“Les dio otra lección de grandeza”
Mujer, con todos los atributos de la femineidad y del mando. Mujer que manda porque, desde Julio A. Roca hasta acá, todos los presidentes mandaron. Y pensaron. Cristina, la odiada por un medio pelo que durante el 2010 empezará a olvidarse de su odio y terminará votándola o votándolo en el 2011, piensa. Piensa, es hermosa y no se arredra ante las hordas “institucionalistas”. ¿Algo más para que la sinrazón domine a los de enfrente? Sí, hay algo más. Les dice en la cara que va a gobernar con todos los atributos que la Constitución le confiere. Y gobernar hoy, en la coyuntura, significa, entre otras cosas, pagar una deuda que este gobierno no contrajo con dinero que este gobierno sí supo acumular. Y se los dice en la cara. Puñalada trapera eso de agarrárselas con una economista de la talla de Marcó del Pont que ya durante el menemato enseñaba, en línea con Aldo Ferrer, cómo era eso de “vivir con lo nuestro”. Se lo había contado su abuelo Rogelio, claro. Contra esta escuela se tiran hoy los que ayer no tuvieron una sola idea fuerza para hacerle un favor a este país y detener su destrucción. Y contra el modelo económico en marcha se tiran, que no muestra una sola fisura grave en términos de futuro y que no exhibe un solo índice macro que permita creerles las catástrofes que anuncian a diario. Mientras tanto, Cristina boga. Y elude los palos, uno a uno. “Doméstica” viene de “domo”, griego, “domus”, latín, casa, hogar. Pero el significante denota lo que advirtió Cristina: domar, como a los caballos, como a los animales. Empleada doméstica es la empleada a la que se domestica para que nos limpie la mugre. Eso es. Eso es en el imaginario del común. Basta ya, ha dicho Cristina. Y, como para que todo no quede sólo en palabras y en etimologías, la ley. Sí, la Ley de Contrato de Trabajo. Basta de régimen especial para las mujeres que se ganan la vida ordenando y limpiando casas ajenas. Ellas no son haftlings con librea. Son trabajadoras. El “decreto-ley” de la fusiladota –nunca cuestionado por radical alguno de estos que andan sueltos hoy–, la orden dictatorial numerada 326/56, queda derogada, ha dicho Cristina, la presidenta de la Nación argentina. Y es grave que no hayan reparado en que no tienen autoridad moral para cuestionar ningún “deeneú”; legales de toda legalidad, además. Callaron frente a todas las dictaduras. Cristina, intelectual y bella, les dio otra lección de grandeza que ellos jamás se animarían a impartir: aquel que pone el cuerpo, su propio cuerpo, y se juega el pellejo, el suyo propio, para defender aquello que piensa… a ese, al Che Guevara, desde el podio de la presidencia de la Nación, ¡chapó! ¿A quién entregaremos el país en 2011? Juan Chaneton, DNI 4.622.487 Buenos Aires
Mujer, con todos los atributos de la femineidad y del mando. Mujer que manda porque, desde Julio A. Roca hasta acá, todos los presidentes mandaron. Y pensaron. Cristina, la odiada por un medio pelo que durante el 2010 empezará a olvidarse de su odio y terminará votándola o votándolo en el 2011, piensa. Piensa, es hermosa y no se arredra ante las hordas “institucionalistas”. ¿Algo más para que la sinrazón domine a los de enfrente? Sí, hay algo más. Les dice en la cara que va a gobernar con todos los atributos que la Constitución le confiere. Y gobernar hoy, en la coyuntura, significa, entre otras cosas, pagar una deuda que este gobierno no contrajo con dinero que este gobierno sí supo acumular. Y se los dice en la cara. Puñalada trapera eso de agarrárselas con una economista de la talla de Marcó del Pont que ya durante el menemato enseñaba, en línea con Aldo Ferrer, cómo era eso de “vivir con lo nuestro”. Se lo había contado su abuelo Rogelio, claro. Contra esta escuela se tiran hoy los que ayer no tuvieron una sola idea fuerza para hacerle un favor a este país y detener su destrucción. Y contra el modelo económico en marcha se tiran, que no muestra una sola fisura grave en términos de futuro y que no exhibe un solo índice macro que permita creerles las catástrofes que anuncian a diario. Mientras tanto, Cristina boga. Y elude los palos, uno a uno. “Doméstica” viene de “domo”, griego, “domus”, latín, casa, hogar. Pero el significante denota lo que advirtió Cristina: domar, como a los caballos, como a los animales. Empleada doméstica es la empleada a la que se domestica para que nos limpie la mugre. Eso es. Eso es en el imaginario del común. Basta ya, ha dicho Cristina. Y, como para que todo no quede sólo en palabras y en etimologías, la ley. Sí, la Ley de Contrato de Trabajo. Basta de régimen especial para las mujeres que se ganan la vida ordenando y limpiando casas ajenas. Ellas no son haftlings con librea. Son trabajadoras. El “decreto-ley” de la fusiladota –nunca cuestionado por radical alguno de estos que andan sueltos hoy–, la orden dictatorial numerada 326/56, queda derogada, ha dicho Cristina, la presidenta de la Nación argentina. Y es grave que no hayan reparado en que no tienen autoridad moral para cuestionar ningún “deeneú”; legales de toda legalidad, además. Callaron frente a todas las dictaduras. Cristina, intelectual y bella, les dio otra lección de grandeza que ellos jamás se animarían a impartir: aquel que pone el cuerpo, su propio cuerpo, y se juega el pellejo, el suyo propio, para defender aquello que piensa… a ese, al Che Guevara, desde el podio de la presidencia de la Nación, ¡chapó! ¿A quién entregaremos el país en 2011? Juan Chaneton, DNI 4.622.487 Buenos Aires
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