ENTREVISTA A CARLA CASTRO, JEFA DE DERMATOLOGÍA INFANTIL DEL HOSPITAL AUSTRAL: «La piel es el órgano con mayor expresión»

La especialista dice que hay una tendencia a que surjan más problemas con los lunares a edades más tempranas. El estrés y sus consecuencias.

-La intensidad y la presión con las que mayormente se vive en las grandes ciudades, ¿terminan provocando problemas en la piel?

-La competencia es lo que crea el estado de situación actual. Hoy los chicos están preocupados por cuestiones que cuando yo era chiquita a mí no me preocupaban. Con esto se ve un aumento en el índice de enfermedades, incluidas las de la piel, que son una repercusión directa de situación conflictivas diarias, familiares o escolares.

-¿Por ejemplo?

-Muchas veces influyen la separación de los padres o las situaciones conflictivas en los colegios, donde se dan algunos grupos o líderes que maltratan a chicos más tranquilos. Esto se ve reflejado en todas las especialidades y en dermatología también. En ese sentido, aumentaron mucho las consultas.

-¿Cómo se manifiesta esto generalmente en la piel?

-Por lo general son enfermedades que se denominan «psicosomáticas», dentro de las cuales la piel tiene un número importante como los eccemas (similar a una alergia), el vitíligo (manchas blancas), la psoriasis o alteraciones en el pelo. La gente está más alterada, con menos tiempo de distensión y tranquilidad…

-¿Qué cambió en los más chicos?

-Si uno considera las horas de juego en una criatura, han disminuido notablemente. Sobre todo en las grandes ciudades, los chicos van al colegio desde las siete y media de la mañana hasta las cinco de la tarde y de ahí se van a hockey, rugby, tenis, francés o inglés. Este tipo de cosas les crea a ellos un índice de competencia y de sobrecarga de tareas que no les permite dedicarle las horas que necesitan al juego. Y a los adultos nos pasa de otra manera pero es algo similar.

-Las actuales generaciones de chicos comienzan con obligaciones a edades más tempranas.

-Sí, cuando deberían estar jugando están aprendiendo cosas que son útiles pero que le restan tiempo al juego, que es el método de aprendizaje más importante que tenemos en el infante. Aunque aún no están preparados, se enfrentan a muchas obligaciones. A medida que van pasando los años, las personas van cambiando la necesidad de sueño. El bebé duerme casi todo el día y a los mayores, sobre todo a los ancianos, generalmente les cuesta dormir. A nivel recreativo sucede lo mismo, en la infancia debería ser mayor el tiempo para ir haciendo el traspaso gradual a asumir más responsabilidades.

-Y eso se manifiesta en distintos órganos.

-Sí, y la piel es la expresión más suprema, muestra todo lo que te pasa. Si estás cansando, te ves ojeroso o pálido… desde eso simple y cotidiano hasta las enfermedades específicas y puntuales, a las que además hay que estar predispuesto, porque no cualquiera tiene vitíligo, psoriasis o eccema. Luego hay situaciones como el estrés que funcionan como gatillo en la persona que ya tiene una predisposición. La caída de pelo es otro tema; se cae masivamente o en redondeles. Algo que parece cotidiano y tal vez no se le da mucha importancia es que los chicos se comen las uñas permanentemente.

-¿Eso qué significa?

-Tiene que ver con el nivel de ansiedad. Los chicos están ansiosos por una circunstancia familiar o escolar y funciona como un mecanismo de escape. Incluso otra enfermedad parecida es arrancarse los pelos de la cabeza, que se llama tricotilomanía. Están estudiando o mirando la tele y se enroscan el pelo entre los dedos y se lo van tironeando hasta que se les sale. En los adultos se ve más en la psoriasis y en los eccemas. Es muy típico que una persona que psoriasis se vaya de vacaciones y tenga bien la piel. No es que no la tengan más, lo que cambió es la circunstancia que hace que la enfermedad se manifieste o no. Dicen que los ojos son el espejo del alma pero la realidad es que la piel es nuestro órgano de mayor expresión.

-Una característica diferenciadora es que se ve.

-Claro. Al que le sube la presión, lo ves por la calle y no te das cuenta. En cambio, si te da vergüenza te ponés colorado.

-La piel advierte que algo no está funcionando bien.

-Exactamente, más de una vez te pasa. Dentro de una consulta por una afección puntual, detrás se encuentran problemas más serios. Es como la punta del hilo y cuando empezás a ahondar en la circunstancia que la originó ahí aparece el conflicto. Por eso muchas veces el dermatólogo necesita un trabajo interdisciplinario para poder manejar estas patologías. No es exclusivamente un tratamiento para la piel sino que a veces hay que resolver la cuestión de fondo.

-¿Con qué especialistas trabajan de modo interdisciplinario?

-En general en pediatría uno se maneja con el pediatra y después puede ser con un psicólogo, un endocrinólogo, un nutricionista, un cardiólogo… depende del caso. El tema es comenzar a desovillar el problema.

-¿Qué cosas suelen estar detrás?

-Algo que estoy viendo, que tal vez sea materia de algún sociólogo que trabaje en el tema, es el surgimiento de líderes complicados en los colegios que deciden quién va a un cumpleaños y quién no. En mi jerga los llamo «líderes tiranos», que son chicos que generan una situación de angustia en sus pares y son muy difíciles de manejar porque quizá no ejercen una violencia física pero sí emocional. Hace unos años venía un chico con alopecia areata y la causa era que había nacido un hermanito, se habían mudado o había perdido a un ser querido. Ahora encuentro mucha dificultad de vínculo con los grupos y he visto que por eso tienen la necesidad de cambiar de colegio, observando que luego el problema se resuelve.

-¿Hay una tendencia a considerar más la influencia de lo emocional?

-Cada vez se considera más al individuo como ser único que funciona como un todo, donde si una pieza está alterada el desequilibrio puede aparecer por cualquier sitio. Los médicos dividimos el cuerpo humano para poder especializarnos en la patología que se manifiesta en cada parte pero somos conscientes de que, en mi caso, la piel que es mi órgano de estudio reviste a un individuo que tiene corazón, pulmones, riñones, músculos, huesos, cerebro… Y la piel muchas veces es la primera expresión de una enfermedad de otro órgano. En ese aspecto, la piel es el órgano estrella. El desafío está en saber a qué se está asociando ese problema.

-Además de haber aumentado la cantidad de consultas en estos aspectos, ¿se modificó la complejidad para abordar una solución?

-Hay más cantidad de chicos afectados y a su vez aumentó también la severidad con la que se presentan. La consulta es más compleja y difícil de manejar. Hay una tendencia a tener más problemas con los lunares desde más joven. La vida al aire libre genera que los chicos tengan una exposición solar prolongada durante todo el año y desde que son bebés, por lo general. Entonces hay que controlar los lunares desde más cerca, a edades más tempranas e incluso a tener que extirpar lunares con modificaciones o encontrar melanoma, que es el tumor maligno más temido en la piel.

-¿Cómo se enfrenta esta situación?

-Resulta que hay gente que cree que el protector solar hay que usarlo nada más cuando se va a una pileta y no es así. El sol al que se expone una persona durante todo el día es igual de dañino que el sol que está al lado de la pileta. Hay que educar a los pacientes, explicarles que el protector solar es para usarlo todos los días, vaya o no al mar. Siempre que uno se exponga al sol debe usar protector, gorros o remeras. El sol además está más agresivo, con mayor radiación que años atrás.

-La sociedad, con sus pretensiones estéticas, no suele ayudar.

-«No voy a usar el protector porque no me voy a tostar nada», ése es el comentario típico. Pero hay que modificar un poco eso de que si no se está tostado o negro carbón uno no es sanito o parece enfermo. Es otro tema difícil de erradicar. Lo ideal, por ejemplo, es que si uno va a jugar al tenis se ponga protector media hora antes de jugar. Si el chico va a estar todo el día al aire libre y expuesto, que se ponga protector antes de salir de su casa. Obvio que si vas a salir cinco minutos a la esquina no es necesario, ¿no?

 

La elegida 

Carla Castro es jefa de Dermatología Pediátrica del Hospital Austral y ex jefa de Residentes del Hospital Garrahan.

Se recibió con diploma de honor en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde trabajó como docente, tarea que actualmente desempeña en la Universidad Austral, en Buenos Aires, como jefa de Trabajos Prácticos de la cátedra de Dermato- logía.

Participó en decenas de congresos sobre dermatología a nivel nacional e internacional y recibió numerosas distinciones y premios, como el Certificate of Recognition Award in Pediatric and Neonatal Dermatology en el 21º World Congress of Dermatology.

Fue primera mención en trabajos de investigación en dermatología en el 4º Congreso Latinoamericano de Dermatología Pediátrica, que se desarrolló en Buenos Aires en el 2006, y obtuvo el primer premio en el Forum de Dermatólogos Jóvenes del 4º Congreso Argentino de Dermatología Pediátrica en el 2005.

 

JUAN IGNACIO PEREYRA  

JUAN IGNACIO PEREYRA


-La intensidad y la presión con las que mayormente se vive en las grandes ciudades, ¿terminan provocando problemas en la piel?

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