Anchorena acampó en Isla Victoria hace 100 años

Redacción

Por Redacción

El paso de los príncipes británicos por la Nahuel Huapi hace 71 años sirvió para otras evocaciones. Aarón Anchorena, uno de los principales anfitriones de los visitantes, añoró su expedición de 1902 en la que unió Puerto Madryn con Lago Fontana, El Bolsón y San Carlos. En esta semana de aquel año armó una gran carpa en la isla Victoria (foto) acompañado del ingeniero Frey de la Comisión de Límites y los ingenieros Krag y Scratton pero en estudios para extender el FC Sur recién llegado a Neuquén. Y si en 1931, a los 58 años, Anchorena ofreció la estancia Huemul -con sobrinos Ortiz Basualdo- para hospedar a los viajeros reales en un ambiente menos germano (Roosevelt en el año 13 lo hizo en la casa del alemán Carlos Boos), se debía a los propios fantasmas que perduraban en su memoria. Es que Anchorena fue secretario honorario de la embajada argentina en París hasta 1916, donde pasaba parte del año. No sólo lo tomó la Primera Guerra, sino que en el 16 fue capturado por los alemanes y estuvo a punto de ser fusilado.

Empezó otra historia

No hay duda que el paso de los príncipes movilizó la región y la proyectó. El acontecimiento resultó decisivo para Bariloche. Bastaría la casi inmediata fundación del Club Andino, o la difusión que mereció la zona y redituaría en turistas interesados. Los príncipes pasaron casi como una exhalación pero mucho más duraron los comentarios.

Los lugareños se enteraron de las intimidades del viaje por los retrasados diarios. Sus páginas consignaron datos valiosos, algunos sólo compartidos por íntimos y periodistas. Los hechos se endulzaron o dramatizaron con el paso de los años y según la memoria de cada vecino. Ciertos testigos que aún lucían memoria impecable a fines de la década de los 50 hicieron sus relatos a quien esto escribe. Por ejemplo Rosa Schumacher de Frey –que también fue testigo de las visitas de Roosevelt y de los generales John J. Pershing, primero y Dwight Einsenhower después- dijo en su chalet Los Cipreses que «las chicas de Bariloche no se desilusionaron por la ausencia del príncipe de Gales porque su hermano Jorge –el que sí llegó al muelle Capraro- les gustaba más». También recordó el arribo del «caballero Saint», amigo del matrimonio Frey, siempre portador de chocolates y que pronto se asoció al CAB. Una breve entrevista en su casa barilochense del barrio Belgrano -no lejos del «campo de las margaritas»- el británico Pain, manager en las estancias de la inglesa Cía de Tierras Sud Argentino, relató el paso de los viajeros británicos por la estancia «Pilcañú». Y otro tanto sucedió en el seno de familias como las del gerente ferroviario Eckhardt, que evocaba el armado del tren a San Antonio Oeste precedido en quince minutos por un tren piloto y en donde sí pudieron viajar periodistas.

Entre los hallazgos de los diarios de la época, quedó el accidente de un avión inglés cerca de Puerto Belgrano o datos que demostraban que el príncipe de Gales era un dormilón y motivo de su ausencia en el muelle de Bariloche: se levantó tarde en Huemul y se adujo una indisposición. Ya le pasó en el tren que lo llevaba a Osorno. Se despertó a las 11:48 –seguramente por el pitar de la locomotora- en el momento que arrancaba de la estación Temuco, donde lo esperaron muchos colonos británicos. Por eso el príncipe Eduardo ordenó detener el tren para que retrocediera hasta la estación. Se vistió, bajó a saludar y paseó media hora ovacionado por los temucanos.

La expedición de 1902

El viaje desde Buenos Aires -el 15 de diciembre de 1901- de Anchorena y sus amigos Esteban Lavallol y Carlos Lamarca imitaba el del coronel Jorge Luis Fontana, aunque extendido hasta el lago Nahuel Huapi. Los expedicionarios navegaron en el Chubut de la naviera Hambugo Sudamericana hasta Puerto Madryn acompañados de Luis Boccard, «preparador anatómico» -o taxidermista- del Museo de La Plata; el cazador de muchos leones y panteras en Africa Constantino Ambrossioni; el fotógrafo Telmo Braga, y dos perros (el fox-terrier Pampa, el preferido de Aarón). En Bahía Blanca tuvieron la fortuna de ser guiados por el ingeniero italiano Luis Luiggi, constructor del Puerto Militar que visitaron. El viaje siguió un tanto depredador. En Puerto Pirámides «cazamos algunos lobos marinos», en Madryn tomaron el tren a Trelew, y un día antes de la Nochebuena contrataron al clásico guía (el malvinero George Hammod), peones galeses, caballos para la travesía, dos carros para la carga y el apoyo de 4 soldados del Regimiento 6. En Carro Roto pasaron el Año Nuevo con el confort del solitario chalet noruego del naturalista y misántropo suizo Delessert. En Paso de los Indios cazaron el primer puma, y en lago Fontana pasaron 18 días donde abatieron huemules y baguales (ganado alzado), además se seguir entre tribus que le brindaron un camaruco y hasta cazaron un cóndor a 40 leguas de la estancia de Martín Underwood. Al lago Nahuel Huapi llegaron el 11 de marzo de 1902.

El relato de Anchorena tuvo una versión fotográfica y de textos editada por la Compañía Sudamericana de Fósforos. Menos conocida fue la versión de un expedicionario que desertó. Urgencias porteñas obligaron a Carlos Lamarca abandonar a los viajeros en El Bolsón, algo que no registra el relato de Anchorena.

Lamarca –que dejó una narración inédita más detallada- anticipó un breve anticipo a un periodista de La Prensa, apenas llegó a Buenos Aires y publicado el 20 de marzo, tres días antes de que los expedicionarios concluyeran la visita en Nahuel Huapi.

Lamarca relató la travesía hasta que abandonó «36 leguas antes de Nahuel Huapi». En realidad aceleró su viaje y en las nacientes del Limay compró una chalana, contrató un peón-guía y se largó por el Limay durante seis días en los que remaron desde las 6 hasta las 18 horas y a lo largo de lo que calculó en 160 leguas. Trepó al tren en la Confluencia y llegó a Buenos Aires.

Amores que matan

La expedición pasó por Ñorquincó y arribó a San Carlos, «población de los señores Hube y Achelís, alemanes venidos de Puerto Montt», como anotó Anchorena. Visitaron puerto Moreno y el lago Gutiérrez, contrataron el Cóndor y navegaron a la isla pero no a Puerto Capitán, fondeadero habitual del vapor, y en cambio eligieron la ensenada que pasó a llamarse Anchorena (donde desde 1906 tuvo como primer muelle la goleta -embicada con proa fija en tierra- del inglés Wilford).

Levantaron la carpa y pasaron varios días de cacería de cabras salvajes. Navegaron a Blest, cruzaron a «lago Frío» (por laguna Frías), visitaron el hito del boquete Pérez Rosales y antes de retornar a Buenos Aires visitaron a Juan (por Jarred) Jones. Bajaron el Limay en 9 días.

En Neuquén se encontraron con Francisco P. Moreno, a quien Anchorena confesó su amor por la isla, como para pedirla en concesión. Fue el primer paso hasta la ley 5267 que se la cedió en 1907 a condición de invertir 200.000 pesos. Para entonces Anchorena comandaba vuelos en globo y ese mismo año -el 25 de diciembre con un pasajero de lujo e invitado de último momento (Jorge Newbery, que pasó toda la Nochebuena en el Jockey Club bebiendo champaña)- hizo el primer cruce del Río de la Plata. Eran todavía niños mimados: Mercedes Castellanos, la mamá de Anchorena le regaló las 11 mil hectáreas de la estancia cercana a donde aterrizaron, de la que también se enamoró el sensible Aarón.

Pero la acaudalada madre –condesa pontificia- lo hizo a condición de que dejara los vuelos. Cumplió. También en invertir en la isla Victoria (construcciones, astillero, vivero, ciervos Axis, faisanes). Pero muchas críticas a su privilegio –la principal de Paul Groussac- lo llevaron a renunciar a la ocupación, donando lo invertido (y aceptado por ley 10119).

Había nacido en Buenos Aires el 5 de noviembre de 1872 y se casó con Zelmira Paz, heredera del diario La Prensa. Fue el primer presidente del Aero Club Argentino y donó su estancia en Uruguay como residencia veraniega presidencial, donde está enterrado y toman descanso los primeros magistrados uruguayos.

Sociales

• El 13 de marzo de 1931, J. Neumayer, Otto Meiling, R. Knapp, Lucho Runge y José Cretón hicieron la 1ra. ascensión del cerro Bonete.

• El domingo 12 de marzo de 1944 Atricio (sin P) Segundo Jiménez Millas o El Chilenito del Barril, raidista en gira, corrió desde el bar Central hasta el Llao-Llao y regreso –52 kilómetros- en 5 horas 10 minutos. Una semana después de 7 corredores locales repitieron el circuito. Primero Braulio Alvarez, seguido de Isidoro Zapata.

• La Voz Andina en 1944 opinaba sobre LU8: pésimo el programa Martín Fierro, elogios a Manuel Belza (locutor morocho, de 23 años, hijo del jefe de la estación del F.C.) y por el progreso en Andrés Lamuniere. Palos a David Perrone.

• El 17 de marzo de 1942 falleció a los 58 años Carlos Bachmann, pionero del CAB. Nació en Sobernheim del Rhin. Llegó a Bariloche en 1910 y se casó en 1926 con Magdalena. Criaron dos hijos.

• El 16 de marzo de 1959 el CAB perdió a uno se sus fundadores: el Dr. Juan José Neumayer, en Bariloche desde 1929. Se casó el 22 de diciembre de 1934 con Nelly Hedwig (Hedy) Frey. Comandó la primera Comisión de Auxilio y fue director del hospital. Había nacido en el San Carlos Sud santafesino el 13 de marzo de 1897. Estudió en Suiza, se doctoró en Freiburg y el 18 de diciembre de 1952 venció el cerro más alto de la Patagonia: el San Valentín (4.058 metros).

foto: Acompañado por el ingeniero Frey, de la Comisión de Límites, y los ingenieros Krag y Scratton, Aarón Anchorena se instaló en la isla.


El paso de los príncipes británicos por la Nahuel Huapi hace 71 años sirvió para otras evocaciones. Aarón Anchorena, uno de los principales anfitriones de los visitantes, añoró su expedición de 1902 en la que unió Puerto Madryn con Lago Fontana, El Bolsón y San Carlos. En esta semana de aquel año armó una gran carpa en la isla Victoria (foto) acompañado del ingeniero Frey de la Comisión de Límites y los ingenieros Krag y Scratton pero en estudios para extender el FC Sur recién llegado a Neuquén. Y si en 1931, a los 58 años, Anchorena ofreció la estancia Huemul -con sobrinos Ortiz Basualdo- para hospedar a los viajeros reales en un ambiente menos germano (Roosevelt en el año 13 lo hizo en la casa del alemán Carlos Boos), se debía a los propios fantasmas que perduraban en su memoria. Es que Anchorena fue secretario honorario de la embajada argentina en París hasta 1916, donde pasaba parte del año. No sólo lo tomó la Primera Guerra, sino que en el 16 fue capturado por los alemanes y estuvo a punto de ser fusilado.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora