El desafío de encauzar el descontento
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SÃO PAULO.- Después de una semana de protestas masivas, los brasileños lograron la atención del mundo y la derogación del aumento en las tarifas del autobús y el metro que había encendido su furia en un primer momento. Pero ahora, dicen muchos, su verdadera tarea apenas comienza. Manifestantes de clase media que marchan por primera vez dicen que el desafío para los brasileños es mantener vivo el espíritu político que se despertó en la última semana, después de décadas de apatía. Esperan que surjan líderes para encabezar un movimiento de masas ecléctico. En resumen, los manifestantes dicen que es hora de organizarse en torno a la oleada de quejas, que van desde acabar con la corrupción del gobierno a mejorar la educación pública, la salud y la seguridad. “Creo que los líderes surgirán, pero en grupos más pequeños’’, dijo la secretaria Juliane Furno, mientras se encontraba ayer debajo de un cartel en Sao Paulo que decía “Sólo luchar cambia la vida’’. “Todos estamos llevando las experiencias de la semana pasada a nuestras universidades, comunidades y lugares de trabajo. Creo que las cosas se calmarán, pero ahora hemos politizado a Brasil y no hay vuelta atrás. No vamos a volver al Brasil de la semana pasada’’. Los manifestantes de Brasil se enfrentan a un dilema que ha acosado a los movimientos sociales modernos en América Latina y otros lugares. Si las protestas se concentran demasiado en cuestiones concretas como las tarifas de autobuses, se arriesgan a perder fuerza cuando el tema se resuelve. Sólo un grupo organizado ha mostrado algún tipo de control de las movilizaciones hasta el momento, el Movimiento por una Tarifa Gratuita que lucha desde 2006 por un transporte público gratuito en todo Brasil. La primera protesta del grupo en Sao Paulo, el pasado jueves, incitó una represión policial tan dura que cientos de miles de brasileños se sintieron motivados a protestar. Al resto de los manifestantes solamente los une un descontento general por el estado lamentable de los servicios públicos frente a los altos impuestos , así como los miles de millones de dólares gastados en estadios para la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos. Pero cuando se les pregunta cómo convertir la frustración y demandas dispares en resultados concretos, pocos en las calles podrían describir un camino a seguir. Clive Bloom, profesor emérito de la Universidad de Middlesex en Gran Bretaña, afirmó: “Estas protestas se componen de alianzas de múltiples causas e ideas’’, dijo. “La dificultad es conseguir que la gente siga una de las ideas y la lleve a cabo’’. Para el taxista Roberto Amorim, lo que los brasileños necesitan ahora es paciencia y no perder la esperanza si las protestas se calman. “Nadie está esperando profundos cambios hoy, mañana o la próxima semana. No tengo ni idea de lo que sucederá, pero los brasileños han sido tan sumisos durante tanto tiempo, que por ahora es bueno ver que somos capaces de asustar a nuestros líderes’’. (AP)
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