativas frente a las dificultades económicas y comerciales.

«Lo veo bien al Idevi, lo veo que va creciendo. Se ven muchas chacras ya trabajadas, cosas que antes no se veían. De a poco creo que va creciendo y se va sosteniendo la producción», afirmó.


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En el Valle de Viedma, la historia de muchas chacras está marcada por el esfuerzo de las familias que apostaron a producir en una tierra que comenzaba a desarrollarse. En una de ellas, la apuesta empezó con cultivos de papa y tomate, siguió con manzanas y encontró en las avellanas una alternativa para sostener la actividad y proyectarse hacia el futuro.

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