¡Dime qué dices!…

Redacción

Por Redacción

Entré al quincho y el gordo Boedo me barajó con su estilo visigodo, directo:

-Eduardito, ¿qué opinás del discurso de Lilita Carrió?

-Cuando escucho su voz pongo los «Sonidos del silencio», de Simon y Garfunkel… un clásico de la sensatez humana…

-¿Y cuando escuchás a Rodríguez Saá?

-¡Y… al comienzo pongo «Cambalache»! Pero luego afino y afino, y me doy cuenta de que a Adolfito le cabe más la música de Manu Chao!… ¡Hay de todo en esa música!… Claro, de repente me pongo tenso y me doy cuenta de que… que hay que cerrar con un requiém… especialmente de Mendelson…

-¿Por qué algo tan patético?- preguntó Boedo.

-¡Porque mirá gordo: si Adolfito agarra este país, en pocos meses viene la carroza negra y al trote se lleva el país a la tumba con nosotros en el jonca!

-¿Y cuando escuchás a De la Sota?

-No pongo nada… ¡Nada!

-¿Cómo nada? ¿Por qué nada?

-Porque no escucho nada… sólo me imagino o veo a alguien que está hablando, pero no dice nada… Algo así como le dijo Chu En Lai a Kissinger: «Usted habla una hora y media pero no dice nada»….

-¿Y cuando escuchás a López Murphy?

-No sé… no sé… pero me trae a la memoria a Leopoldo Lugones…

-¡Pará, pará!… ¡No será por aquello de «ha llegado la hora de la espada»!- me interrumpió el gordo Boedo…

-¡No, Ricardito es un tipo democrático!… ¡Lo conozco de La Plata! ¡Era el único estudiante que usaba corbata, sobretodo y portafolios negro, tipo fuelle! ¡Siempre con «cara de guerra»! ¡Inmenso! ¡Parecía un joven secretario de un funcionario soviético de la Guerra Fría!- comenté.

-¿Pero en qué te recuerda a Lugones?

-Es la contracara de Lugones: no usa metáforas para decir lo que piensa y lo que hará si agarra la manija… ¡Lugones la única vez que habló clarito fue para pedir el golpe del «30, lo demás: un bodrio!

-¿Y cuando escuchás el discurso Kirchner, que ponés?…

-¡El discurso del general del 1º de Mayo del «74 en Plaza de Mayo, aquel de los «imberbes»!

-¿Y cuando escuchás el discurso de Cristina, la esposa de Kirchner?

-Redoblo la apuesta…

-¿Qué querés decir?…

-Que pongo el discurso del general pero a todo volumen, y paralelamente busco explicaciones en el tomo dos de la obras completas de Sigmund Freud y en los apuntes sobre los dislates del poder, de Foucault…

-¿Y cuando escuchás del radical Rozas?

– No pongo nada, reflexiono…

-¿En qué reflexionás?

-¡En el patético y pertinaz destino del Chaco ¡Jamás tuvo un político con calidad de ideas!

-Y entonces, cuando escuchás el discurso del resto de los candidatos radicales a presidente ¿en qué reflexionás?

-Mis vivencias son dobles… Por un lado, ratifico la vigencia del Realismo Mágico… y por otro, recuerdo el día en que fui al cementerio de Rímini y puse un ramo de rosas en la tumba de Fellini… ¡Vos querés gordo Boedo algo más fellinesco que los candidatos radicales a presidente!

-Y ahora que Octavio Bordón se sumó a la presidencial: ¿qué pensás de su discurso?

-Pienso en términos de ferrocarril… Me acuerdo de la letra de un tango hundido en la historia, donde a la locomotora le llaman «cara de fierro».

-¿Y qué tiene que ver Octavio con la locomotora?

-¡Gordo Boedo… Boedo! ¡Hay que tener «cara de fierro» para creer que Bordón puede ser presidente- comenté y abrimos una botella de Bodegas Catena negro como el carbón que despedía «La Morocha»…

Eduardo Gilimón


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