Peronismo para siempre
En otras latitudes democráticas, el que según parece varios integrantes del mismo movimiento político hayan llegado a un acuerdo preelectoral tentativo no motivaría ninguna sorpresa, pero estamos tan acostumbrados a la fragmentación que la presunta voluntad de cerrar filas de los peronistas “disidentes” José Manuel de la Sota, Roberto Lavagna, Hugo Moyano y Francisco de Narváez puede considerarse una novedad importante, ya que es probable que del grupo así supuesto, que con toda seguridad se ampliará en los meses próximos, surja el eventual sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Bien que mal, hay un consenso en el sentido de que el peronismo continuará dominando el panorama político nacional y que, aun cuando un representante de otra corriente lograra instalarse en la Casa Rosada, le sería necesario contar con una “pata” peronista fuerte porque de lo contrario no le sería dado sobrevivir a las embestidas de los sindicatos y las presiones de intendentes del conurbano bonaerense. Así las cosas, de las opciones actualmente disponibles la conformada por los “disidentes”, que esperan conseguir la adhesión del gobernador Daniel Scioli, cuando por fin se anime a romper con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y del intendente de Tigre, Sergio Massa, que por razones no muy claras mide bien en las encuestas de opinión, parece ser la menos mala. Para los convencidos de que el peronismo ha sido responsable de la transformación de la Argentina de un país tan promisorio como Australia o Canadá en uno que ya se ha visto superado por Corea del Sur, Chile y muchos otros, la capacidad de facciones oportunamente disidentes del movimiento que salió de las entrañas de una dictadura militar para reinventarse a cada rato, adaptándose con rapidez asombrosa a los cambios tanto internos como externos, de tal manera erigiéndose en la alternativa mejor ubicada a un gobierno igualmente peronista, es motivo de frustración. Sin embargo, la plasticidad extraordinaria del peronismo le ha permitido ubicarse en tantos espacios políticos y sociales que a los demás no les es posible combinarse para enfrentarlo. Asimismo, dadas las circunstancias, no les convendría intentarlo. Puesto que virtualmente todos los dirigentes opositores reconocen que corre peligro el Estado de derecho, tendrán que formar un frente común en defensa de las instituciones, dejando para más adelante los debates acerca de sus muchas diferencias ideológicas, pero sorprendería que ello ocurriera. Con todo, como ya es habitual, parecería que los radicales están preparándose para hacer rancho aparte, mientras que los seguidores de Mauricio Macri sospechan que Lavagna se ha prestado a una intriga complicada con el propósito de ser el candidato de lo que podría calificarse de “la normalidad nacional”, marginando a su hombre, mientras que el camionero Moyano aprovechó lo que tomó por una oportunidad para imitar al piquetero kirchnerista Luis D’Elía y ensañarse con quienes “tienen ojos celestes”, dando a entender que en su opinión la Argentina se ha convertido en escenario de un conflicto racial. Luego de celebrar un acto en Córdoba para el Día del Trabajador, los peronistas disidentes, de ojos de distintos colores, difundieron una solicitada con el título “Unidos por vos” en que se comprometieron no sólo a “defender la Constitución, la independencia del Poder Judicial, la libertad”, lo que no debería plantear demasiados problemas, sino también a “aportar soluciones concretas que terminen con la inflación, los impuestos injustos al trabajo y la producción, la violencia de la inseguridad y la precarización del empleo”. Se trata de una lista de deseos que sin duda comparte la mayoría de los habitantes del país, pero, por desgracia, no equivale a un programa de gobierno. Si bien es comprensible que sean reacios a entrar en detalle, informándonos cómo se las arreglarían para “terminar” con la inflación sin llevar a cabo un ajuste que sería denunciado por “neoliberal”, prescindir de los “impuestos injustos al trabajo y la producción” sin por eso desmantelar un sinnúmero de programas sociales e impedir los despidos, tales problemas plantean desafíos que los eventuales herederos del “modelo” contrahecho improvisado por los kirchneristas tendrán forzosamente que enfrentar.
En otras latitudes democráticas, el que según parece varios integrantes del mismo movimiento político hayan llegado a un acuerdo preelectoral tentativo no motivaría ninguna sorpresa, pero estamos tan acostumbrados a la fragmentación que la presunta voluntad de cerrar filas de los peronistas “disidentes” José Manuel de la Sota, Roberto Lavagna, Hugo Moyano y Francisco de Narváez puede considerarse una novedad importante, ya que es probable que del grupo así supuesto, que con toda seguridad se ampliará en los meses próximos, surja el eventual sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Bien que mal, hay un consenso en el sentido de que el peronismo continuará dominando el panorama político nacional y que, aun cuando un representante de otra corriente lograra instalarse en la Casa Rosada, le sería necesario contar con una “pata” peronista fuerte porque de lo contrario no le sería dado sobrevivir a las embestidas de los sindicatos y las presiones de intendentes del conurbano bonaerense. Así las cosas, de las opciones actualmente disponibles la conformada por los “disidentes”, que esperan conseguir la adhesión del gobernador Daniel Scioli, cuando por fin se anime a romper con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y del intendente de Tigre, Sergio Massa, que por razones no muy claras mide bien en las encuestas de opinión, parece ser la menos mala. Para los convencidos de que el peronismo ha sido responsable de la transformación de la Argentina de un país tan promisorio como Australia o Canadá en uno que ya se ha visto superado por Corea del Sur, Chile y muchos otros, la capacidad de facciones oportunamente disidentes del movimiento que salió de las entrañas de una dictadura militar para reinventarse a cada rato, adaptándose con rapidez asombrosa a los cambios tanto internos como externos, de tal manera erigiéndose en la alternativa mejor ubicada a un gobierno igualmente peronista, es motivo de frustración. Sin embargo, la plasticidad extraordinaria del peronismo le ha permitido ubicarse en tantos espacios políticos y sociales que a los demás no les es posible combinarse para enfrentarlo. Asimismo, dadas las circunstancias, no les convendría intentarlo. Puesto que virtualmente todos los dirigentes opositores reconocen que corre peligro el Estado de derecho, tendrán que formar un frente común en defensa de las instituciones, dejando para más adelante los debates acerca de sus muchas diferencias ideológicas, pero sorprendería que ello ocurriera. Con todo, como ya es habitual, parecería que los radicales están preparándose para hacer rancho aparte, mientras que los seguidores de Mauricio Macri sospechan que Lavagna se ha prestado a una intriga complicada con el propósito de ser el candidato de lo que podría calificarse de “la normalidad nacional”, marginando a su hombre, mientras que el camionero Moyano aprovechó lo que tomó por una oportunidad para imitar al piquetero kirchnerista Luis D’Elía y ensañarse con quienes “tienen ojos celestes”, dando a entender que en su opinión la Argentina se ha convertido en escenario de un conflicto racial. Luego de celebrar un acto en Córdoba para el Día del Trabajador, los peronistas disidentes, de ojos de distintos colores, difundieron una solicitada con el título “Unidos por vos” en que se comprometieron no sólo a “defender la Constitución, la independencia del Poder Judicial, la libertad”, lo que no debería plantear demasiados problemas, sino también a “aportar soluciones concretas que terminen con la inflación, los impuestos injustos al trabajo y la producción, la violencia de la inseguridad y la precarización del empleo”. Se trata de una lista de deseos que sin duda comparte la mayoría de los habitantes del país, pero, por desgracia, no equivale a un programa de gobierno. Si bien es comprensible que sean reacios a entrar en detalle, informándonos cómo se las arreglarían para “terminar” con la inflación sin llevar a cabo un ajuste que sería denunciado por “neoliberal”, prescindir de los “impuestos injustos al trabajo y la producción” sin por eso desmantelar un sinnúmero de programas sociales e impedir los despidos, tales problemas plantean desafíos que los eventuales herederos del “modelo” contrahecho improvisado por los kirchneristas tendrán forzosamente que enfrentar.
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