“Este accionar no es patrimonio exclusivo del fútbol”
Poco a poco, pero de manera constante, los “barrabravas” han logrado posesionarse del fútbol argentino hasta convertirlo en una actividad cada vez más degradada, y el espectáculo del partido del jueves es una de sus expresiones más patéticas. Por ser tan grave la situación es necesario reconocer las causas y las responsabilidades que generaron tal estado de cosas, no para hacer el conocido e inocuo inventario lacrimógeno de ocasión con el que se procura mostrar alguna preocupación sobre la llamada “violencia deportiva”, sino para exigir a las autoridades que tomen la decisión política de terminar definitivamente con esta lacra que ha convertido algo tan placentero y apasionante como es el fútbol en un pobrísimo quehacer que poco o nada tiene que ver con ese deporte. Hoy no está en discusión y nadie se atrevería a cuestionar que quienes llevan adelante estos vandálicos hechos actúan con la absoluta impunidad que les brinda la protección que les dan los directivos de los clubes y las autoridades políticas, judiciales y policiales. Pero además, lo que es aún más grave, es que este accionar que transgrede todos los límites tolerables, rayano en lo delictual, no es patrimonio exclusivo del fútbol, y su efecto deletéreo ha encontrado eco y aplicación en ámbitos institucionales en los que algunas actitudes de sus integrantes tienen la impronta del “ barrabravismo”. Ejemplo de ello es lo ocurrido en los últimos días en la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados de la Nación donde, ante el evidente propósito de la presidenta y su gobierno de controlar a la Justicia, los diputados oficialistas no vacilaron en quebrar la legislación vigente, y usando subterfugios indecorosos pretenden someter al juez de la Corte Suprema de Justicia –es decir, del más alto tribunal del país–, doctor Carlos Fayt, al escarnio de un denigrante examen psicofísico sin ningún motivo que lo justifique, ya que no hay un pedido concreto de juicio político que, como lo establece expresamente la legislación, sólo puede prosperar en caso de Comisión de Delitos o mal desempeño en su función. Además de la violación a la ley específica para el juicio político, esos diputados no vacilan en desconocer los derechos de los ancianos, consagrados en la Constitución Nacional y tratados internacionales, castigando la vejez en lugar de respetarla como parte de la vida y de la dignidad de las personas. Cotejando estos acontecimientos que en principio aparentan ser tan distintos, observamos sin embargo que ambos tienen similitudes por su forma de actuar prepotente, patoteril, irrespetuosa de la ley. Ante estas conductas es válido preguntarse: ¿donde están las diferencias entre los “barra” del fútbol y los “barra-diputados” del Congreso? Difícil encontrarlas ya que, salvando las distancias de los escenarios, en ambos casos sus protagonistas han actuado sustentados en la lógica del “ llevarse todo puesto” o del “vamos por todo”: en un caso, si su equipo no es capaz de ganar el partido, vale agredir a los futbolistas rivales y/o provocar violentos disturbios para seguir manejando sus irregulares negocios; y, en el otro, si no se pueden manejar los jueces porque son independientes, es válido echarlos de cualquier forma para poner “jueces del modelo” que aseguren impunidad. Carlos Segovia, LE 7.304.065 Cipolletti
Carlos Segovia, LE 7.304.065 Cipolletti
Poco a poco, pero de manera constante, los “barrabravas” han logrado posesionarse del fútbol argentino hasta convertirlo en una actividad cada vez más degradada, y el espectáculo del partido del jueves es una de sus expresiones más patéticas. Por ser tan grave la situación es necesario reconocer las causas y las responsabilidades que generaron tal estado de cosas, no para hacer el conocido e inocuo inventario lacrimógeno de ocasión con el que se procura mostrar alguna preocupación sobre la llamada “violencia deportiva”, sino para exigir a las autoridades que tomen la decisión política de terminar definitivamente con esta lacra que ha convertido algo tan placentero y apasionante como es el fútbol en un pobrísimo quehacer que poco o nada tiene que ver con ese deporte. Hoy no está en discusión y nadie se atrevería a cuestionar que quienes llevan adelante estos vandálicos hechos actúan con la absoluta impunidad que les brinda la protección que les dan los directivos de los clubes y las autoridades políticas, judiciales y policiales. Pero además, lo que es aún más grave, es que este accionar que transgrede todos los límites tolerables, rayano en lo delictual, no es patrimonio exclusivo del fútbol, y su efecto deletéreo ha encontrado eco y aplicación en ámbitos institucionales en los que algunas actitudes de sus integrantes tienen la impronta del “ barrabravismo”. Ejemplo de ello es lo ocurrido en los últimos días en la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados de la Nación donde, ante el evidente propósito de la presidenta y su gobierno de controlar a la Justicia, los diputados oficialistas no vacilaron en quebrar la legislación vigente, y usando subterfugios indecorosos pretenden someter al juez de la Corte Suprema de Justicia –es decir, del más alto tribunal del país–, doctor Carlos Fayt, al escarnio de un denigrante examen psicofísico sin ningún motivo que lo justifique, ya que no hay un pedido concreto de juicio político que, como lo establece expresamente la legislación, sólo puede prosperar en caso de Comisión de Delitos o mal desempeño en su función. Además de la violación a la ley específica para el juicio político, esos diputados no vacilan en desconocer los derechos de los ancianos, consagrados en la Constitución Nacional y tratados internacionales, castigando la vejez en lugar de respetarla como parte de la vida y de la dignidad de las personas. Cotejando estos acontecimientos que en principio aparentan ser tan distintos, observamos sin embargo que ambos tienen similitudes por su forma de actuar prepotente, patoteril, irrespetuosa de la ley. Ante estas conductas es válido preguntarse: ¿donde están las diferencias entre los “barra” del fútbol y los “barra-diputados” del Congreso? Difícil encontrarlas ya que, salvando las distancias de los escenarios, en ambos casos sus protagonistas han actuado sustentados en la lógica del “ llevarse todo puesto” o del “vamos por todo”: en un caso, si su equipo no es capaz de ganar el partido, vale agredir a los futbolistas rivales y/o provocar violentos disturbios para seguir manejando sus irregulares negocios; y, en el otro, si no se pueden manejar los jueces porque son independientes, es válido echarlos de cualquier forma para poner “jueces del modelo” que aseguren impunidad. Carlos Segovia, LE 7.304.065 Cipolletti
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