Maniobra inútil
Sería más coherente adelantar los comicios.
No todos los integrantes del ala política del gobierno delarruista están sumidos en el pesimismo. Por el contrario, algunos parecen sentirse tan esperanzados que creen que les convendría aplazar un mes las elecciones fijadas para el 14 de octubre, con el propósito de darle a la ciudadanía más tiempo en qué disfrutar de los beneficios de la gestión económica oficial. A juicio del titular de la Cámara de Diputados, Rafael Pascual, y algunos senadores, las medidas instrumentadas por el «superministro»Domingo Cavallo comenzarán a producir frutos apetecibles en la parte final del año, de suerte que les resultaría provechoso postergar la fecha de las elecciones para que coincida no sólo con la eventual recuperación de los índices, sino también con el inicio de una fase signada por el optimismo. Aunque los cálculos de estos radicales se hayan basado en algo más que sus propios deseos -en circunstancias normales, sería razonable esperar que después de una larga recesión el país experimentara un repunte notable-, no pueden ignorar que, tal como están las cosas, un mes más de campaña podría costarles muy pero muy caro porque, como virtualmente todos concuerdan, además de un ciclo económico desafortunado, se trata de un proceso de deterioro político que andando el tiempo tiende a intensificarse.
Por eso, sería más coherente por parte de los simpatizantes del gobierno insistir en que al país le convendría más que los comicios fueran adelantados con el propósito de atenuar la incertidumbre ocasionada por la conciencia de que los votantes podrían aprovechar la oportunidad que brindarán para modificar drásticamente el mapa político, castigando a los radicales y frepasistas por su incapacidad para cumplir con sus promesas y, se supone, premiando a los peronistas por su actitud constructiva y a los cavallistas por los esfuerzos vigorosos y casi solitarios de su jefe.
Asimismo, a pesar de que hasta ahora no se haya conformado ningún movimiento netamente antidemocrático, es de prever que en los meses que nos separan de las elecciones individuos ambiciosos como el gobernador bonaerense Carlos Ruckauf hagan cuanto puedan para convencer a la ciudadanía de que la gestión del presidente Fernando de la Rúa ha resultado ser tan terriblemente mala que no debería ser tolerada un día más, creando de esta manera un clima en el que con toda seguridad prosperarían grupos de violentos resueltos a «luchar» contra el statu quo cortando caminos y extorsionando a supermercadistas. Si bien las elecciones no necesariamente servirían para desbaratar los proyectos cuasi golpistas de quienes hablan como Ruckauf y el sindicalista Hugo Moyano y no hay motivos para creer que su cercanía haya incidido en la actitud de los activistas más beligerantes, siempre y cuando los resultados no sean tan negativos como temen los radicales más deprimidos, los deseosos de hacer caer al gobierno enseguida entenderán que les convendría esperar algunos meses antes de reanudar su ofensiva.
Los políticos distan de ser los únicos que sientan interés por las próximas elecciones. Aún más preocupados que los operadores partidarios que sospechan que los resultados podrían serles amargos, están «los mercados» y, obvio es decirlo, los muchos ciudadanos cuyo estado de ánimo ha sido afectado por la histeria que se ha apoderado de tantos dirigentes y que esperan que éstos se tranquilicen una vez que haya terminado la campaña proselitista. En efecto, es de suponer que muchos empresarios, además de aquellos inversores que podrían estar pensando en comprar títulos argentinos, han decidido esperar hasta la segunda mitad de octubre antes de comprometerse, opción que los políticos se han encargado de alentar pronosticando una situación poselectoral extraordinariamente delicada. Así, pues, mientras que desde el punto de vista de un político atrasar las elecciones sería una jugada arriesgada que bien podría resultarle contraproducente, desde la óptica de «los mercados» no cabe duda alguna de que sería ventajoso adelantarlas. Puesto que en la actualidad la mayoría está más interesada en la evolución de la economía que en la conformación precisa de las diversas bancadas parlamentarias, los estrategas oficiales podrían obtener el agradecimiento del electorado manifestándose en favor de una campaña que sea mucho más corta que la programada.
No todos los integrantes del ala política del gobierno delarruista están sumidos en el pesimismo. Por el contrario, algunos parecen sentirse tan esperanzados que creen que les convendría aplazar un mes las elecciones fijadas para el 14 de octubre, con el propósito de darle a la ciudadanía más tiempo en qué disfrutar de los beneficios de la gestión económica oficial. A juicio del titular de la Cámara de Diputados, Rafael Pascual, y algunos senadores, las medidas instrumentadas por el "superministro"Domingo Cavallo comenzarán a producir frutos apetecibles en la parte final del año, de suerte que les resultaría provechoso postergar la fecha de las elecciones para que coincida no sólo con la eventual recuperación de los índices, sino también con el inicio de una fase signada por el optimismo. Aunque los cálculos de estos radicales se hayan basado en algo más que sus propios deseos -en circunstancias normales, sería razonable esperar que después de una larga recesión el país experimentara un repunte notable-, no pueden ignorar que, tal como están las cosas, un mes más de campaña podría costarles muy pero muy caro porque, como virtualmente todos concuerdan, además de un ciclo económico desafortunado, se trata de un proceso de deterioro político que andando el tiempo tiende a intensificarse.
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