Inédita «desextinción» de lobos gigantes: qué implica, miradas críticas desde Río Negro

Científicos en Estados Unidos lograron recrear al lobo de la serie “Game of Thrones” que desapareció de la faz de la Tierra hace 10.000 años. ¿Qué opinan biólogos de la región?.

“No es una clonación, sino un proceso de edición genómica en la que se modificó el genoma de la especie moderna para que se parezca a la del lobo extinto”, aclara Eduardo Zattara, director del Departamento de Biología de la Universidad Nacional del Comahue, coordinador de la Licenciatura en Biología e investigador en Inibioma (Conicet/UNCo). 

Una clonación significaría haber reemplazado el genoma completo del lobo moderno por el genoma del lobo extinto y eso no fue lo que sucedió en este caso.

De esta manera, el biólogo barilochense se refiere al caso de los científicos estadounidenses que presuntamente “revivieron” a los lobos gigantes, una especie extinta hace más de 10.000 años. Los tres nuevos ejemplares se llaman Rómulo, Remo y Khaleesi y pertenecen a la empresa “Colossal Biosciences”, emprendimiento privado que estuvo a cargo de la tarea. 

Figurativamente se dice que estos lobos -iguales a los de la serie GOT- “volvieron a la vida”, pero la realidad es que no se trató de un milagro, sino de una técnica de laboratorio de avanzada mediante la cual se realiza una manipulación genética y se engendra un ejemplar muy similar a uno ya desaparecido del planeta. 

En este caso el resultado de ese procedimiento fueron dos machos de seis meses y una hembra de dos meses. Tienen un pelaje denso y pálido. La empresa los mantiene en una instalación privada, en un lugar incógnito. 

Un debate se abre en la comunidad científica y en el seno de la sociedad: ¿Es ético? ¿Hay riesgos? ¿Qué implica esta manipulación?. Diario RÍO NEGRO consultó a dos biólogos de distintas instituciones para acercar respuestas a los interrogantes. 

“Uno de los problemas o polémicas que causa este tipo de investigaciones o de inversiones, porque es mucho dinero el que se invierte en esto, tiene que ver con que en realidad no le aporta nada a la conservación”, dijo Eduardo Zattara.

“No hay ninguna ventaja hacia las especies actuales en el hecho de invertir en desextinguir especies que ya se extinguieron”.

Eduardo Zattara, director del Departamento de Biología de la UNCo.

Para el director de la carrera en Bariloche, el mensaje es “contraproducente”, ya que “si la gente tiene la sensación de que la extinción es reversible y que todo lo podemos arreglar con tecnología, van a preocuparse menos por el riesgo real de detener las extinciones que vienen, que hubo y las que se vendrán”.

Por otro lado, el biólogo dijo que al no ser un grupo de investigación científica público sino privado, persiguen intereses comerciales y no tienen la obligación de compartir con la comunidad científica los avances teóricos y técnicos que hayan hecho durante este desarrollo.

“Es un tema controvertido”, opina Ilaria Agostini, bióloga e investigadora de Conicet en Bariloche, quien trabaja en el Cenac (Parque Nacional Nahuel Huapi). Criticó que estas iniciativas de empresas privadas ponen en práctica tecnología avanzada, que podrían ser puestas “para conservar las especies vivientes, las actuales”, dijo.

“Muchas de esas tecnologías de la ingeniería genética serían importantes para especies que ya están desapareciendo”.

Ilaria Agostini, bióloga científica de Bariloche.

Para la científica del Conicet, la innovación tecnológica y científica son claves, pero prefiere que se destinen a algo más relevante. “Tantos recursos puestos en algo como esto realmente le quita mucha importancia a los procesos de extinción que están actuando ahora para las especies actuales, para las cuales realmente deberíamos poner todos los recursos posibles ahora”.

Más allá de la ingeniería genética, Agostini piensa en los recursos económicos para acciones como el aumento de áreas protegidas, políticas para disminuir las amenazas que están afectando a las especies en peligro de extinción. 

“Hay un desequilibrio grande de los recursos que se imponen en esas iniciativas, aunque sean privadas, no van a la conservación de las especies que actualmente se están extinguiendo. Eso es lo que éticamente me hace más ruido”, planteó la bióloga. 

Lo urgente es salvar a las especies que están en una situación crítica ahora. “Esos experimentos pueden ser fascinantes como experimentos en sí, pero nunca deberían salir fuera de control”, opinó Agostini. 

Lobos gigantes: cómo se hizo el procedimiento


Fue a partir de un diente de lobo gigante de 13.000 años de antigüedad desenterrado en Ohio y un fragmento de cráneo de 72.000 años hallado en Idaho, los investigadores avanzaron. Los fósiles permitieron ver rasgos específicos al examinar ADN. 

Luego, extrajeron células sanguíneas de un lobo gris vivo y usaron «Crispr» para modificarlas genéticamente en 20 sitios diferentes, según explicó a medios nacionales Beth Shapiro, científica principal de Colossal.

Luego, transfirieron ese material genético a un óvulo de un perro doméstico. Una vez listos, los embriones se transfirieron a madres sustitutas, también perros domésticos, y 62 días después nacieron las crías modificadas genéticamente.

Lobos gigantes: «No se pueden revivir»


“Todo lo que se puede hacer ahora es algo se parece superficialmente a otra cosa”, no revivir por completo las especies extintas, según dijo Vincent Lynch a Associated Press (AP), biólogo de la Universidad de Buffalo que no participó en la investigación.

Aunque los cachorros pueden parecerse físicamente a los lobos terribles jóvenes, “probablemente nunca aprenderán el movimiento final de cómo matar a un alce gigante o un ciervo grande”, explicaron, porque no tendrán oportunidad de observar y aprender de sus padres. 

El pariente vivo más cercano de los lobos terribles (gigantes) son los lobos grises, pero los extintos eran de un porte mucho mayor. 


“No es una clonación, sino un proceso de edición genómica en la que se modificó el genoma de la especie moderna para que se parezca a la del lobo extinto”, aclara Eduardo Zattara, director del Departamento de Biología de la Universidad Nacional del Comahue, coordinador de la Licenciatura en Biología e investigador en Inibioma (Conicet/UNCo). 

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