Un barrio olvidado en las bardas de Allen

Son 30 casas que desde hace décadas reclaman los servicios.

Redacción

Por Redacción

ALLEN (AA).- En el comedor «El Sol» de Maruca, todos los días comen varias decenas de personas. La mayoría son pibes de pocos años de vida y otros que ya están en edad escolar. Todos viven en una pequeña comunidad «hecha a los tirones», dicen los vecinos, que se extiende en el área norte de Allen, en la zona de bardas. Son alrededor de treinta casitas o un poco más, humildes y precarias, desperdigadas en el sector y que ya se han convertido en un pequeño poblado.

Sin embargo, pese a que las primeras familias se asentaron allí hace varias décadas, aún viven como antaño, sin contar con ningún servicio público: sin agua corriente, luz ni mucho menos gas.

Todavía deben manejarse con tanques de agua que les acercan cada tanto, estufas a leña o a garrafa y velas o algún antiguo farol para alumbrarse en la oscuridad.

Pese a que afirman no estar reconocidos como un barrio más de la ciudad, ni haber sido siquiera relevados en el último censo nacional, a ellos también la crisis y la pobreza los encontró y los golpea de cerca.

«Acá hay mucha gente con hambre, muchos chicos desnutridos y algunos que están enfermos», comenta María Celia Colipe o «Maruca», como la conocen todos en el lugar.

Ante esta realidad, surcado un poco por la crudeza del panorama y otro poco porque la solidaridad de esta mujer y de algunos vecinos pudo más, desde los últimos cuatro años nació el proyecto del comedor.

En un principio, la necesaria iniciativa se echó a rodar junto con el municipio: un salón libre y abierto para dar de comer a aquellos pibes que tenían poco o directamente nada.

Sin embargo, después de un tiempo, el emprendimiento dejó de cosechar el apoyo y la ayuda de manos oficiales y se inició un camino de constante cuesta arriba.

«No tenemos ayuda de nadie, pedimos a la municipalidad que nos den cosas para darle de comer a los chicos, y a veces nos dan y otras no. No nos quieren reconocer como comedor porque dicen que no juntamos las condiciones. Pero bueno, gracias a Dios por lo menos acá reciben un plato con comida todos los días», dice Maruca. De lo contrario, agrega la mujer, «mucha gente a veces va a traer el pan del basurero, cuando juntan el aluminio».

Todos los días desde temprano los chicos se preparan para «pasar a comer a lo de Maruca», y después parten caminando o en bicicleta hacia la escuela, que les queda a más de un kilómetro de distancia.

La ayuda que reciben

Unas cuarenta personas reciben alimentos del comedor El Sol, que tiene ayuda de una empresa que lo provee de comestibles. También hay chicos que realizan labores solidarias en el lugar.

«Necesitamos que nos ayuden con ropa y alimentos porque cada vez faltan más cosas. Hasta ahora tenemos que comprar las bolsas de papa cada tanto, las garrafas que a veces no duran ni veinte días. Todos los días hay que sacar de donde uno no tiene, pero sabemos que si no estuviera esto, muchos ni siquiera comerían», comenta la responsable del comedor comunitario.

El comedor fue «hecho un poco a los tirones», confiesa Maruca. Pese a todo, sigue en pie y mantiene las puertas abiertas de lunes a viernes, aunque «si vemos que el chico anda con la cara medio triste, de hambre, le damos una leche».

«No vinieron ni para el censo»

«Ahora ya somos como noventa personas las que vivimos acá en las bardas, tenemos nuestras casitas y todo, pero no estamos reconocidos. No vinieron ni para hacernos el censo, las únicas veces que estuvieron fue para alguna elección, y después no aparecen nunca más», protestaron algunos de los vecinos en el asentamiento que ocupa el sector norte de Allen.

Diversas cartas a autoridades municipales, a la Defensoría del Pueblo y hasta al gobernador de la provincia, partieron de este pequeño poblado «para que hagan algo por nosotros», comentó María Colipe, quien vive en la zona de bardas desde hace más de 11 años. «Dicen que para la provincia esto no existe, que es propiedad privada, pero acá nunca nadie nos dijo nada».

El barrio comenzó a formarse con el asentamiento de algunas familias «hace más de 40 años», dice un vecino del lugar, pero hoy tampoco tiene nombre, sólo se lo conoce como «acceso del Aeroclub».

La mayoría de los hogares que se extienden sobre las bardas son humildes, algunos de ladrillos y otros de chapas y maderas. El invierno allí se vive diferente, las paredes son finas y el frío se cuela por todos lados. «La gente vive acá arriba desde hace muchísimo tiempo, han tenido sus hijos y muchos también sus nietos, pero todavía no tenemos luz, agua ni nada», comentaron finalmente.


ALLEN (AA).- En el comedor "El Sol" de Maruca, todos los días comen varias decenas de personas. La mayoría son pibes de pocos años de vida y otros que ya están en edad escolar. Todos viven en una pequeña comunidad "hecha a los tirones", dicen los vecinos, que se extiende en el área norte de Allen, en la zona de bardas. Son alrededor de treinta casitas o un poco más, humildes y precarias, desperdigadas en el sector y que ya se han convertido en un pequeño poblado.

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