Bush abre la caja de Pandora

Emilio J. Corbiere

Redacción

Por Redacción

Después de la metódica caída de Wall Street el último fin de semana, la más grande crisis desde el desplome de 1998, cuando comenzó la crisis de las Bolsas, todo indica que el pronóstico de una depresión económica está comprobado.

Ya no es una recesión sostenida, sino que a la crisis del capitalismo financiero y sus «burbujas informáticas» se ha sumado ahora una quiebra generalizada de la confianza en el mundo accionario a raíz de una docena de fraudes contables de grandes empresas trasnacionales y de auditoras que aparecen complicadas en las megaestafas.

La clase política no parece ajena a los fraudes. Está rozando al gobierno de George W. Bush, particularmente al vicepresidente Dick Cheney. Tanto, que están apareciendo en el Capitolio voces de disidencia entre los propios republicanos, como es el caso de los diputados John Thune, James C. Greenwood y Mark Foley.

Las divergencias con la Casa Blanca se patentizan en tres rubros: la presunta connivencia del poder con los fraudes empresarios; la cuestión de los medicamentos genéricos (los grandes laboratorios se oponen a que los médicos los receten) y el problema de la seguridad interna. Todos los dardos apuntan al presidente Bush.

El gigante estadounidense de los medios AOL Time Warner se incorporó, en los últimos días, sospechado de haber manipulado su facturación. La empresa infló por lo menos 270 millones de dólares de sus ingresos publicitarios a través de una serie de transacciones no convencionales de 2000 a 2002, antes y después de la fusión -el 11 de enero del 2001- con Time Warner.

La AOL Times Warner se agrega a una larga lista de fraudes empresarios que ha conmovido la economía de la superpotencia capitalista. Entre esos fraudes y estafas están involucrados la Enron Co (gigante petrolero), WorldCom (gigante de telecomunicaciones), Xerox (fabricante de fotocopiadoras), Global Crossing (telecomunicaciones), Adelphia (operador de cable), Harker Energy Corporation (petrolera), Halliburton (exploración petrolera), Qwest (telefonía) y las auditoras Arthur Andersen y Merry & Lynch, por presunta complicidad.

La oleada de escándalos ya está golpeando la imagen de Bush y los estadounidenses creen que el gobierno republicano está influido por las grandes empresas y no están seguros si les dicen la verdad sobre la crisis. Además son muchos los que expresan preocupación de que Bush y su vice, Dick Cheney, no hayan sido lo suficientemente sinceros sobre sus propios pasados empresarios.

Los demócratas están alegres y miran los comicios de noviembre con optimismo, pero lo cierto es que la crisis cíclica comenzó en 1998, cuando gobernaba Bill Clinton.

El cuadro de situación, el viernes 19 de julio pasado, de la Bolsa de Wall Street, terminó en medio de un descalabro.

Los Angeles Times informó que los CEO (chief executive officer) tienen miedo y vergüenza de decir públicamente que son gerentes de empresas por el descrédito en el mundo de los negocios.

Bush quiere escapar a la crisis dando un salto hacia la guerra. Tiene su «guerra antiterrorista», pero necesita expandir el poder del «complejo militar-industrial» para tratar de superar la depresión. Lo cierto es que las dos grandes guerras mundiales demostraron que el sistema capitalista siempre necesita de una confrontación bélica para superar la crisis.

Esa guerra podría ser la invasión a Irak. Con ello, dominaría la cuarta fuente petrolífera e Irak, por su poderío bélico relativo, serviría para ensayar los nuevos armamentos estadounidenses. Pero la guerra con Irak puede resultar una caja de Pandora que depare sorpresas.

Funcionarios del Pentágono han adelantado a The Observer, de Londres, que Irak es «culpable» porque es una «amenaza» y por eso se justifica una invasión que podrá ser masiva, como ocurrió contra Afganistán o selectiva, mediante la utilización de ataques «quirúrgicos», que desarticulen a las fuerzas de Saddam Hussein. Pero pueden ocurrir muchas otras cosas. Israel podría utilizar el clima para expulsar al desierto a los palestinos de Cisjordania, como ha denunciado el escritor judío Martín van Creveld, autor del libro «La espada y el olivo»; podrían caer los gobiernos de Jordania, Pakistán o Arabia Saudita y generalizarse un levantamiento islámico. O se podría desatar una guerra entre Turquía y la nación kurda. (Télam)


Después de la metódica caída de Wall Street el último fin de semana, la más grande crisis desde el desplome de 1998, cuando comenzó la crisis de las Bolsas, todo indica que el pronóstico de una depresión económica está comprobado.

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