Una compañía que brilla y conmueve al mundo entero
“Señoras y señores, todo lo que sucede aquí es real. No hay decorados. No hay convenciones teatrales. Todo tiene un rol en la acción. Y usted también. Prepárese”, invita Diqui James al público. Lo real es que todo puede suceder en ese espacio. Y eso mismo ya sucedió alrededor del mundo, donde los vieron, fuera del país, más de un millón y medio de personas (además de los tres millones de personas que quedaron fascinadas “en vivo” en los festejos por el Bicentenario). Así, la compañía nacional asombró a 600.000 espectadores en Nueva York; a 100.000 en Londres; a 25.000 en Edimburgo; a 50.000 en Berlín o a espectadores impensados, como los 80.000 de Taipei. Esta misma gira que acerca a Fuerza Bruta a la zona, ya fue vista por 30.000 personas en Córdoba y 20.000 en Rosario. –Con tanto estímulo y tanta sorpresa, ¿cómo reacciona el público? –La gente se recontra copa. Es una fiesta que abarca desde chicos de diez años hasta señoras mayores. Hay cosas que son inexplicables y no nos cansamos nunca (lo dice cuando se refiere a las diversas funciones que darán en Neuquén). El show termina con una gran ducha y se prende el que quiere. Generalmente, terminamos muy arriba. Estar en el medio con dos mujeres de setenta años abrazadas junto con uno bajo el agua, es lo más. Eso no te lo da nadie. Fuerza Bruta abrió mucho todo. La gente sale con ganas de seguir bailando y, si se arma la posibilidad de ir a tomar algo, la gente no se va más. Hay una intencionalidad de que pase esto. Sigo un poco los pasos de Diqui. Me puse la camiseta. El director adelanta, no avisa: “El espacio se modifica durante toda la obra. Es fundamental que nada sea previsible. No le vamos a avisar. La sorpresa no es un efecto: es un estado constante y necesario para la efectividad de la obra”. Quizás sea una forma de decir “anímese, nada malo le va a pasar” y vale la pena. Anímese.
“Señoras y señores, todo lo que sucede aquí es real. No hay decorados. No hay convenciones teatrales. Todo tiene un rol en la acción. Y usted también. Prepárese”, invita Diqui James al público. Lo real es que todo puede suceder en ese espacio. Y eso mismo ya sucedió alrededor del mundo, donde los vieron, fuera del país, más de un millón y medio de personas (además de los tres millones de personas que quedaron fascinadas “en vivo” en los festejos por el Bicentenario). Así, la compañía nacional asombró a 600.000 espectadores en Nueva York; a 100.000 en Londres; a 25.000 en Edimburgo; a 50.000 en Berlín o a espectadores impensados, como los 80.000 de Taipei. Esta misma gira que acerca a Fuerza Bruta a la zona, ya fue vista por 30.000 personas en Córdoba y 20.000 en Rosario. –Con tanto estímulo y tanta sorpresa, ¿cómo reacciona el público? –La gente se recontra copa. Es una fiesta que abarca desde chicos de diez años hasta señoras mayores. Hay cosas que son inexplicables y no nos cansamos nunca (lo dice cuando se refiere a las diversas funciones que darán en Neuquén). El show termina con una gran ducha y se prende el que quiere. Generalmente, terminamos muy arriba. Estar en el medio con dos mujeres de setenta años abrazadas junto con uno bajo el agua, es lo más. Eso no te lo da nadie. Fuerza Bruta abrió mucho todo. La gente sale con ganas de seguir bailando y, si se arma la posibilidad de ir a tomar algo, la gente no se va más. Hay una intencionalidad de que pase esto. Sigo un poco los pasos de Diqui. Me puse la camiseta. El director adelanta, no avisa: “El espacio se modifica durante toda la obra. Es fundamental que nada sea previsible. No le vamos a avisar. La sorpresa no es un efecto: es un estado constante y necesario para la efectividad de la obra”. Quizás sea una forma de decir “anímese, nada malo le va a pasar” y vale la pena. Anímese.
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