Día Mundial contra la Depresión: una fecha para romper el estigma y hablar de la salud mental

En una jornada dedicada a visibilizar este trastorno, profesionales de la salud mental abogan por una mayor comprensión social y por desterrar los prejuicios. Se trata de una de las principales causas de inhabilitación laboral a nivel global.

Para María, el momento de iniciar el día era una tortura: no se podía levantar de la cama, pero el reloj corría y a las 8 debía presentarse a trabajar. No lo hizo. Su cuerpo no le respondía. Era la tercera vez que faltaba sin avisar. Sabían que estaba transitando una depresión y le pidieron que renunciara para “no irse mal”. Renunció. No tenía fuerzas para pelear. La historia es real, aunque María es un seudónimo utilizado para resguardar a quien brindó su testimonio en Neuquén.


No es un caso aislado. Según indicó el psiquiatra neuquino, Pablo Zunino, una de cada cinco personas experimentaron o experimentan este trastorno. En un nuevo 13 de enero, el Día Internacional de la Depresión, expertos conversaron con Diario RÍO NEGRO para sacar de la sombra un padecimiento que afecta a un gran sector de la sociedad.


“La calidad de vida se ve afectada, por supuesto, pero además es una de las primeras causas a nivel mundial de la discapacidad, incapacidad, por ejemplo, de realizar tareas laborales ”, aseguró. Sostuvo que la falta de voluntad o “hipobulia”, un síntoma característico, deja a la persona sin la energía necesaria para levantarse, bañarse o afrontar responsabilidades diarias, perjudicando su autonomía.


El doctor Walter Pereyra, miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatras, agregó que la depresión provoca “incapacidad para poder pensar y llevar adelante tareas cotidianas”. Según detalló, la cognición se altera, relentiza la velocidad del procesamiento de la información, generando distracción y problemas de memoria. En una coyuntura que exige productividad constante, “la depresión genera costos económicos”.

Los síntomas de la depresión, un trastorno del ánimo



¿Pero qué es y cuáles son sus síntomas? Zunino explicó que se trata de un “cuadro afectivo” o “trastorno del estado del ánimo”, que se caracteriza por un ánimo bajo o una tristeza profunda. Un síntoma destacado es la anhedonia, la dificultad para disfrutar de cosas que antes sí generaban placer. Además, se suman otros síntomas variados como insomnio o hipersomnia (dormir mucho), aumento o disminución del peso corporal e irritabilidad.


Otra forma de identificarla, es a la inversa, teniendo en cuenta qué no es la depresión. “No es lo que la gente clásicamente llama un bajón. Lo primero que hay que entender es que no todo paciente que se sienta angustiado o un poco bajoneado significa que tenga una depresión”, señaló Pereyra. Para el psiquiatra un punto clave es el tiempo: más de 15 días de tristeza profunda o anhedonia amerita la consulta con un profesional.


Así, el entorno es fundamental para superar la depresión, ya que muchas veces quien la atraviesa no tiene voluntad para sacar un turno. “Muchas veces me dicen ‘me mandó mi hermana, me sacó el turno mi mamá. Ese contacto social es fundamental, es una responsabilidad social que tenemos que asumir todos”, enfatizó Pereyra y añadió: “Si estás solo atravesando por síntomas, busca a alguien de confianza. Siempre hay alguien cercano”.


Una vez que se puso en palabras, se avanzó en el proceso psicoterapéutico y se inicio la medicación, en caso de ser necesaria, la recuperación es posible. “Los síntomas tendrían que reducirse dentro de las seis semanas o dos meses”, indicó Zunino, aunque aclaró que la mejoría no es instantánea ni similar para todos.


Para María no fue fácil encontrar el tratamiento adecuado, aunque ya hace dos años que no toma la medicación y un año que le dieron el alta. Claro que sigue contando con el apoyo de su psicóloga y su familia. El inicio del día ya no le resulta una tortura. Hoy se ríe con amigos, disfruta de un mate y la luz del sol por la mañana, tiene un trabajo formal que disfruta, vive. “Mucha veces me sentí avergonzada”, confesó, pero con orgullo afirmó: “Me emociona haber superado una depresión”.

La depresión en la adolescencia, una urgencia silenciosa


La depresión en la adolescencia representa un desafío particular. El director del Centro Norpatagónico de Salud Mental Integral Neuquén y médico psiquiatra del hospital Plottier, Mariano Blanco, señaló que “al ser una etapa de crecimiento y formación con cambios físicos, emocionales, sociales, la exposición a múltiples factores socioambientales genera una cuestión disruptiva”, especialmente ante “un psiquismo que no está terminado de configurarse”.


El psiquiatra y socio fundador de la Asociación de Psiquiatras de Rio Negro (APRIN) y de la Asociación de Psiquiatras de Neuquén (APSINEU), Walter Pereyra, observa un incremento notable en los casos: “Si es verdad que los adolescentes consultan más, si es verdad que hay mucha más depresión y ansiedad en los adolescentes”. Remarcó que el suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años a nivel mundial.


Las señales de alarma van más allá de la tristeza evidente, incluyendo “cansancio y la pérdida de energía, el insomnio, cambios en la conducta” o, en ocasiones, “agitación”, e incluso “comportamientos problemáticos como la ira”. También se observa “bajo rendimiento escolar, menor atención a la higiene” y, de forma preocupante, “la autolesión”.


Frente a esta realidad, la prevención y el tratamiento temprano son cruciales. Blanco señaló que las estrategias incluyen la “capacidad de gestionar las emociones y desarrollar resiliencia, es decir, la “capacidad de afrontamiento a la frustración”.


A pesar de los desafíos que plantean las pantallas y la comparación con modelos irreales o inalcanzables, Pereyra percibe un factor esperanzador: “Contamos con un factor favorable. Los adolescentes tienen menos prejuicios que otras generaciones, entonces consultan y hablan entre ellos a tiempo”.


Para María, el momento de iniciar el día era una tortura: no se podía levantar de la cama, pero el reloj corría y a las 8 debía presentarse a trabajar. No lo hizo. Su cuerpo no le respondía. Era la tercera vez que faltaba sin avisar. Sabían que estaba transitando una depresión y le pidieron que renunciara para “no irse mal”. Renunció. No tenía fuerzas para pelear. La historia es real, aunque María es un seudónimo utilizado para resguardar a quien brindó su testimonio en Neuquén.

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