“Coarta la libertad de elección”
Es un título fuerte, pero muy cierto para estos tiempos. Internet como la conocemos implica un peligro significativo para la libertad de elección de las personas. Pareciera que sucede lo contrario. Son millones los defensores a ultranza de una internet libre, sin censura, donde todos puedan expresar libremente sus ideas y donde todos pueden leer esas ideas. ¡Hermoso! Pero eso no está sucediendo. Internet está alejada de cualquier control gubernamental y está manejada por intereses económicos fortísimos que deciden lo que leemos. Pero no sólo eso. Determinan qué nos gusta. Los buscadores de internet, Google el más poderoso, indexan la información (toda) y la acomodan en sus resultados con criterios subjetivos y elegidos a su pura conveniencia. Es decir: cuando uno busca información, por ejemplo, sobre la “libertad de expresión”, aparecerán 510.000 resultados acomodados en prioridades que el buscador ha predeterminado. Nada indica que los artículos sobre ese tema que aparecen en las primeras páginas sean los mejores, los más leídos o simplemente el que busco o me interesaría más. En conclusión, estoy condenado a leer lo escrito sobre el tema que el buscador me presenta en, digamos, las primeras 50 páginas. Los estudios indican que sólo se lee hasta la página diez que los buscadores arrojan como resultados y, si el usuario no encuentra nada interesante, cambia las palabras claves. Pero existe algo peor. La publicidad de los buscadores. Internet nos condiciona los gustos y nos “esconde” la diversidad. Los buscadores de internet leen nuestras consultas y, a través de las “cookies”, direccionan no sólo las siguientes búsquedas sino también la publicidad. Veámoslo mejor con un ejemplo. Supongamos que tengo 14 años y busco información en internet sobre mi banda de rock preferida, Metallica. A partir de esas consultas, si busco más bandas me traerá entre las primeras opciones bandas de rock o referidas a ese estilo de música. Y así con todas las búsquedas que realice a partir de ese momento. Si busco guitarras me traerá como preferidas las guitarras eléctricas. Si busco recitales me propondrá de rock. No sólo eso, la publicidad que aparezca en mi computadora tendrá relación con el rock o lo que ellos presuponen guarda relación con mis gustos. Es decir: internet como hoy la conocemos es una anteojera fantástica para un mundo desconocido, que no nos lo acerca. Me atrevo a decir que nos lo aleja cada vez más. Salvo que tome conocimiento “en la vida real” de todo lo demás que existe, me costará saber de la existencia de otros ritmos musicales distintos del rock. Y así se pueden dar miles de ejemplos con la política, la religión, la cultura y hasta con los gustos por la moda. En conclusión, la indexación de los buscadores nos está ocultando un abanico enorme de información. Internet, como hoy la conocemos, nos está cambiando espejitos de colores por nuestra información sólo para vendernos más, pero más de lo mismo. Sebastián A. Gamen, DNI 24.979.404 Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Sebastián A. Gamen, DNI 24.979.404 – Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Es un título fuerte, pero muy cierto para estos tiempos. Internet como la conocemos implica un peligro significativo para la libertad de elección de las personas. Pareciera que sucede lo contrario. Son millones los defensores a ultranza de una internet libre, sin censura, donde todos puedan expresar libremente sus ideas y donde todos pueden leer esas ideas. ¡Hermoso! Pero eso no está sucediendo. Internet está alejada de cualquier control gubernamental y está manejada por intereses económicos fortísimos que deciden lo que leemos. Pero no sólo eso. Determinan qué nos gusta. Los buscadores de internet, Google el más poderoso, indexan la información (toda) y la acomodan en sus resultados con criterios subjetivos y elegidos a su pura conveniencia. Es decir: cuando uno busca información, por ejemplo, sobre la “libertad de expresión”, aparecerán 510.000 resultados acomodados en prioridades que el buscador ha predeterminado. Nada indica que los artículos sobre ese tema que aparecen en las primeras páginas sean los mejores, los más leídos o simplemente el que busco o me interesaría más. En conclusión, estoy condenado a leer lo escrito sobre el tema que el buscador me presenta en, digamos, las primeras 50 páginas. Los estudios indican que sólo se lee hasta la página diez que los buscadores arrojan como resultados y, si el usuario no encuentra nada interesante, cambia las palabras claves. Pero existe algo peor. La publicidad de los buscadores. Internet nos condiciona los gustos y nos “esconde” la diversidad. Los buscadores de internet leen nuestras consultas y, a través de las “cookies”, direccionan no sólo las siguientes búsquedas sino también la publicidad. Veámoslo mejor con un ejemplo. Supongamos que tengo 14 años y busco información en internet sobre mi banda de rock preferida, Metallica. A partir de esas consultas, si busco más bandas me traerá entre las primeras opciones bandas de rock o referidas a ese estilo de música. Y así con todas las búsquedas que realice a partir de ese momento. Si busco guitarras me traerá como preferidas las guitarras eléctricas. Si busco recitales me propondrá de rock. No sólo eso, la publicidad que aparezca en mi computadora tendrá relación con el rock o lo que ellos presuponen guarda relación con mis gustos. Es decir: internet como hoy la conocemos es una anteojera fantástica para un mundo desconocido, que no nos lo acerca. Me atrevo a decir que nos lo aleja cada vez más. Salvo que tome conocimiento “en la vida real” de todo lo demás que existe, me costará saber de la existencia de otros ritmos musicales distintos del rock. Y así se pueden dar miles de ejemplos con la política, la religión, la cultura y hasta con los gustos por la moda. En conclusión, la indexación de los buscadores nos está ocultando un abanico enorme de información. Internet, como hoy la conocemos, nos está cambiando espejitos de colores por nuestra información sólo para vendernos más, pero más de lo mismo. Sebastián A. Gamen, DNI 24.979.404 Ciudad Autónoma de Buenos Aires
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