Fotografiando el paraíso cubierto de gris

El fotógrafo de “Río Negro” Chino Leiva, presenta su libro “4 de junio – 16:30 /Cenizas de la Patagonia”.

Redacción

Por Redacción

CULTURA

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar

Llovía arena aunque decían que era ceniza. No importa, aquel invierno es más o menos pasado. Con el drama entre nosotros sólo quedaba ayudar y contar lo que sucedía. En eso andaba Alfredo “Chino” Leiva en junio del 2011: dando una mano con el oficio que lo ha convertido merecidamente en una figura de estatura nacional. En un barrio humilde de La Angostura las familias se apiñaban dentro de sus casas. Los servicios estaban cortados, sus trabajos suspendidos. Los periodistas hablaban con la gente acerca de sus pesares. Tomaban apuntes de la desgracia. Masticaban tierra, tomaban agua mineral cada dos segundos. Por primera vez el virginal territorio que bordea el lago Nahuel Huapi se revelaba asfixiante como un ascensor. Desde una ventana dos hermanos observaban los movimientos de los adultos. Entonces, iluminado como un Buda, el Chino corre hasta ellos, les sonríe y capta una imagen increíble, definitiva, capaz de explicar lo inexplicable: “Hermanos”. Como marca el decálogo de los periodistas, el Chino Leiva estaba allí. Siempre está allí, donde las papas queman.

Con esta extraña suficiencia actoral, la misma que recorre las venas de un malabarista subido a una bicicleta chirriante a 40 metros del suelo, Leiva ha inmortalizado momentos críticos de la vida aquí en el Sur. Es el autor, por ejemplo, de la emblemática fotografía “Fluido vital” en la que se ve a un joven orinando contra un muro de efectivos durante los violentos altercados del 2010 en el Alto de Bariloche. La imagen recibió el Premio Clarín de Fotoperiodismo, galardón que se sumó al Primer Premio del Concurso de Fotoperiodismo de San Pablo obtenido con su trabajo “La señalada”. Hay más, por supuesto, tanto más en la historia de un trotamundos.

A partir de hoy, el primer libro del destacado fotógrafo del diario “Río Negro” y “La Nación”: “4 de junio – 16:30 /Cenizas de la Patagonia”, se consigue en las librerías de Bariloche. Es un volumen de extraordinario valor documental que recuerda mediante algunas de sus mejores fotografías aquello que trajo aparejado el fenómeno de las cenizas del volcán Puyehue a la zona cordillerana. Lo más excelso de Leiva está puesto sobre un volumen de grandes dimensiones, editado con lujo aunque de un modo austero y que permite observar desde nuevos puntos de vista los días grises que caracterizaron el 2011.

El Chino Leiva, el personaje entrañable, el fotógrafo trashumante que vivió y estudio en Barcelona, que cargó bolsas de veneno en Israel, que atendió una parrilla en Afganistán, el que fotografío prostitutas en Moscú, el que se emborrachó en una caleta perdida de la costa chilena, el que convivió con los esquiladores en la Línea Sur para captar su modo de entender el mundo, ahora es dueño de una herramienta contra el olvido. Un pasaje a los muchos días por venir.

-Cuando los hechos ocurren, ¿cómo funciona tu mente mientras disparas la cámara? ¿Pensás de un modo artístico o periodístico o casual?

-No puedes pensar demasiado. Lo único que puedes hacer es una cobertura lo más sensata posible. Los hechos, como en el caso de las cenizas, ocupan tanto territorio que te entra la desesperación. Estoy haciendo fotos en la costanera y arranco para otro lado, después se le suma el centro, la gente, la Línea Sur, es interminable. A la vez, la demanda de material es enorme. La inmediatez es un tema clave en el periodismo actual. Lo mejor sería establecer un diálogo previo con ciertos momentos pero es imposible. Funcionas de acuerdo a la urgencia de los medios, hay que generar material. Vives con el “mandame ya”. Y vos, por ahí, estás en la frontera sin electricidad, señal, web, lo que sea.

-¿Sabes cuándo una fotografía es realmente buena?

-No puedo saberlo en el momento. Las imágenes necesitan madurar en el archivo personal, una vez que tienes tiempo las mirás cinco veces entonces ahí te das cuenta de su información, de lo que carga. Eso me pasó con el libro, hubo tiempo para redescubrir y descubrir imágenes que había tomado y que quizás en su momento no valoré del mismo modo.

-Una de las virtudes de tu libro y de tu laburo durante las cenizas es haber encontrado el contraste en medio del gris que gobernó durante meses la cordillera.

-En ese momento había un monocromo en la naturaleza. Yo buscaba algo que establezca una diferencia, porque sino ¿para qué estamos mirando con una cámara? Muchas veces descubrimos que estamos mirando la naturaleza y que tiene colores que pueden ser un golpe a la vista. Recuerdo que durante las cenizas iba corriendo de un lado al otro y de pronto me choqué con un palo de colgar ropa y vi todos esos broches, esos colores. Me volví a tomarlos.

Tu libro es muy honesto, al punto que no te vales del paisaje como un recurso de atracción. El libro de paisajes puede tanto estremecer como provocar la sensación de estar ante un “paraíso aburrido”.

-Por supuesto que el paisaje ayuda a la composición pero mi punto no, nunca estuvo puesto en el paisaje concretamente, el fotoperiodismo excede el paisaje, es una responsabilidad social, es decir, es dar la posta a través de la fotografía y que el lector tenga confianza en que la imagen que acaba de ver es real. Para mi siempre está lo social presente.

-¿Dónde se elabora el estilo de tu fotografía?

-El haberme criado en un barrio humilde, vivido allí, el hecho de venir de una familia humilde donde todo costó siempre mucho, el tener un recuerdo muy claro de mi niñez, mis viajes, todos esos pequeños códigos están presentes hoy en mi labor.

-¿Ha cambiado el barrio?

-Hay nuevos adolescentes, se ha vuelto más peligroso trabajar allí, no te reconocen. La brecha económica es mucho más ancha ahora que hace unos años. La Brown es 10 veces más ancha que 15 ó 20 años atrás.

-Las cenizas confirman que las peores cosas siempre le suceden a los más humildes.

-Siempre son los más golpeados. Con las cenizas la gente de la Línea Sur sólo vivió otro drama más de tantos vinculados a la geografía y la explotación. Haciendo un ensayo fotográfico sobre la esquila entendí la verdadera connotación que tiene el que un chabón esté 20 horas esquilando y mirando para abajo. Es como si no quisiera ver las estrellas, el cielo. Es también la mirada del humilde frente al patrón que llega con su 4×4 y con sus botas, es la mirada que se dirige hacia abajo.

-Tu trabajo debe contar la realidad, pero al mismo tiempo te expones, tenés que aprender a ser flexible.

-El fotoperiodismo es compromiso, primero. Luego tienes que meterte al Llao Llao y a la protesta en el centro. Ver la miseria de la gente, lo que le cuesta calefaccionar una casa después de vos venís de comerte una torta en un hotel de lujo. El otro día estaba cubriendo a una familia que comía en medio de un temporal y que no tenían techo. ¡No tenían techo! El arroz de sus platos saltaba al compás de las gotas de lluvia. Entonces decís ¿cómo es la sociedad? Me movilizan mucho esas cosas, mucho.

-Has dicho que cuando trabajas te vuelves invisible.

-Me convierto en un mueble con patas, hay que desaparecer, por el bien de su laburo y por el bien del arte que estás mostrando. Hay que encontrar la forma adecuada, el vaivén de la foto, ese movimiento que te permite estar sin ser percibido.

DeBariloche

Alfredo “Chino” Leiva presenta su libro con impactantes imágenes de lo que las cenizas dejó. Fotos: Martín Papalia


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