Paula Iglesia Llanos, la geóloga roquense que descifró los secretos de Vaca Muerta

Marcó un hito al demostrar que la formación neuquina era más antigua de lo que se creía. A un año de su fallecimiento, colegas y familiares recuerdan su incansable vocación, sus viajes por el mundo y la calidez con la que inspiró a la ciencia nacional

Por Facundo Iglesia

Paula se licenció en Geología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1991 y en 1998 se doctoró en la misma casa de estudios. Foto gentilza Familia Iglesia LLano.

Paula se licenció en Geología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1991 y en 1998 se doctoró en la misma casa de estudios. Foto gentilza Familia Iglesia LLano.

Una niña de unos seis años junta piedras a la orilla del río Negro y se las lleva a su madre, que le pide que traiga una redonda, otra chata, una roja. Su hija cumple y se las describe; le dice cuál de todas esas rocas es su favorita y por qué. Acaso Paula recordará esa escena cuando, décadas después, halle circones en el noroeste de Rusia, muestree sedimentos en Turkmenistán o haga lecturas de amonites en la Cuenca Neuquina.

María Paula Iglesia Llanos nació el 7 de junio de 1966 en General Roca, Río Negro, hija de Lilia Inés Llanos y el juez federal fallecido en 2003 Ernesto Iglesia Hunt. Geóloga de profesión, Paula viajó por el mundo analizando suelos y rocas y, recientemente, había enfocado su labor en la Cuenca Neuquina, en especial en Vaca Muerta: allí, por ejemplo, en la sección de Arroyo Loncoche, demostró que la base de la formación es más antigua de lo que se creía. Hace un año, Paula murió luego de una larga enfermedad. Sin embargo, sus colegas y familia acuerdan en que trabajó con pasión hasta casi el último de sus días, a pesar de su deterioro físico y de que parte de su trabajo consistía en largas jornadas en campo.

Cuando su colega, el investigador independiente del Conicet especializado en sedimentología Diego Kietzmann, recibió a Diario RÍO NEGRO en la Ciudad Universitaria, contó que estaba haciéndole las últimas correcciones a un paper centrado en dos localidades de Vaca Muerta del que Paula será coautora de forma póstuma. «Paula era realmente impresionante: sabiendo que tenía la enfermedad y mientras hacía el tratamiento, jamás se tomó licencia. Seguía preparando las clases, las venía a dar», dice Diego.

Especialista en la historia de las rocas


Paula se licenció en Geología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1991 y en 1998 se doctoró en la misma casa de estudios. Ya en 1993, y hasta 1999, ganó tres becas (de iniciación, de perfeccionamiento y posdoctoral) para trabajar en el Laboratorio de Geofísica «Daniel A. Valencio» de la UBA en las especializaciones que seguiría el resto de su carrera: el paleomagnetismo y la magnetoestratigrafía.

María Paula Iglesia Llanos nació el 7 de junio de 1966 en General Roca. Foto gentileza familia Iglesia Llano.

El paleomagnetismo estudia el campo magnético de la Tierra en el pasado a través del análisis de rocas y minerales. La magnetoestratigrafía es una técnica de correlación geofísica que determina la fecha de secuencias sedimentarias y volcánicas. El método consiste en recolectar muestras e identificar la dirección que el campo magnético terrestre tenía en el momento de su formación. «Ella realmente debe ser la última persona que sabía en serio de magnetoestratigrafía en Argentina», afirma Diego.

Desde 1999 hasta 2001, Paula estuvo en la Universidad de Utrecht, en Países Bajos, con una beca postdoctoral externa del Conicet. En una entrevista que Diario RÍO NEGRO le hizo en noviembre de 2000, a sus 34 años, narró el «shock cultural» que atravesó allí pero, como solía hacer, aprovechó para hacer un chiste: «Creo que finalmente puedo decir que soy auténticamente una holando-argentina. Sólo me falta encontrar a mi príncipe». Seguro sonreía cuando respondía: hacía unos meses había conocido a Massimo Manzini, con quien se casó en 2003 en la catedral de General Roca y de quien nunca se separó.

Audacia científica por el mundo


Entre 2003 y 2004, hizo una estancia postdoctoral en Múnich, Alemania, financiada por la Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG, la Fundación Alemana de Investigación) en el Institut für Geophysik de la Ludwig-Maximilians-Universität. Desde allí, participó en proyectos que la llevaron al noroeste de Rusia, en el río Zolotica del Escudo Báltico y al oeste de Turkmenistán, en las montañas Kopet Dagh.

«Era súper audaz y valiente, estuvo en la tundra, con mosquitos y rusos que no conocía. Andá vos a meterte ahí. Era muy alegre y tenía mucho desparpajo en un mundo científico que no es así», recuerda Silvia Singer, docente e investigadora del Departamento de Ciencias Geológicas de la UBA.

Pasión por la geología y la docencia. Paula Iglesia Llanos dedicó su vida a la investigación científica. Foto gentileza familia Iglesia Llano.

En esa casa de estudios, Paula se dedicó a la docencia y a la investigación desde que regresó a la Argentina, en 2005. Fue parte del área de Geodinámica Interna del Departamento y profesora de las materias Paleomagnetismo y Prospección Geofísica, y llegó al rango de investigadora independiente en el Conicet. Además, en 2007, estuvo entre las fundadoras de la Asociación Latinoamericana de Paleomagnetismo y Geomagnetismo (Latinmag).

Desde 2012, colaboró estrechamente con Diego Kietzmann, combinando disciplinas para calibrar la edad de las rocas y entender la maduración de la materia orgánica en petróleo. El campo de la magnetoestratigrafía, dice Diego, es muy laborioso y requiere «mucha paciencia y atención»: implica medir cientos de cilindros de roca orientados con magnetómetros criogénicos, tarea que puede tomar años y conlleva el riesgo constante de que, tras un año de trabajo, se descubra que las muestras están remagnetizadas y, por lo tanto, no sirvan.

Como el magnetómetro de la UBA sufre roturas constantes desde 2008, «cuando funciona, todos quieren usarlo antes de que se rompa de vuelta», cuenta Diego, «Entonces, se hacen turnos las 24 horas del día: Paula podía llegar a quedarse un sábado hasta las 3 de la mañana».

Vocación e inspiración para la ciencia. La reconocida investigadora roquense dejó una huella imborrable entre sus colegas. Foto gentileza familia Iglesia Llano.

Recuerdo intacto en la oficina


Hoy, la oficina de Paula estaba igual que la última vez que ella fue a trabajar: su escritorio ordenado, con recuerdos de sus viajes, fotos de ella con su marido. Ella compartía la oficina con Claudia Prezzi, investigadora principal en Conicet, que tiene su escritorio al lado de la entrada.

«Desde que ella falleció», dice, «llego, me siento acá, me pongo de espaldas y me olvido… Me pongo en la compu y me bajo de la situación». Tampoco se atreve a usar la radio en la que Paula escuchaba música.

Pero Prezzi recuerda a Paula con alegría: apasionada por la docencia y estricta en los exámenes, vehemente pero risueña, malhablada pero femenina (el color favorito de Paula, el rosa fumé, estaba presente tanto en su ropa como en las diapositivas de sus clases). «Recuerdo su risa, su energía, sus pilas, esas cosas, que estaba siempre impecable y de buena onda», dice Prezzi.

Esa personalidad también era útil para trabajar en campo. Según recuerda Luis Fernández de la Rúa, su becario, los terrenos en los que se hacían mediciones siempre tenían dueño. «Tenés que pedir permiso. ¡Capaz que te sacan a los tiros! Es como que se te meta alguien a tu casa a ver cómo tenés el césped», grafica.

Pero Paula, dice Luis, era «una figurita que querés tener en tu equipo, porque en lo social, plum plum plum te gestionaba». Según recuerdan sus colegas, no solo conseguía autorización para explorar campos, sino que, por ejemplo, el lonko de una comunidad mapuche en la que hicieron mediciones se encariñó con ella y la llamaba «la Colo».

La vocación frente a la adversidad


En marzo de 2020 le diagnosticaron cáncer de mama y poco después la operaron y comenzó un tratamiento de quimioterapia. Pero la enfermedad no la detuvo. En diciembre de 2022, en una campaña de dos semanas en Chos Malal y Zapala, Paula «no estaba al 100% de su capacidad», cuenta Luis, su becario.

«Hablo del plano físico porque en el psicológico ella tenía una fuerza y una garra tremendas», agrega. Pero Paula no solo fue, sino que también convenció a Luis, que dudaba de su propia participación, ya que desde 2018 tiene una parálisis en el hombro y el homóplato, que le impide utilizar la perforadora. «Luisito», Paula le dijo a su becario. «Ni te preocupes. Vos te quedás conmigo».

Aquella vez, Paula y él «levantaron el perfil» (es decir, identificaron el tipo de terreno) y el resto se encargó del trabajo más físicamente exigente de perforarlo. «En cierto sentido, eso nos unió», recuerda Luis. «Compartíamos jornadas de seis horas bajo el sol abrasante de la estepa patagónica. Es inspirador ver a alguien que no se conforma con sus límites, sino que los empuja».

El amor de Paula por la naturaleza nació en Roca. La investigadora cultivó su vocación desde la niñez. Foto gentileza familia Iglesia Llano.

Paula falleció el 22 de septiembre de 2025 a los 59 años, un año y medio después de que la enfermedad reapareciera. Su esposo Massimo cuenta que Paula, a quien llamaba cariñosamente “stellina” (estrellita en italiano), estuvo sentada en su oficina trabajando hasta minutos antes de trasladarse a la que sería su última internación.

«Yo le decía, ‘Vamos, porque tenemos el turno en una hora’. Tenía todos los papeles desparramados en una silla, un taburete, otra silla…». Ahí quedaron los papeles, incluso días después de su muerte. Paula dejó una marca indeleble en la especialidad que eligió y en quienes la conocimos: todos la vimos seguir su vocación inquieta y aventurera, incluso cuando su cuerpo no quería responderle. Esa, también, es una forma de ganarle a la enfermedad.


Una niña de unos seis años junta piedras a la orilla del río Negro y se las lleva a su madre, que le pide que traiga una redonda, otra chata, una roja. Su hija cumple y se las describe; le dice cuál de todas esas rocas es su favorita y por qué. Acaso Paula recordará esa escena cuando, décadas después, halle circones en el noroeste de Rusia, muestree sedimentos en Turkmenistán o haga lecturas de amonites en la Cuenca Neuquina.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios