Plata dulce

Redacción

Por Redacción

Hay diversas maneras de ganar dinero fácil. Muchas de ellas legalmente aceptadas, por supuesto, y otras… no tanto.

Nuestro país exhibe una agenda rica de momentos precisos en los cuales fue posible obtener suculentas y rápidas ganancias a poco que se supieran leer correctamente las entrelíneas de la política económica de turno, del mismo modo que pudieron sufrirse pérdidas portentosas si el cimbronazo nos pescaba con la info cambiada.

Hasta el cine se ha encargado de reflejar jornadas emblemáticas de nuestra larga historia de colapsos financieros, que siempre terminan con los criollos piolas parados en la cresta de la ola y los ciudadanos rasos (tontos casi por definición) perdiendo sus ahorros, porque el tsunami de la imprevisión los pasa por encima una y otra vez, recurrentemente, dejándolos en cueros… y a los gritos.

Hablo de apostar al dólar, de timbear en la bolsa, de comprar bonos emitidos por el Estado, de armar un plazo fijo, de corralones y de corralitos.

Sería largo discurrir sobre estos temas en un espacio tan breve, pero valga este introito para decir lo siguiente: de tanto y tanto caernos y levantarnos a medias, hemos ido desarrollando un individualismo antisocial, asolidario, especulador y ruin; me salvo yo, y el resto…

Esta característica, puesta en el terreno de lo estrictamente económico, ha significado ni más ni menos que la instalación, con fuerza, de una actividad casi tan antigua como el hombre mismo pero que opera en la actualidad con descarnada virulencia, provocando atraso, pesares y «traumatismos» varios en proporciones a menudo criminales.

Me estoy refiriendo, amigos, a la usura.

El usurero, muchas veces elevado a la categoría de pícaro, del que «la supo hacer bien», es el que presta dinero cuando se agotaron otras fuentes de financiación, y lo hace aprovechando un claro estado de necesidad, ligereza o inexperiencia del sujeto pasivo (o sea, el que recibe el préstamo) para obtener así ventajas pecuniarias evidentemente desproporcionadas frente a lo que prestó o bien para hacerse otorgar garantías de carácter extorsivo, para ponernos en sintonía con lo que establece el artículo 175 bis del Código Penal.

Es decir: se genera una «acción de aprovechamiento», fruto de la necesidad de uno frente al olfato agudo del otro, conocedor del terreno, que no despliega conductas proactivas pero que está al acecho, presto para abusar de su víctima cuando ésta se le acerque, necesitada.

Generalmente esto último suele no entenderse muy bien, pero que quede claro: el que despliega actividad es el sujeto pasivo, el necesitado.

El prestamista, por su parte, no necesita forzar la situación porque se le presenta por sí sola, casi se le ofrece, y a partir de ese momento empieza a configurarse el aprovechamiento sancionado por el Código Penal, obteniendo una ventaja exagerada y ciertamente desproporcionada, que es la que permite comenzar a delinear la conducta típica de este ilícito, no siempre investigado a fondo por la Justicia penal, lamentablemente.

La víctima de este delito puede ir en procura de una solución justa y equitativa que restrinja -por ejemplo- la inmoralidad de tasas de interés usurarias a lo que resulte compatible con la moral y las buenas costumbres (artículos 21, 953 y 1167 del Código Civil), permitiendo demandar, inclusive, la nulidad o la modificación de actos jurídicos ya celebrados cuando surja en medio de ellos una ventaja patrimonial evidentemente desproporcionada y sin justificación (artículo 954 del Código Civil).

Es casi una obviedad decir que los malos momentos económicos favorecen la aparición de esta miserable actividad que, a juicio de Aftalión («Incriminación penal de la usura», LL, Tº 92), «…no sólo abusa de una apremiante necesidad ajena sino que termina convirtiéndose en dañina para los individuos y la colectividad toda, poniendo de relieve, en quienes la practican, una total ausencia del sentido de solidaridad y una manifiesta peligrosidad criminal».

Nadie puede negar el efecto antisocial de la usura, en tanto generadora de resentimientos; humillante tanto en el aspecto moral como en el económico y provocadora de efectos colaterales a menudo trágicos.

Es de desear que las condiciones socioeconómicas del país mejoren sustancialmente en los próximos años. Caso contrario esta lacra, una de las abanderadas de la miseria humana, seguirá sosteniendo con vida la injusticia.

MARIO ÁLVAREZ (*)

Especial para «Río Negro»

(*) Abogado

MARIO ÁLVAREZ


Hay diversas maneras de ganar dinero fácil. Muchas de ellas legalmente aceptadas, por supuesto, y otras... no tanto.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora