Vietnam, primer exportador mundial de café
En el mundo comercialmente abierto en el que hoy vivimos, dormirse en los laureles –por el motivo que fuere– es, con mucha frecuencia, perder posiciones. Los hechos así lo confirman claramente. La Argentina, desgraciadamente, lo sabe bien. Por experiencia propia. Dura, hija de los desaciertos y del populismo de los últimos años. Nuestro país ha dejado ya de ser el “granero del mundo”, cediendo esa posición –que ostentó orgulloso por años– al Brasil. Es cierto, no tanto por “dormirse en los laureles”, en nuestro caso particular, sino por el tremendo desaliento que, para los productores del sector rural, supone la permanente (y perversa) expropiación de su renta por parte del Estado Nacional, que deja a los productores todos los riesgos y, en cambio, les quita lo sustancial de sus ingresos cuando, con esfuerzos denodados, alcanza el éxito. Por esto la postergación inevitable de nuestro país en manos del Brasil. Pero, como veremos, no todo son siempre éxitos para nuestro vecino de ascendencia lusitana. En el primer semestre del año en curso Brasil acaba de ser nítidamente superado en sus ventas de café al exterior por la ascendente Vietnam, que hoy es el primer exportador mundial. En la primera mitad del 2012, Vietnam exportó un 13,6% más de café que el Brasil. Para el país asiático ello conforma una floreciente empresa que aporta unos 2.500 millones de dólares semestrales a su balanza comercial. Y un salto impresionante, que supone haber exportado el 25% más que el primeros seis meses del año pasado. Así lo acaba de verificar y dar a conocer la Organización Mundial del Café (OIC). Para Brasil, en el primer semestre de este año las exportaciones fueron de unos 1,8 millones de bolsas (de 60 kilos cada una). Para Vietnam, en cambio, unos dos millones. Lo que entonces ubica a Vietnam en el primer lugar del ranking exportador de café del mundo. Lo más impresionante es que Vietnam, hace apenas unos diez años, producía algo así como unos 23,1 millones de bolsas de café anuales. En el 2011 produjo unas 31,6 millones. Lo que muestra un fuerte salto cuantitativo de esas exportaciones, del orden del 36,7% en una década. Todo un logro, que es ciertamente fruto del esfuerzo de sus productores, acompañados por la acción de gobierno de una administración que comprende bien que exportar es crecer, por el fuerte efecto multiplicador que tiene esa actividad. Sus ventas de café al exterior aumentaron a lo largo de la última década a un saludable promedio anual del 8,4%, lo que obviamente no es fruto de la casualidad. Para nada. Tampoco lo es nuestra pérdida del calificativo del “primer exportador del mundo en el sector clave de los alimentos”. Pese a todo, el crecimiento vietnamita se está desacelerando. Ocurre que los modelos colectivistas no tienen, en todos los sectores, el dinamismo necesario para adaptarse –con la flexibilidad requerida– a las necesidades de las economías abiertas en lo que hace al comercio exterior. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
En el mundo comercialmente abierto en el que hoy vivimos, dormirse en los laureles –por el motivo que fuere– es, con mucha frecuencia, perder posiciones. Los hechos así lo confirman claramente. La Argentina, desgraciadamente, lo sabe bien. Por experiencia propia. Dura, hija de los desaciertos y del populismo de los últimos años. Nuestro país ha dejado ya de ser el “granero del mundo”, cediendo esa posición –que ostentó orgulloso por años– al Brasil. Es cierto, no tanto por “dormirse en los laureles”, en nuestro caso particular, sino por el tremendo desaliento que, para los productores del sector rural, supone la permanente (y perversa) expropiación de su renta por parte del Estado Nacional, que deja a los productores todos los riesgos y, en cambio, les quita lo sustancial de sus ingresos cuando, con esfuerzos denodados, alcanza el éxito. Por esto la postergación inevitable de nuestro país en manos del Brasil. Pero, como veremos, no todo son siempre éxitos para nuestro vecino de ascendencia lusitana. En el primer semestre del año en curso Brasil acaba de ser nítidamente superado en sus ventas de café al exterior por la ascendente Vietnam, que hoy es el primer exportador mundial. En la primera mitad del 2012, Vietnam exportó un 13,6% más de café que el Brasil. Para el país asiático ello conforma una floreciente empresa que aporta unos 2.500 millones de dólares semestrales a su balanza comercial. Y un salto impresionante, que supone haber exportado el 25% más que el primeros seis meses del año pasado. Así lo acaba de verificar y dar a conocer la Organización Mundial del Café (OIC). Para Brasil, en el primer semestre de este año las exportaciones fueron de unos 1,8 millones de bolsas (de 60 kilos cada una). Para Vietnam, en cambio, unos dos millones. Lo que entonces ubica a Vietnam en el primer lugar del ranking exportador de café del mundo. Lo más impresionante es que Vietnam, hace apenas unos diez años, producía algo así como unos 23,1 millones de bolsas de café anuales. En el 2011 produjo unas 31,6 millones. Lo que muestra un fuerte salto cuantitativo de esas exportaciones, del orden del 36,7% en una década. Todo un logro, que es ciertamente fruto del esfuerzo de sus productores, acompañados por la acción de gobierno de una administración que comprende bien que exportar es crecer, por el fuerte efecto multiplicador que tiene esa actividad. Sus ventas de café al exterior aumentaron a lo largo de la última década a un saludable promedio anual del 8,4%, lo que obviamente no es fruto de la casualidad. Para nada. Tampoco lo es nuestra pérdida del calificativo del “primer exportador del mundo en el sector clave de los alimentos”. Pese a todo, el crecimiento vietnamita se está desacelerando. Ocurre que los modelos colectivistas no tienen, en todos los sectores, el dinamismo necesario para adaptarse –con la flexibilidad requerida– a las necesidades de las economías abiertas en lo que hace al comercio exterior. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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