“Sin escrúpulos”
¿Puede ser que el dolor nos quite la capacidad de reflexionar? Nunca estuve en una situación límite, así que es una pregunta que no puedo contestar por la experiencia. Voy a apelar al razonamiento y al sentido común para tratar de responderla. Me pregunto qué haría yo en una situación límite, en una circunstancia donde alguno de mis hijos sea severamente lastimado con maldad. Lo primero que me viene a la mente es una gran ira y deseos profundos de lastimar al causante del daño en todas las formas posibles. No me importa nada de lo que diga, no quiero ni deseo escuchar ninguna explicación que salga de sus labios o de su entorno. Solamente quiero justicia. Lo denuncio ante las autoridades pero no me basta, mi dolor debe ser compensado con su padecimiento. Voy a los medios (radios, televisión, diarios, etc.), les cuento mi versión de lo ocurrido, hago pegatinas de panfletos con su rostro en su vecindario, en su trabajo, en la ciudad, mi abogado me incita a seguir adelante, la opinión pública debe conocer al que le causó daño a mi hija, debe saber que es un ser execrable. De pronto me detuve a leer lo que había escrito y me sorprendí porque tenía delante de mis ojos a un padre lleno de dolor y clamando justicia y, al mismo tiempo, a un hombre sin escrúpulos al que no le interesaba esperar a que se haga justicia y que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguirla. En este punto de mi reflexión llegué a la conclusión de que en nuestros días sucede esto, ya nadie quiere esperar a que se haga justicia. El dolor, el deseo de venganza, la maldad o cualquier otro disparador de lo peor de nosotros nos lleva a hacer cosas para influenciar a la opinión pública y por ende a los jueces. Allí, donde un profesional debe aconsejar prudencia, respeto a las leyes y la espera de los tiempos de la Justicia, nos encontramos con personas inescrupulosas cuyo único interés es ganar un caso, aumentar su prestigio o hacerse más conocido. No importa la justicia, no importa si detrás del presunto culpable hay una familia, hijos, esposa, padres o hermanos, si pierde el trabajo y el respeto de sus conciudadanos. Solamente importa hacer más daño. El dolor no me puede hacer perder de vista los valores fundamentales con los que vivo en una sociedad. La justicia es uno de ellos. A partir de aquí debo decir que quiero la mayor condena para el culpable, sea quien sea, cuando los jueces, y no los medios inescrupulosos o la opinión pública influenciada, lo encuentren culpable, después de darle su derecho a defenderse. Quiero, para él, todo el peso de la ley para que pague a los damnificados por sus actos. Y si es inocente, quiero que salga limpio y pueda continuar con su vida lo más normal que semejante circunstancia vivida le permita. Quien realiza justicia por mano propia jamás podrá volver a hacerlo; vaya a donde vaya alguien lo va a señalar. La justicia no será justicia. Escribo esta carta por el caso de presunto abuso y violación a una niña en Rincón de los Sauces. Conozco a la familia del presunto abusador, soy amigo de sus padres y de él mismo, desde hace 20 años. Sé lo que están sufriendo por su hijo y también por esa niña. No conozco a la familia de la niña. En este momento siento un inmenso dolor por las dos familias. Soy un hijo de Dios y oro para que el señor les dé paz y alivie el dolor en sus corazones. Pero veo con un inmenso pesar cómo la sociedad toda, de una manera alarmante, pierde valores fundamentales: el respeto a la defensa en juicio es otro de ellos. Gilberto Federico Matto DNI 12.760.466 Aluminé
Gilberto Federico Matto DNI 12.760.466 Aluminé
¿Puede ser que el dolor nos quite la capacidad de reflexionar? Nunca estuve en una situación límite, así que es una pregunta que no puedo contestar por la experiencia. Voy a apelar al razonamiento y al sentido común para tratar de responderla. Me pregunto qué haría yo en una situación límite, en una circunstancia donde alguno de mis hijos sea severamente lastimado con maldad. Lo primero que me viene a la mente es una gran ira y deseos profundos de lastimar al causante del daño en todas las formas posibles. No me importa nada de lo que diga, no quiero ni deseo escuchar ninguna explicación que salga de sus labios o de su entorno. Solamente quiero justicia. Lo denuncio ante las autoridades pero no me basta, mi dolor debe ser compensado con su padecimiento. Voy a los medios (radios, televisión, diarios, etc.), les cuento mi versión de lo ocurrido, hago pegatinas de panfletos con su rostro en su vecindario, en su trabajo, en la ciudad, mi abogado me incita a seguir adelante, la opinión pública debe conocer al que le causó daño a mi hija, debe saber que es un ser execrable. De pronto me detuve a leer lo que había escrito y me sorprendí porque tenía delante de mis ojos a un padre lleno de dolor y clamando justicia y, al mismo tiempo, a un hombre sin escrúpulos al que no le interesaba esperar a que se haga justicia y que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguirla. En este punto de mi reflexión llegué a la conclusión de que en nuestros días sucede esto, ya nadie quiere esperar a que se haga justicia. El dolor, el deseo de venganza, la maldad o cualquier otro disparador de lo peor de nosotros nos lleva a hacer cosas para influenciar a la opinión pública y por ende a los jueces. Allí, donde un profesional debe aconsejar prudencia, respeto a las leyes y la espera de los tiempos de la Justicia, nos encontramos con personas inescrupulosas cuyo único interés es ganar un caso, aumentar su prestigio o hacerse más conocido. No importa la justicia, no importa si detrás del presunto culpable hay una familia, hijos, esposa, padres o hermanos, si pierde el trabajo y el respeto de sus conciudadanos. Solamente importa hacer más daño. El dolor no me puede hacer perder de vista los valores fundamentales con los que vivo en una sociedad. La justicia es uno de ellos. A partir de aquí debo decir que quiero la mayor condena para el culpable, sea quien sea, cuando los jueces, y no los medios inescrupulosos o la opinión pública influenciada, lo encuentren culpable, después de darle su derecho a defenderse. Quiero, para él, todo el peso de la ley para que pague a los damnificados por sus actos. Y si es inocente, quiero que salga limpio y pueda continuar con su vida lo más normal que semejante circunstancia vivida le permita. Quien realiza justicia por mano propia jamás podrá volver a hacerlo; vaya a donde vaya alguien lo va a señalar. La justicia no será justicia. Escribo esta carta por el caso de presunto abuso y violación a una niña en Rincón de los Sauces. Conozco a la familia del presunto abusador, soy amigo de sus padres y de él mismo, desde hace 20 años. Sé lo que están sufriendo por su hijo y también por esa niña. No conozco a la familia de la niña. En este momento siento un inmenso dolor por las dos familias. Soy un hijo de Dios y oro para que el señor les dé paz y alivie el dolor en sus corazones. Pero veo con un inmenso pesar cómo la sociedad toda, de una manera alarmante, pierde valores fundamentales: el respeto a la defensa en juicio es otro de ellos. Gilberto Federico Matto DNI 12.760.466 Aluminé
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