Del cardenal amarillo al choique: las caras del tráfico de fauna en la Patagonia y un delito difícil de controlar
La captura de especies amenazadas y la comercialización de carne, plumas y otros productos forman parte del tráfico ilegal de fauna silvestre. La falta de datos unificados dificulta conocer su alcance. Los especialistas advierten sobre la necesidad de fortalecer los controles y endurecer las sanciones.
El cardenal amarillo es una de las aves en peligro de extinción, que es blanco del tráfico ilegal por su plumaje llamativo y su canto.
La captura de un cardenal amarillo, la caza de un guanaco o la comercialización de plumas de un choique hoy son parte de un mismo problema: el tráfico ilegal de fauna silvestre en la Patagonia. Para Hernán Ibáñez, integrante de la Fundación Azara y especialista con una extensa trayectoria en el control del tráfico, conocer el alcance de esta práctica es un desafío pendiente.
“En principio Argentina tiene un problema con los datos y es una falencia. Los que hay son sectorizados, no hay datos generales”, explicó. La información se encuentra dispersa entre las direcciones de fauna provinciales, las policías locales, las fuerzas federales y los cuerpos de guardaparques, tanto provinciales como nacionales.
Al no existir una compilación conjunta de esa información, resulta difícil construir un diagnóstico integral que permita conocer dónde se producen los hechos, qué especies están involucradas y cuáles son las modalidades más frecuentes.
En la Patagonia, una de las preocupaciones mencionadas por Ibáñez es la situación del cardenal amarillo, un ave amenazada de extinción que es objeto de captura y comercialización. En el norte de Río Negro la especie forma parte de la fauna local y está expuesta al comercio ilegal.
“Sabemos que el Cardenal Amarillo es una especie que se encuentra amenazada de extinción y que a medida que van quedando menos ejemplares, las especies van subiendo costo. Entonces los traficantes tratan de tenerla. Así pasa en todo el mundo con especies que están amenazadas”, explicó.
Sin embargo, tal como se plantea en su reciente guía sobre la detección del tráfico de fauna en aeropuertos, el especialista advirtió que el análisis de la fauna patagónica no debe limitarse a los animales que se venden vivos. También es necesario observar la comercialización de productos y subproductos obtenidos de la caza, una dimensión que puede pasar inadvertida tanto en los controles como en la percepción de la sociedad.
Así, el guanaco resulta ser otra de las especies que requiere atención. Su carne y su fibra tienen valor comercial. «La realidad es que cuando se autorizan la caza y la faena, tenés que tener un sistema de fiscalización importante y eso no está sucediendo», expuso Ibañez. «No sabes que pasa con esa carne», agregó.
A la vez, el especialista advirtió que los mercados ilegales son dinámicos y responden a distintos factores, como la demanda internacional, las modas vinculadas con determinadas especies y las condiciones económicas. Estos cambios pueden modificar el interés comercial sobre la fauna y dar lugar a nuevas formas de tráfico y comercialización.
Ibáñez consideró que los diagnósticos deben contemplar no solo qué especies están involucradas, sino también las dinámicas del mercado que sostienen y transforman este negocio ilegal.
El integrante de Azara insistió en que el tráfico ilegal de fauna debe abordarse como un delito complejo. Actualmente, en Argentina, la Ley Nacional N.º 22.421, de Conservación de la Fauna Silvestre, constituye el principal marco normativo específico para la protección de la fauna silvestre y contempla sanciones penales. El especialista considera que las penas previstas son insuficientes y que deberían endurecerse.
“Hay que entender que el tráfico de vida silvestre es un delito complejo. No es un delito común”, planteó y explicó que se debe a que la cadena puede involucrar a quienes capturan animales vivos, a quienes los transportan y a quienes buscan introducirlos en el mercado.
Para Ibáñez, la necesidad de mejorar las herramientas de investigación va más allá de los aeropuertos. “Lo que necesitaríamos modificar en Argentina es los artículos penales de la Ley Nacional de Fauna y subir las penas”, sostuvo.
Por eso, esta complejidad también aparece en los métodos de ocultamiento. En la guía aeroportuaria que elaboró junto con Aníbal Onetto, Ibáñez reunió conocimientos acumulados durante años de trabajo para ofrecer herramientas prácticas al personal que realiza controles.
El problema suele asociarse con la captura y venta de aves u otros animales vivos, pero el comercio de productos derivados también es parte. “La gente cree que solo son los animales vivos”, advirtió.

La compra de carne, plumas u otros productos de origen silvestre puede contribuir a sostener circuitos ilegales. Por eso, además de reforzar los controles institucionales, Ibáñez planteó la importancia de que la población pueda reconocer estas situaciones, denunciarlas y prestar atención a la procedencia de lo que consume.
«La realidad es que es patrimonio de todos, lo que se va y sale de argentina. Cuando sacan un animal de su hábitat, deja de cumplir su función y aparte puede entrar en una categoría de amenaza continua. Además, estamos permitiendo que salga de nuestro país material genético puro que es algo incalculable», expuso.
Es por esto que para Ibáñez la conservación no depende exclusivamente de los organismos de control ni de los especialistas. También requiere la participación de quienes conviven cotidianamente con las especies y conocen el territorio donde se producen las capturas. “Ellos son los que están todos los días y conviven con la fauna, son ellos los guardianes”, expresó.
La falta de estadísticas integradas, las dificultades para controlar los circuitos comerciales y la presión sobre especies amenazadas muestran que el desafío no consiste solamente en detectar animales transportados de manera irregular. También implica conocer las dinámicas que sostienen el negocio, fortalecer las herramientas de investigación y evitar que la falta de controles se confunda con la ausencia de delito.
En la Patagonia, la fauna silvestre forma parte del patrimonio natural y de la vida cotidiana de muchas personas. Por eso, la prevención requiere tanto la acción de los organismos de control como la participación de una sociedad capaz de reconocer el valor de las especies que conviven con ella.
La captura de un cardenal amarillo, la caza de un guanaco o la comercialización de plumas de un choique hoy son parte de un mismo problema: el tráfico ilegal de fauna silvestre en la Patagonia. Para Hernán Ibáñez, integrante de la Fundación Azara y especialista con una extensa trayectoria en el control del tráfico, conocer el alcance de esta práctica es un desafío pendiente.
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