Por qué la Camelina entró en el radar de los productores agrícolas y se anota para el invierno como un cultivo con muchos beneficios
Un cultivo de invierno, de ciclo corto, que puede servir tanto para la industria alimenticia, para la producción animal o en la elaboración de biocombustibles.
Camelina, el cultivo de invierno, de ciclo corto, que comienza a cobrar interés entre los productores.
La camelina dejó de ser una curiosidad agronómica para transformarse en una de las alternativas con mayor proyección dentro de los sistemas agrícolas argentinos. Su capacidad para integrarse a las rotaciones, mejorar las condiciones del suelo y, al mismo tiempo, producir una materia prima estratégica para la elaboración de combustibles sostenibles de aviación la ubican hoy entre los cultivos con mayor potencial de crecimiento.
En distintas regiones productivas del país ya comenzó a consolidarse como una opción para intensificar la agricultura sin aumentar la presión sobre los recursos naturales. Su bajo requerimiento hídrico, la tolerancia a las heladas, el escaso uso de insumos y su ciclo corto permiten incorporarla entre los cultivos tradicionales, aportando beneficios tanto agronómicos como económicos.
Un aliado para mejorar los sistemas productivos
Uno de los principales atributos de la camelina es su función como cultivo de servicio. Su rápido desarrollo genera una cobertura eficiente del suelo durante el invierno, disminuyendo la aparición de malezas y reduciendo la necesidad de aplicaciones de herbicidas.

Además, protege el suelo frente a la erosión, favorece la infiltración del agua y mejora la estructura gracias a su sistema radicular, que incrementa la porosidad y contribuye a mantener la actividad biológica.
Su ciclo, de apenas 90 a 100 días, permite sembrarla entre cultivos de verano, aprovechando períodos en los que tradicionalmente los lotes permanecen en barbecho. De esa manera, el productor mantiene el suelo activo durante todo el año sin afectar el desarrollo del cultivo siguiente.
Produce cobertura… y también cosecha
A diferencia de otros cultivos de servicio, la camelina ofrece un valor agregado importante: además de brindar cobertura, genera una cosecha comercial.
«La camelina aparece como una alternativa capaz de combinar productividad, sustentabilidad y oportunidades comerciales».
Su semilla posee un contenido de aceite que oscila entre el 40 y el 44%, con un elevado nivel de ácidos grasos Omega 3, características que abren posibilidades tanto para la industria alimenticia como para la nutrición animal y, especialmente, para la producción de biocombustibles.
El cultivo también presenta ventajas logísticas, ya que libera los lotes antes que otros cultivos invernales como trigo, cebada o arveja, facilitando la implantación de la soja de primera.
Una oportunidad vinculada a la transición energética
El mayor impulso para la camelina proviene hoy del mercado internacional de combustibles sostenibles de aviación (SAF), un segmento que crece rápidamente impulsado por las exigencias ambientales de Europa y otros mercados desarrollados.

En este contexto, investigadores del INTA y del INTI desarrollan un calculador específico de huella de carbono para el cultivo, una herramienta que permitirá certificar su sustentabilidad bajo protocolos internacionales y mejorar el acceso de la producción argentina a mercados de alto valor.
Los primeros estudios muestran resultados alentadores respecto de su capacidad para secuestrar carbono y contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero dentro de los sistemas agrícolas.
Crece el interés de los productores
La posibilidad de combinar beneficios agronómicos con una demanda creciente explica el interés que despierta la camelina entre los productores.
Su rusticidad simplifica el manejo, requiere pocos insumos y consume menos agua que otros cultivos, una ventaja especialmente importante en zonas donde la disponibilidad hídrica constituye un factor limitante.
Además, su incorporación dentro de las rotaciones contribuye a diversificar los sistemas productivos, mejorar la salud del suelo y generar una nueva fuente de ingresos sin desplazar a los cultivos tradicionales.
Con alrededor de 100.000 hectáreas implantadas en Argentina y un mercado internacional en plena expansión, la camelina aparece como una alternativa capaz de combinar productividad, sustentabilidad y oportunidades comerciales, respondiendo tanto a las necesidades del productor como a las nuevas demandas de una agricultura con menor huella ambiental.
Principales ventajas de la camelina
- Bajo consumo de agua y alta tolerancia a las heladas.
- Ciclo corto de 90 a 100 días.
- Excelente cultivo de servicio con posibilidad de cosecha.
- Control natural de malezas y reducción del uso de herbicidas.
- Mejora la estructura y la salud del suelo.
- Favorece el secuestro de carbono.
- Alto contenido de aceite y Omega 3.
- Materia prima para combustibles sostenibles de aviación con creciente demanda internacional.
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La camelina dejó de ser una curiosidad agronómica para transformarse en una de las alternativas con mayor proyección dentro de los sistemas agrícolas argentinos. Su capacidad para integrarse a las rotaciones, mejorar las condiciones del suelo y, al mismo tiempo, producir una materia prima estratégica para la elaboración de combustibles sostenibles de aviación la ubican hoy entre los cultivos con mayor potencial de crecimiento.
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