Almas gemelas

Redacción

Por Redacción

A pesar de la presunta amistad personal que sentía por el recién fallecido caudillo Hugo Chávez, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha vacilado en proclamarse bolivariana, es de suponer porque entiende que las repercusiones internacionales de un anuncio en tal sentido serían negativas, pero su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, no quiere que queden dudas acerca de su ubicación en el mapa político latinoamericano. Así, pues, el hombre que habla con pajaritos aprovechó una visita breve a nuestro país para informarnos que, además de ser un obrero, chavista y peronista, se siente tan kirchnerista como cualquier militante local. Aunque sólo se haya tratado de un piropo, a Cristina no la ayudaría en absoluto la convicción aparente del heredero de Chávez de que el gobierno argentino se asemeja muchísimo al venezolano, ya que abundan los motivos para prever que la gestión de Maduro resulte ser tan tumultuosa como catastrófica, si es que logra consolidarse como líder del “socialismo del siglo XXI” inventado por su padrino. Según una encuesta de opinión reciente, a menos de un mes de las elecciones en que, conforme al régimen que maneja todos los organismos de control, Maduro consiguió superar a su contrincante, Henrique Capriles, por apenas el 1,49% de los votos, de celebrarse nuevamente las elecciones las perdería por más de cinco puntos, lo que no es demasiado sorprendente ya que, a juzgar por su conducta, sencillamente no está a la altura de las responsabilidades que ha asumido. Pero no sólo es cuestión de las excentricidades de Maduro y de su falta evidente de carisma. Chávez le legó una crisis económica que ya ha tenido un impacto muy doloroso en la vida de los venezolanos más pobres que, de tomarse en serio la propaganda del régimen, han sido los más beneficiados por la extravagante “revolución bolivariana”. De todos modos, es lógico que Maduro se haya sentido impresionado por lo mucho que tienen en común su propio país y la Argentina kirchnerista. No lo dirá el venezolano, pero el auge del chavismo y del kirchnerismo fueron consecuencias directas de la irrupción de China como una gran potencia comercial cuyas necesidades hicieron aumentar mucho los precios de los recursos naturales, entre ellos el petróleo, y los productos del campo, en especial la soja. Convencidos de que el torrente de dinero proporcionado por la nueva coyuntura mundial continuaría aumentando, sendos gobiernos se dedicaron a gastarlo según criterios netamente políticos, cuando no partidarios, hasta que un buen día descubrieron que no tenían suficiente, de ahí la inflación que en ambos países ya se aproxima al 30% anual. Para conservar el poder y la impunidad que otorga, chavistas y kirchneristas se han puesto a “democratizar” la Justicia y también, desde luego, a invertir aún más dinero en los imperios mediáticos oficialistas que han construido, pero parecería que tanto en Venezuela como en la Argentina la gente está perdiendo interés en sus relatos respectivos, aunque sólo fuera porque le preocupa más el aumento constante del costo de vida. Con todo, hay por lo menos una diferencia insalvable entre Maduro por un lado y Cristina por el otro. Mientras que el venezolano se ve rodeado por personas que en cualquier momento podrían destituirlo con el propósito de reemplazarlo por alguien un tanto más prestigioso, la presidenta argentina se las ha arreglado para alejar a todos los sospechosos de estar en condiciones de hacerle sombra. Sin Maduro, el chavismo podría fortalecerse; sin Cristina, el kirchnerismo se esfumaría muy pronto, ya que no hay nadie en su entorno que sería capaz de ocupar su lugar. Asimismo, mientras que los chavistas cuentan con el apoyo de las fuerzas armadas venezolanas –en verdad, se trata de un régimen casi militar que está acostumbrado a obedecer a un “comandante”– y de milicias politizadas bien pertrechadas, a los kirchneristas les sería más difícil intimidar de la misma manera al resto de la población. Por lo tanto, si bien es probable que el ocaso del chavismo en Venezuela, uno de los países más violentos del planeta, se vea acompañado por conflictos sanguinarios, la eventual salida del escenario del kirchnerismo podría ser menos traumática aun cuando muchos crean que los soldados de Cristina estarían dispuestos a ir a virtualmente cualquier extremo para mantenerse en el poder.


A pesar de la presunta amistad personal que sentía por el recién fallecido caudillo Hugo Chávez, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha vacilado en proclamarse bolivariana, es de suponer porque entiende que las repercusiones internacionales de un anuncio en tal sentido serían negativas, pero su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, no quiere que queden dudas acerca de su ubicación en el mapa político latinoamericano. Así, pues, el hombre que habla con pajaritos aprovechó una visita breve a nuestro país para informarnos que, además de ser un obrero, chavista y peronista, se siente tan kirchnerista como cualquier militante local. Aunque sólo se haya tratado de un piropo, a Cristina no la ayudaría en absoluto la convicción aparente del heredero de Chávez de que el gobierno argentino se asemeja muchísimo al venezolano, ya que abundan los motivos para prever que la gestión de Maduro resulte ser tan tumultuosa como catastrófica, si es que logra consolidarse como líder del “socialismo del siglo XXI” inventado por su padrino. Según una encuesta de opinión reciente, a menos de un mes de las elecciones en que, conforme al régimen que maneja todos los organismos de control, Maduro consiguió superar a su contrincante, Henrique Capriles, por apenas el 1,49% de los votos, de celebrarse nuevamente las elecciones las perdería por más de cinco puntos, lo que no es demasiado sorprendente ya que, a juzgar por su conducta, sencillamente no está a la altura de las responsabilidades que ha asumido. Pero no sólo es cuestión de las excentricidades de Maduro y de su falta evidente de carisma. Chávez le legó una crisis económica que ya ha tenido un impacto muy doloroso en la vida de los venezolanos más pobres que, de tomarse en serio la propaganda del régimen, han sido los más beneficiados por la extravagante “revolución bolivariana”. De todos modos, es lógico que Maduro se haya sentido impresionado por lo mucho que tienen en común su propio país y la Argentina kirchnerista. No lo dirá el venezolano, pero el auge del chavismo y del kirchnerismo fueron consecuencias directas de la irrupción de China como una gran potencia comercial cuyas necesidades hicieron aumentar mucho los precios de los recursos naturales, entre ellos el petróleo, y los productos del campo, en especial la soja. Convencidos de que el torrente de dinero proporcionado por la nueva coyuntura mundial continuaría aumentando, sendos gobiernos se dedicaron a gastarlo según criterios netamente políticos, cuando no partidarios, hasta que un buen día descubrieron que no tenían suficiente, de ahí la inflación que en ambos países ya se aproxima al 30% anual. Para conservar el poder y la impunidad que otorga, chavistas y kirchneristas se han puesto a “democratizar” la Justicia y también, desde luego, a invertir aún más dinero en los imperios mediáticos oficialistas que han construido, pero parecería que tanto en Venezuela como en la Argentina la gente está perdiendo interés en sus relatos respectivos, aunque sólo fuera porque le preocupa más el aumento constante del costo de vida. Con todo, hay por lo menos una diferencia insalvable entre Maduro por un lado y Cristina por el otro. Mientras que el venezolano se ve rodeado por personas que en cualquier momento podrían destituirlo con el propósito de reemplazarlo por alguien un tanto más prestigioso, la presidenta argentina se las ha arreglado para alejar a todos los sospechosos de estar en condiciones de hacerle sombra. Sin Maduro, el chavismo podría fortalecerse; sin Cristina, el kirchnerismo se esfumaría muy pronto, ya que no hay nadie en su entorno que sería capaz de ocupar su lugar. Asimismo, mientras que los chavistas cuentan con el apoyo de las fuerzas armadas venezolanas –en verdad, se trata de un régimen casi militar que está acostumbrado a obedecer a un “comandante”– y de milicias politizadas bien pertrechadas, a los kirchneristas les sería más difícil intimidar de la misma manera al resto de la población. Por lo tanto, si bien es probable que el ocaso del chavismo en Venezuela, uno de los países más violentos del planeta, se vea acompañado por conflictos sanguinarios, la eventual salida del escenario del kirchnerismo podría ser menos traumática aun cuando muchos crean que los soldados de Cristina estarían dispuestos a ir a virtualmente cualquier extremo para mantenerse en el poder.

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