Desde siempre

Redacción

Por Redacción

la peña

jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar

Desde que éramos chicos o tal vez desde antes de nacer que escuchamos folclore. Nacimos y crecimos con esa música, la que cantaban nuestros amigos, nuestros parientes, la que difundían las radios. Pero había otro género, que no sé definir con certeza, que también formaba parte de nuestro repertorio porque era popular, porque estaba en las radios de la época, porque se cantaba en todos lados, hasta se difundía en los bailes. Y recuerdo los exponentes de ese género. Palito Ortega, Leo Dan y Leonardo Favio. En esa época Leonardo Favio era un exponente importante, popular, masivo de la música. Aunque su vida profesional también fue codo a codo con el cine, nosotros desde chicos lo veíamos como un cantante, que nos daba letra con temas muy pegadizos. Es que cuando uno crece en un pueblo que recién para el Mundial de 1978 tuvo televisión, poco puede hablar de películas. Buena parte de nuestra vida eran las radios, los bailes y alguno que otro disco en casa. Quiero decir que crecimos con Leonardo Favio como cantante, como exponente de la música que no faltaba en ninguna radio del pueblo. Sus temas como “Fuiste mía un verano” o “Ella ya me olvidó” eran garantía de que todos conocían la letra y que podíamos cantar a coro cuando un asado veía apagar los últimos restos de las brazas. Cuando las botellas quedan por la mitad y las brazas se apagan, comienza la música y ahí, inevitablemente y por años, aparecía el Leonardo Favio, como dicen en el norte, donde a todos los nombres les agregan un el o un la. Lo cierto es que Leonardo Favio fue un gran exponente, junto a Palito Ortega y Leo Dan, capaces de competir mano a mano con el folclore que reinaba en cada casa de cada pueblo en el norte del país. Era la música popular en su mejor expresión, aunque para muchos era sinónimo de cursilería, como lo escuché muchas veces. No sé qué tenían en común, pero tenían mucho que ver, aunque no hicieran ni zambas ni chacareras y se dedicaran a la balada, término que mucho no me convence para definir su música. Leonardo Favio era capaz de llegar a la gente, a sus sentimientos, a su corazón, era capaz de generar un clima donde cualquiera de nosotros podría ser el protagonista de la historia contada en cada letra de sus temas. Pasaron varias décadas familiares, nos mudamos de una punta a la otra del país y en nuestra mudanza se vino nuestra música, miles de recuerdos y también Leonardo Favio, que había pasado a formar parte de nuestros afectos. A tal punto que en cada asado con guitarra, además de la música que nos remonta a nuestra propia historia, está presente Leonardo Favio. No sólo para nosotros Leonardo Favio es sinónimo de música, también lo es para otros países de Latinoamérica, donde entró directamente en la categoría de ídolo hasta sus últimas presentaciones realizadas tras el fin de su exilio. Leonardo Favio, de la música, es el que imaginariamente tuvo su lugar en cada casa de este país pobre. Fue ese país pobre el que lo adoptó como un integrante más de la enrome legión de cantantes ninguneados por muchos y amado por otros. El público es el que elige y a Leonardo Favio lo eligieron multitudes, tuvo miles de seguidores que seguirán cantando sus temas por siempre. Leonardo Favio es un cantante para la historia, su música no está en las vidrieras. Eso sí, pasarán años hasta que la gente deje de tararear sus temas, pasarán años para que algunas generaciones dejen de cantar sus composiciones en alguna fiesta o en algún asado.


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