Para qué sirve poner sal en la tierra de las plantas y cuándo puede ser perjudicial para el jardín

Aunque es un truco casero muy difundido, colocar sal en la tierra de las plantas no siempre es beneficioso. En qué casos puede usarse, cuáles son sus riesgos y qué alternativas recomiendan los especialistas para cuidar el suelo y las raíces.

En el universo de los consejos caseros para el cuidado del jardín, uno de los más repetidos —y a la vez más discutidos— es el uso de sal en la tierra de las plantas. Aunque se trata de una práctica popular que circula desde hace años, especialistas en jardinería y agronomía coinciden en que no es un método inocuo y que su aplicación debe entenderse con cautela.

La sal común (cloruro de sodio) no es un nutriente esencial para la mayoría de las plantas y, utilizada sin control, puede generar más perjuicios que beneficios. Sin embargo, en situaciones puntuales, este recurso doméstico puede cumplir una función específica.

Cuándo sí puede servir la sal en el jardín

Uno de los usos más extendidos de la sal es como método de control para caracoles y babosas. Estos moluscos, que suelen aparecer en zonas húmedas y sombreadas, pueden dañar hojas y tallos tiernos. La sal actúa por deshidratación, pero no debe colocarse directamente sobre la tierra de las plantas, sino en sectores externos o barreras alejadas de las raíces.

Otro uso habitual es como herbicida natural en zonas donde no se desea crecimiento vegetal, como entre baldosas, senderos o grietas del patio. En esos casos, la sal ayuda a secar las malezas, aunque los especialistas advierten que su efecto es prolongado y puede esterilizar el suelo, impidiendo que vuelva a crecer cualquier planta en ese lugar.

Por qué no se recomienda usar sal como fertilizante

Contrario a lo que indican algunos mitos, la sal no mejora el crecimiento de las plantas ni aporta nutrientes clave como nitrógeno, fósforo o potasio. Por el contrario, su acumulación en el suelo puede:

  • Dificultar la absorción de agua por parte de las raíces.
  • Provocar estrés en la planta y quemaduras radiculares.
  • Alterar la estructura del suelo y su microbiota natural.
  • Reducir la fertilidad a largo plazo.

Por eso, no se aconseja colocar sal en macetas, huertas ni canteros, especialmente en espacios cerrados donde no hay lavado natural del suelo por lluvias.

Alternativas naturales y seguras

Para quienes buscan soluciones caseras más amigables con las plantas, existen opciones mucho más recomendadas:

  • Compost orgánico o humus de lombriz para mejorar la fertilidad del suelo.
  • Cáscaras de huevo trituradas como aporte de calcio.
  • Ceniza de madera o cáscaras de huevo como barrera física contra caracoles.
  • Mantillo vegetal para conservar la humedad y proteger las raíces.

Colocar sal en la tierra no es una práctica aconsejable de forma general. Si bien puede tener usos muy específicos —como el control de plagas o malezas en zonas no cultivadas—, su aplicación incorrecta puede dañar seriamente las plantas y el suelo. Para un jardín sano y duradero, la clave sigue siendo un buen riego, nutrientes adecuados y métodos naturales que respeten el equilibrio del ecosistema.


En el universo de los consejos caseros para el cuidado del jardín, uno de los más repetidos —y a la vez más discutidos— es el uso de sal en la tierra de las plantas. Aunque se trata de una práctica popular que circula desde hace años, especialistas en jardinería y agronomía coinciden en que no es un método inocuo y que su aplicación debe entenderse con cautela.

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