Traful Invita: así se vivió un finde de sabores patagónicos, turismo y encuentros en Villa Traful

El evento gastronómico Traful Invita volvió a reunir a chefs, turistas y amantes de la cocina en Alto Traful, con menús de alto nivel, productos regionales y una experiencia que impulsa el turismo durante todo el año.

Por Juan Moro

La escena se repitió una y otra vez: mesas largas, copas en alto, risas compartidas y un ritmo que invitó a quedarse. Porque si algo tuvo esta edición fue tiempo. Tiempo para disfrutar, para conversar, para encontrarse.

En la previa del evento. La organización de una cocina eficiente.

La convocatoria superó las expectativas y tuvo un condimento especial: por primera vez, agencias de turismo comercializaron la experiencia completa, lo que permitió que muchos visitantes llegaran con la idea de vivir el evento de principio a fin. Pero lo que realmente marcó el pulso fue otra cosa: la presencia de grupos de amigos.

Esa dinámica se sintió en cada momento. Hubo más brindis, más sobremesas, más encuentros que se extendieron más allá del plato. La gastronomía fue el punto de partida, pero lo que quedó fue la experiencia compartida.

Un evento gastronómico, en plena cordillera, con amigos. Planazo total. Foto: Alejandro Carnevale.-

El corazón del evento volvió a latir en el Alto Traful Hotel. Allí, el chef anfitrión Emanuel Antimi, junto a Jorgelina Esper y Aníbal Ramírez, construyeron una propuesta que fue creciendo paso a paso, pero que nunca perdió de vista el objetivo: que cada persona se lleve algo más que un buen menú.

“Buscamos que la gente no solo coma bien, sino que se lleve un recuerdo completo, de todo lo que pasa alrededor”, explicó Antimi.

La misma idea atravesó a todo el equipo.

“Cocinar acá tiene algo distinto. El entorno, la gente, el ritmo… todo influye en lo que hacemos”, sumó Esper.

Y Ramírez completó:

“Se armó algo muy lindo. La gente vino a disfrutar y eso se notó en cada mesa”.

Pero lo que también quedó en evidencia durante estos días es algo que Villa Traful viene consolidando con fuerza: no es solo un destino de temporada. Más allá del evento, el lugar ofrece una experiencia que se puede disfrutar durante todo el año.

Senderos entre bosques, miradores naturales, playas de aguas cristalinas y actividades como caminatas, pesca o paseos por el lago forman parte de una propuesta que atrae a quienes buscan naturaleza, tranquilidad y calidad. A eso se suma una gastronomía que crece y se diversifica, con identidad propia y cada vez más integrada al turismo.

Todo el equipo de Alto Traful, un hotel de alto nivel en la cordillera neuquina.

En ese sentido, “Traful Invita” funciona como una vidriera, pero también como una confirmación: la experiencia Traful no se agota en un fin de semana.

En diálogo con RÍO NEGRO, la empresaria Thais Guterres destacó ese concepto:

“La idea es seguir instalando a Villa Traful durante todo el año. Este tipo de encuentros potencian la gastronomía y el turismo, y muestran todo lo que se puede vivir acá”.

Y también dejó un reconocimiento que resume el espíritu del evento:

“Quiero agradecer profundamente a los chefs por su compromiso y por el nivel que aportaron, a la gente que eligió venir y vivir la experiencia, y especialmente a todo el equipo de Alto Traful, que es fundamental. Sin ellos nada de esto sería posible”.

El evento gastronómico “Traful Invita” volvió a desplegar todo su potencial con menús de alto nivel, mesas compartidas y un clima de celebración que atravesó cada momento. La experiencia convocó a visitantes de distintos puntos que llegaron para disfrutar, quedarse y ser parte.


Los platos: un recorrido por la cocina patagónica

La experiencia gastronómica de “Traful Invita” se vivió como un recorrido que fue creciendo paso a paso, con platos que no solo buscaron sorprender, sino también contar el territorio desde el sabor.

Las primeras propuestas llegaron con sutileza, casi como una invitación a entrar en clima: combinaciones delicadas donde los quesos patagónicos, las frutas de estación y las reducciones intensas se mezclaron en preparaciones que despertaron el paladar sin imponerse. Texturas suaves, contrastes medidos y equilibrio.

Con el correr de los pasos, la cocina ganó profundidad. Aparecieron los sabores más intensos, los que definen identidad. Las carnes patagónicas, trabajadas con precisión, ocuparon el centro de la escena. El cordero, con cocciones largas y cuidadas, se presentó acompañado por vegetales de estación y fondos que concentraron todo el carácter del plato. Cada bocado fue una síntesis del paisaje.

También hubo espacio para lo que ofrece el agua. La trucha y los productos del lago llegaron en versiones delicadas, con técnicas que respetaron la materia prima y la dejaron expresarse con naturalidad, sumando frescura al recorrido.

La segunda noche se animó a ir un poco más allá. La cocina se volvió más exploratoria, con combinaciones menos previsibles, juegos de temperaturas y capas de sabor que invitaron a descubrir. Vegetales del valle, mieles, frutos secos y harinas alternativas aparecieron en escena, aportando nuevos matices sin perder la raíz patagónica.

El cierre, como debía ser, fue un descanso dulce. Postres equilibrados, frescos, con presencia de frutas y texturas crocantes, que no saturaron sino que acompañaron el final con elegancia.

Todo el recorrido estuvo acompañado por vinos de la región, que no solo maridaron, sino que dialogaron con cada plato, completando una experiencia donde cada detalle tuvo sentido.

Porque en “Traful Invita”, más que una sucesión de pasos, lo que se construyó fue una historia. Y esa historia, esta vez, también se saboreó.

El clima fue de celebración permanente. Las cenas no terminaron cuando se levantaron los platos. Siguieron en las charlas, en los brindis, en ese ambiente relajado que se fue construyendo casi sin darse cuenta.

Durante tres días, Villa Traful fue escenario de algo más que un evento.

Fue encuentro. Fue disfrute. Y también fue una muestra clara de todo lo que este destino puede ofrecer, en cualquier momento del año.


La escena se repitió una y otra vez: mesas largas, copas en alto, risas compartidas y un ritmo que invitó a quedarse. Porque si algo tuvo esta edición fue tiempo. Tiempo para disfrutar, para conversar, para encontrarse.

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