Un relato muy costoso

Redacción

Por Redacción

Parecería que si el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pudiera librarse de “los buitres” pagándoles el dinero que, según el fallo del juez neoyorquino Thomas Griesa, les corresponde, sin que nadie se enterara, lo haría enseguida, ya que los costos de la pelea propenden a subir mientras que los réditos políticos son cada vez más magros. Según el matutino porteño Clarín, el presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, acaba de asegurar a un grupo de banqueros norteamericanos que el único problema es la voluntad de Cristina de aferrarse a su “relato” épico, conforme al cual la Argentina está liderando una cruzada internacional contra una banda de terroristas financieros desalmados, pero de encontrarse la forma de atenuar el impacto de lo que muchos tomarían por una derrota humillante, el gobierno estaría dispuesto a alcanzar un acuerdo. Puede que se haya tratado de otra “mentira” del “monopolio” que para los kirchneristas encarna el mal absoluto, pero aun así hay motivos para suponer que no sólo Vanoli sino también el ministro de Economía, Axel Kicillof, son conscientes de que los perjuicios ocasionados por el default “parcial” o “selectivo” ya han sido enormes y que las consecuencias de prolongarlo hasta fines del año que viene serían insoportables. Por injusto que les parezca a los ideólogos militantes, hasta los relatos más heroicos no sirven para hacer menos dolorosa la falta de dólares y, tal y como están las cosas, la merma constante de las reservas del Banco Central no podrá frenarse sin que haya un arreglo con los odiados holdouts. Asimismo, nadie ignora que la dramatización de la disputa con los acreedores ha incidido de manera muy negativa en el clima de negocios al difundir la sensación de que, al radicalizarse, el gobierno argentino está tomando medidas parecidas a las ensayadas, con resultados nada felices, por los chavistas venezolanos. Además de provocar un sinfín de dificultades económicas, los fondos buitre se han propuesto aprovechar lo que a su entender es el flanco más débil del gobierno kirchnerista, la presunta relación de Cristina y su difunto marido con la corrupción. Es imposible saber si la amenaza de divulgar detalles acerca de “la ruta del dinero K” ha pesado más en la actitud de la presidenta que el deterioro ya evidente del estado de la economía nacional, pero con toda seguridad Vanoli, Kicillof y otros funcionarios entienden que sería mejor que terminara cuanto antes el embrollo infernal que se ha producido. Al confiar demasiado en que la pésima reputación del fondo del multimillonario norteamericano Paul Singer le impediría ganar el juicio ante Griesa, de suerte que le sería dado no sólo denunciar a “los buitres” sino también maltratar al juez, el gobierno kirchnerista logró ponerse en una situación incómoda de la que le está resultando casi imposible sustraerse. A menos que lo consiga, empero, el “relato” de Cristina figurará entre los más costosos de la historia, ya que la economía nacional necesita imperiosamente reintegrarse a la internacional porque, a raíz de años de despilfarro, los recursos internos no lucen suficientes como para permitirle continuar funcionando por mucho tiempo más. Como era de prever, no prosperó el intento de cambiar el domicilio de pago de la deuda para que los acreedores pudieran cobrar en Buenos Aires o en Francia; pocos se han sentido tentados a desafiar así a la Justicia norteamericana. Por lo tanto, el gobierno se ve ante la opción de resistirse a pactar con “los buitres” en enero, cuando venza la cláusula RUFO, lo que según el economista Miguel Bein significaría que en el 2015 el producto bruto nacional se achicaría el 3%, y alcanzar un acuerdo que le permitiría recuperarse para crecer por el mismo monto. Aunque hace poco muchos, en especial los militantes de La Cámpora que se burlan de la supuesta voluntad de los opositores de arrodillarse ante “los buitres”, suponían que Cristina se mantendría en sus trece hasta el fin de su mandato, últimamente se ha difundido la sensación de que, alarmada por la evolución negativa de todos los índices económicos y por las investigaciones emprendidas por los hombres de Singer, estaría dispuesta a aceptar un arreglo con tal que no la pusiera en ridículo. En vista de lo que está en juego, se trataría de la alternativa menos mala.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 19 de octubre de 2014


Parecería que si el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pudiera librarse de “los buitres” pagándoles el dinero que, según el fallo del juez neoyorquino Thomas Griesa, les corresponde, sin que nadie se enterara, lo haría enseguida, ya que los costos de la pelea propenden a subir mientras que los réditos políticos son cada vez más magros. Según el matutino porteño Clarín, el presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, acaba de asegurar a un grupo de banqueros norteamericanos que el único problema es la voluntad de Cristina de aferrarse a su “relato” épico, conforme al cual la Argentina está liderando una cruzada internacional contra una banda de terroristas financieros desalmados, pero de encontrarse la forma de atenuar el impacto de lo que muchos tomarían por una derrota humillante, el gobierno estaría dispuesto a alcanzar un acuerdo. Puede que se haya tratado de otra “mentira” del “monopolio” que para los kirchneristas encarna el mal absoluto, pero aun así hay motivos para suponer que no sólo Vanoli sino también el ministro de Economía, Axel Kicillof, son conscientes de que los perjuicios ocasionados por el default “parcial” o “selectivo” ya han sido enormes y que las consecuencias de prolongarlo hasta fines del año que viene serían insoportables. Por injusto que les parezca a los ideólogos militantes, hasta los relatos más heroicos no sirven para hacer menos dolorosa la falta de dólares y, tal y como están las cosas, la merma constante de las reservas del Banco Central no podrá frenarse sin que haya un arreglo con los odiados holdouts. Asimismo, nadie ignora que la dramatización de la disputa con los acreedores ha incidido de manera muy negativa en el clima de negocios al difundir la sensación de que, al radicalizarse, el gobierno argentino está tomando medidas parecidas a las ensayadas, con resultados nada felices, por los chavistas venezolanos. Además de provocar un sinfín de dificultades económicas, los fondos buitre se han propuesto aprovechar lo que a su entender es el flanco más débil del gobierno kirchnerista, la presunta relación de Cristina y su difunto marido con la corrupción. Es imposible saber si la amenaza de divulgar detalles acerca de “la ruta del dinero K” ha pesado más en la actitud de la presidenta que el deterioro ya evidente del estado de la economía nacional, pero con toda seguridad Vanoli, Kicillof y otros funcionarios entienden que sería mejor que terminara cuanto antes el embrollo infernal que se ha producido. Al confiar demasiado en que la pésima reputación del fondo del multimillonario norteamericano Paul Singer le impediría ganar el juicio ante Griesa, de suerte que le sería dado no sólo denunciar a “los buitres” sino también maltratar al juez, el gobierno kirchnerista logró ponerse en una situación incómoda de la que le está resultando casi imposible sustraerse. A menos que lo consiga, empero, el “relato” de Cristina figurará entre los más costosos de la historia, ya que la economía nacional necesita imperiosamente reintegrarse a la internacional porque, a raíz de años de despilfarro, los recursos internos no lucen suficientes como para permitirle continuar funcionando por mucho tiempo más. Como era de prever, no prosperó el intento de cambiar el domicilio de pago de la deuda para que los acreedores pudieran cobrar en Buenos Aires o en Francia; pocos se han sentido tentados a desafiar así a la Justicia norteamericana. Por lo tanto, el gobierno se ve ante la opción de resistirse a pactar con “los buitres” en enero, cuando venza la cláusula RUFO, lo que según el economista Miguel Bein significaría que en el 2015 el producto bruto nacional se achicaría el 3%, y alcanzar un acuerdo que le permitiría recuperarse para crecer por el mismo monto. Aunque hace poco muchos, en especial los militantes de La Cámpora que se burlan de la supuesta voluntad de los opositores de arrodillarse ante “los buitres”, suponían que Cristina se mantendría en sus trece hasta el fin de su mandato, últimamente se ha difundido la sensación de que, alarmada por la evolución negativa de todos los índices económicos y por las investigaciones emprendidas por los hombres de Singer, estaría dispuesta a aceptar un arreglo con tal que no la pusiera en ridículo. En vista de lo que está en juego, se trataría de la alternativa menos mala.

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