“Hay mucha arrogancia

Con verbo sincero y espíritu inquieto, Leonardo Boff pasó por la Feria del Libro brindando una mirada optimista sobre el rol del papa Francisco y conversó –a las apuradas– con este diario.

Redacción

Por Redacción

entrevista: Leonardo Boff, teólogo

carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

–¿Va por buen camino Francisco para reinstalar la Iglesia Católica de la tormenta que la sacude?

–Sí, y sí porque sabe muy bien lo que le sucede a la Iglesia. Es un ser inteligente, sagaz… hay que acompañarlo. Mire, el diagnóstico de lo que le sucede a la Iglesia Católica está en la superficie, se conoce sin mayor esfuerzo mental. Francisco recién arranca, nos corresponde ayudarlo… Ya adoptó decisiones que hablan de su vocación de meter mano en los problemas, de asesorarse bien sobre todo el mundo de decisiones que tiene ante sí.

–En relación con esto recién, aquí en la Feria del Libro, usted dijo que Francisco acertaba al designar al cardenal Madariaga entre sus asesores…

–Hablé de él, pero también dije que era acertado crear consejo de ocho cardenales. Madariaga es un hombre talentoso, con fuerte espíritu crítico, abierto…

–Pero usted también dijo que es necesario que los obispos den un paso adelante, un sínodo de obispos para gobernar la Iglesia. ¿Hoy no pesan?

–Deben gravitar más en esa dirección, no dejar que otros planos de la Iglesia los desplacen por ejercicio de poder. Los obispos tienen ahí, al alcance de sus manos, de sus palabras, lo mejor que tiene la Iglesia: la gente, su pueblo, sus ovejas como solemos decir… Ahí, donde el Evangelio tiene su inmenso sentido, su contenido de vida, de amor, de entrega, de defensa de la vida, de luchar por los que sufren, de luchar contra la injusticia… es decir el Evangelio en todo lo que tiene como dimensión teológica.

–Usted conoce la Iglesia neuquina, sabe de su historia. Estuvo incluso en la provincia y aquí, en la Feria del Libro, hubo gente de Neuquén escuchándolo. ¿El perfil de ese obispo que usted define es don Jaime?

–Exactamente. Un legado de entrega total al Evangelio.

–En su exposición en la Feria habló de una “nueva época” para la Iglesia Católica, creí entender que fundamentalmente para la de Latinoamérica y África. Si es así, ¿de qué se trata?

–Que aun siendo desde ya la misma Iglesia, ya no somos espejo de la Iglesia europea. Diríamos, tenemos personalidad propia construida en espacios continentales con problemas muy propios, donde ya sabemos qué implican para el Evangelio… Son iglesias donde más avanza, aun por momentos a marcha lenta pero marcha, la actitud pastoral sencilla, directa, donde lo que importa es lo que se dice y se hace. No otras cuestiones

–¿Qué cuestiones?

–La ornamentación, los títulos de poder, lo ceremonial como expresión o protagonismo de ese poder… el olor de los altares… el altar como ese lugar distante, riguroso… Todo eso no es el hogar espiritual que debe ser la Iglesia.

–¿Qué es la Iglesia que no debe ser la Iglesia?

–Mucha arrogancia… ortodoxia, miedo a lo distinto, a la diversidad. Todo un modelo de miedo que por supuesto hace a miedo al futuro, los interrogantes que llegan con los tiempos… Un modelo muy trabajado desde Roma, claro. El Vaticano que tiene que cambiar Francisco, junto con los millones de seres que lo vamos a acompañar, es el Vaticano que reclama toda la centralidad en materia de salvación, moral, la única verdad… el absoluto. Reclamar eso es arrogancia…

–Hábleme de Ratzinger. En la Feria dijo que habían sido amigos.

– Y que ya no lo éramos. Lo conocí a mediados de los 60, cuando yo estudiaba en Alemania. Inteligente. Aunque no fui alumno suyo, aprobó por así decir, mi tesis doctoral “El lugar de la Iglesia en el mundo secularizado”. Hablamos mu-cho en esos años, coincidiendo, discrepando, pero con argumentos, con libertad… Incluso cuando llegó a titular de la Congregación para la Doctrina de la Fe me alegré porque, finalmente, ese puesto caía en un teólogo e inteligente…

–Pero la congregación era la heredera de la Inquisición…

– Sí, sí…

– Pero sin hoguera…

–Menos mal… pero bueno, un teólogo a cargo de un nivel tan dogmático y con tanta mala fama… quizá era una posibilidad de cambiar algo. Pero con el tiempo y a modo de respuesta de mi pensamiento, mi trabajo, mis ideas, mis advertencias sobre cómo se estaba alejando Roma del Evangelio, etc. , etc. Ratzinger me convocó. Me sentó en la misma silla que el ex-Santo Oficio había a Giordano Bruno y a Galileo y me sancionó. El proceso se inició por mi libro “Iglesia: carisma y poder”… Me obligaron a dejar de ser sacerdote, dejar cátedras y procuraron que me hundiera en no sé… No lo lograron.

–¿Volvió a verlo a Ratzinger ya papa?

–No, no… como papa, se va por no sé… una puerta chica que no se relaciona con el teólogo muy inteligente que fue y que conocí intensamente.

–Usted ha señalado en diversas oportunidades que hay un “bacilo romano”, o sea algo que atrapa a quien llega a liderar al Vaticano. Los inmoviliza. ¿Francisco está libre de ser atrapado por ese bacilo?

–Con él comienza el gran cambio.

–Si busca referencias en la historia, ¿hacia dónde debe mirar para arrancar?

– En el Concilio Vaticano II… lo dije recién. Roma se ha encargado hasta hoy de correrlo.

–¿Y el celibato?

–También lo dije recién… una herencia, una disciplina definida en el Concilio de Trento. A la larga, será optativo…


entrevista: Leonardo Boff, teólogo

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