Norcorea comienza a mostrar sus cartas

Redacción

Por Redacción

Desde hace semanas Corea del Norte, con un liderazgo aislado del resto del mundo y que está convencido de que amenazar y atropellar vale más que dialogar, tiene al mundo entero en vilo. Porque está sugiriendo, con hechos y palabras, que sería capaz de agredir a los demás hasta con armas de destrucción masiva, lo que no es pequeña cosa. Por su paranoia, no es, sin embargo, posible no tomar en serio a los norcoreanos. Han demostrado, con reiterados y recientes hechos violentos de agresión, que son capaces de todo, con el más absoluto desprecio por la vida de los civiles inocentes. Después del desafiante ensayo nuclear norcoreano del 12 de febrero pasado y el consiguiente paquete de sanciones de las Naciones Unidas, la tensión ha crecido. Enormemente. No obstante, el mundo sabe que los norcoreanos siempre amenazan sin límites, para tratar de conseguir solucionar problemas causados por su incapacidad de gobernar. Recordemos que ni siquiera pueden alimentar a su propio pueblo. Por esto la historia nos enseña que, tras la habitual andanada de horribles amenazas, vienen los pedidos. Que a veces han sido atendidos para así calmar a un país violento, al menos temporalmente. Pero está aquello de que “tanto va el cántaro a la fuente” y por ello hoy todos sospechan que pronto llegará la hora de cambiar las amenazas por pedidos altivos, prepotentes, como siempre hasta ahora. La verdad es que acaban de aparecer las primeras señales de que esto podría ser efectivamente así. Una vez más. Lo que naturalmente no debería generar el levantamiento de las medidas preventivas ya desplegadas por el resto del mundo, ni las alertas que existen. Porque el régimen dinástico de los Kim es muy peligroso. Pero ocurre que Corea del Norte acaba de hacer conocer una lista de condiciones para sentarse a dialogar con sus “enemigos”, de modo de extorsionarlos para conseguir lo que desea. Y el ciclo normal vuelve a aparecer. En efecto, la Comisión Norcoreana de Defensa Nacional acaba de publicar una lista de “condiciones previas” para reanudar el diálogo con su vecino del sur, la exitosa Corea del Sur y con los Estados Unidos (país al que asignan carácter de “par” de Corea del Norte). Entre ellas, el cese de las maniobras militares conjuntas de Corea del Sur y los Estados Unidos y dejar sin efecto las sanciones dispuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Un pedido de imposible cumplimiento que seguramente provocará el inmediato rechazo de esas exigencias. Pero es su forma habitual de “empezar a hablar”. Si esas “condiciones previas” se cumplen, los norcoreanos anuncian que están dispuestos a sentarse en la mesa del diálogo. Lo cierto es que la celebración del 101 aniversario del nacimiento del fundador de Corea del Norte, el deificado Kim Il-sung, abuelo del joven líder actual, Kim Jong-un, no incluyó ataque ni agresión alguna. Sólo un nuevo “ultimátum”, que por cierto no impresionó a nadie, desde que se sumó a una serie interminable de bravatas, todas ellas peligrosísimas. A las condiciones antes mencionadas, el Ejército norcoreano agregó otra, de su propio estilo, la de “pedir disculpas por las acciones hostiles” de los demás. Parece mentira, pero es así. Tampoco ocurrirá. Para la comunidad internacional, siempre más de lo mismo. Cada vez con mayor exageración, como si la capacidad de asombro del mundo no tuviera límite alguno. La realidad es que el peligro existe y la conducta y el estilo de Corea del Norte son archiconocidos. Tanto, que carece de credibilidad. Lo que supone tener como posible que Corea del Norte sea capaz de provocar un holocausto, sin que a su extraño liderazgo le tiemble un músculo de la cara. Me olvidaba, lector: Corea del Norte acaba de reconocer a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. Para esa urgencia ha tenido tiempo. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

GUSTAVO CHOPITEA (*)


Desde hace semanas Corea del Norte, con un liderazgo aislado del resto del mundo y que está convencido de que amenazar y atropellar vale más que dialogar, tiene al mundo entero en vilo. Porque está sugiriendo, con hechos y palabras, que sería capaz de agredir a los demás hasta con armas de destrucción masiva, lo que no es pequeña cosa. Por su paranoia, no es, sin embargo, posible no tomar en serio a los norcoreanos. Han demostrado, con reiterados y recientes hechos violentos de agresión, que son capaces de todo, con el más absoluto desprecio por la vida de los civiles inocentes. Después del desafiante ensayo nuclear norcoreano del 12 de febrero pasado y el consiguiente paquete de sanciones de las Naciones Unidas, la tensión ha crecido. Enormemente. No obstante, el mundo sabe que los norcoreanos siempre amenazan sin límites, para tratar de conseguir solucionar problemas causados por su incapacidad de gobernar. Recordemos que ni siquiera pueden alimentar a su propio pueblo. Por esto la historia nos enseña que, tras la habitual andanada de horribles amenazas, vienen los pedidos. Que a veces han sido atendidos para así calmar a un país violento, al menos temporalmente. Pero está aquello de que “tanto va el cántaro a la fuente” y por ello hoy todos sospechan que pronto llegará la hora de cambiar las amenazas por pedidos altivos, prepotentes, como siempre hasta ahora. La verdad es que acaban de aparecer las primeras señales de que esto podría ser efectivamente así. Una vez más. Lo que naturalmente no debería generar el levantamiento de las medidas preventivas ya desplegadas por el resto del mundo, ni las alertas que existen. Porque el régimen dinástico de los Kim es muy peligroso. Pero ocurre que Corea del Norte acaba de hacer conocer una lista de condiciones para sentarse a dialogar con sus “enemigos”, de modo de extorsionarlos para conseguir lo que desea. Y el ciclo normal vuelve a aparecer. En efecto, la Comisión Norcoreana de Defensa Nacional acaba de publicar una lista de “condiciones previas” para reanudar el diálogo con su vecino del sur, la exitosa Corea del Sur y con los Estados Unidos (país al que asignan carácter de “par” de Corea del Norte). Entre ellas, el cese de las maniobras militares conjuntas de Corea del Sur y los Estados Unidos y dejar sin efecto las sanciones dispuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Un pedido de imposible cumplimiento que seguramente provocará el inmediato rechazo de esas exigencias. Pero es su forma habitual de “empezar a hablar”. Si esas “condiciones previas” se cumplen, los norcoreanos anuncian que están dispuestos a sentarse en la mesa del diálogo. Lo cierto es que la celebración del 101 aniversario del nacimiento del fundador de Corea del Norte, el deificado Kim Il-sung, abuelo del joven líder actual, Kim Jong-un, no incluyó ataque ni agresión alguna. Sólo un nuevo “ultimátum”, que por cierto no impresionó a nadie, desde que se sumó a una serie interminable de bravatas, todas ellas peligrosísimas. A las condiciones antes mencionadas, el Ejército norcoreano agregó otra, de su propio estilo, la de “pedir disculpas por las acciones hostiles” de los demás. Parece mentira, pero es así. Tampoco ocurrirá. Para la comunidad internacional, siempre más de lo mismo. Cada vez con mayor exageración, como si la capacidad de asombro del mundo no tuviera límite alguno. La realidad es que el peligro existe y la conducta y el estilo de Corea del Norte son archiconocidos. Tanto, que carece de credibilidad. Lo que supone tener como posible que Corea del Norte sea capaz de provocar un holocausto, sin que a su extraño liderazgo le tiemble un músculo de la cara. Me olvidaba, lector: Corea del Norte acaba de reconocer a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. Para esa urgencia ha tenido tiempo. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

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