“¿Municipalizar la Policía?”
La política es una ciencia y como tal tiene objeto, método, principios y premisas imposibles de soslayar si se quiere obtener éxito en lograr el objetivo propuesto. Por ello su hija predilecta, la “política pública”, tiene requisitos imprescindibles en su predicamento y construcción, como es el de adosarle la técnica de la planificación y trazar como primera medida el mejor de los diagnósticos sin errar en ello, tal como aconsejan los cultores de esta ciencia, y así obtener un pronóstico certero o sin fisuras. Sobre la construcción de políticas públicas en el ámbito de la seguridad en nuestra provincia, más precisamente sobre la tentativa de diseñar una policía municipal, causa estupor. Pareciera ser que quien tiene la responsabilidad de bregar por tener una policía jerarquizada, creíble y respetada hace todo lo posible para alejarla de la sociedad relegándola a su máxima expresión, como que la institución policial o sus integrantes son los enemigos de la sociedad y no la delincuencia. La institución policial es una organización del Estado moderno, es una creación de la cultura, un mandato constitucional y una necesidad social. Con sus recursos humanos a los que hay que capacitar, inducirlos y conducirlos, es como una gran empresa en el ámbito privado y como tal hay que dirigirla. No sería loable que a una organización o empresa con un desarrollo sustentable, con empleados y obreros calificados y de alto rendimiento, imprevistamente los responsables de su cumbre estratégica resolvieran transformarla en una pyme. Es perversión social lisa y llana. La institución policial de Río Negro tiene un historial memorable, valores intrínsecos acuñados a través de los tiempos a los que hay que rescatar, junto a su mística entrañable que se está perdiendo y que la hicieron venerable como una de las mejores del país. Con esta propuesta de municipalizarla, alejada de toda lógica de alta conducción, pareciera que existen resabios ocultos y que no quieren revelarse, seguramente herencia del último gobierno de facto y al que no escaparon otras instituciones del país. En esta orientación en que aparece el influjo de la Sra. Nilda Garré o el Sr. Arslanian, combatiendo y relegando a la institución en lugar de poner el esfuerzo en combatir a la delincuencia, creo que hemos equivocado el rumbo en la conducción de la Policía. Sólo se requiere planificación, organización y control de los recursos para optimizar la gestión en política de Seguridad, y no la delegación de su rol a las municipalidades. Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas
Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas
La política es una ciencia y como tal tiene objeto, método, principios y premisas imposibles de soslayar si se quiere obtener éxito en lograr el objetivo propuesto. Por ello su hija predilecta, la “política pública”, tiene requisitos imprescindibles en su predicamento y construcción, como es el de adosarle la técnica de la planificación y trazar como primera medida el mejor de los diagnósticos sin errar en ello, tal como aconsejan los cultores de esta ciencia, y así obtener un pronóstico certero o sin fisuras. Sobre la construcción de políticas públicas en el ámbito de la seguridad en nuestra provincia, más precisamente sobre la tentativa de diseñar una policía municipal, causa estupor. Pareciera ser que quien tiene la responsabilidad de bregar por tener una policía jerarquizada, creíble y respetada hace todo lo posible para alejarla de la sociedad relegándola a su máxima expresión, como que la institución policial o sus integrantes son los enemigos de la sociedad y no la delincuencia. La institución policial es una organización del Estado moderno, es una creación de la cultura, un mandato constitucional y una necesidad social. Con sus recursos humanos a los que hay que capacitar, inducirlos y conducirlos, es como una gran empresa en el ámbito privado y como tal hay que dirigirla. No sería loable que a una organización o empresa con un desarrollo sustentable, con empleados y obreros calificados y de alto rendimiento, imprevistamente los responsables de su cumbre estratégica resolvieran transformarla en una pyme. Es perversión social lisa y llana. La institución policial de Río Negro tiene un historial memorable, valores intrínsecos acuñados a través de los tiempos a los que hay que rescatar, junto a su mística entrañable que se está perdiendo y que la hicieron venerable como una de las mejores del país. Con esta propuesta de municipalizarla, alejada de toda lógica de alta conducción, pareciera que existen resabios ocultos y que no quieren revelarse, seguramente herencia del último gobierno de facto y al que no escaparon otras instituciones del país. En esta orientación en que aparece el influjo de la Sra. Nilda Garré o el Sr. Arslanian, combatiendo y relegando a la institución en lugar de poner el esfuerzo en combatir a la delincuencia, creo que hemos equivocado el rumbo en la conducción de la Policía. Sólo se requiere planificación, organización y control de los recursos para optimizar la gestión en política de Seguridad, y no la delegación de su rol a las municipalidades. Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas
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