Tormenta electoral
El atlético “per saltum” de Juntos ratificó la fecha y desairó a Martini.
Río Negro
ALICIA MILLER amiller@rionegro.com.ar
Bariloche vive días de tormenta. Llueve a baldes y la política se agita con rayos y truenos entre los partidos, candidatos y niveles institucionales que se han puesto a interceder con más torpeza que equilibrio. La tensión fue en escalada y esta última semana podría no ser más tranquila. Hay siete candidatos a intendente, y se eligen además concejales y órgano de control, pero la competencia supera el nivel habitual en una elección local. Bariloche, la ciudad más grande de Río Negro, tiene fuerte trascendencia nacional. Además, viene de ciclos políticos conflictivos. Lo sabe bien la intendenta Maru Martini, quien en 2013 –primero en forma interina y luego por elección– llegó al cargo tras la destitución de Omar Goye. Además, la ciudad no conoce de liderazgos consolidados. Allí, la alternancia es la regla y quien obtenga más del 35% de los votos puede considerarse un ganador afortunado. En gran parte, por la propia complejidad geográfica, social y partidaria de un conglomerado en el que coexisten el turismo internacional con amplios sectores de migrantes de la exclusión. Martini conducía una gestión bastante prolija hasta el inicio de este año electoral. La propia dinámica de un peronismo tironeado por sus propias contradicciones y por la fuerza política que lidera el gobernador Alberto Weretilneck le fue planteando dilemas. La suspensión de las internas partidarias la dejó en posición incómoda y contribuyó a generar dispersión de fórmulas de su propio sector, cercano al kirchnerismo. Su doble condición de intendenta y candidata la obliga a pagar el costo de las críticas por cada bache y falla en los servicios, lastre del que se salvan sus oponentes. Y, en la campaña, todo fue judicializado: la boleta única, la inicial exclusión del socialismo… Así se llegó a diez días antes de la elección. La Junta Electoral Municipal, tan dividida como el resto, no concilió una postura unificada sobre la marcha de la etapa previa. Y Martini tomó la decisión de postergar el comicio para el 27 de septiembre. Varias cuestiones confluyeron en que su determinación fuera muy criticada y finalmente cayera, desairada por el Tribunal Electoral Provincial. En principio, que la adoptó sin dar participación al resto de los partidos. Aun cuando, en medio de la controversia preelectoral, construir un consenso le hubiera resultado difícil, no debió haber actuado sin lograrlo. En lo formal, la Carta Orgánica le da la función de convocar el comicio, pero conducirlo queda luego en manos de la Junta Electoral. Además, el Código Electoral Municipal manda que la elección se realice el primer domingo de septiembre. En caso de que coincida con otra nacional o provincial, faculta a trasladarla al tercer domingo de septiembre y, si también hay otra en esa fecha, al primer domingo de octubre. El punto en discusión es si la intendenta tiene facultad para mover la fecha de la elección por otra causa, distinta a la de impedir la simultaneidad con otro comicio. El argumento de Martini de que las impugnaciones impidieron capacitar al electorado en el uso de la boleta única y completar las tareas previas es razonable. Pero, en todo caso, una postergación hubiera sido potestad de la Junta Electoral Municipal. La semana pasada, la intendenta convocó a la Junta, pero acudió sólo su presidenta, la única integrante que representa al PJ; y, si bien coincidió con el planteo, no logró resolución del organismo colegiado. Un antecedente más o menos reciente, también en Bariloche y con el mismo marco normativo –salvo que no existía la boleta única–, fue cuando Marcelo Cascon, también intendente y candidato, postergó la elección en 2011 porque la ciudad era castigada por las cenizas volcánicas, pero lo hizo de acuerdo con el resto de los partidos políticos. Desde el otro punto de vista, también fue polémica la vía elegida por Juntos Somos Bariloche para refutar la postergación. El apoderado del partido del gobernador ignoró que es la Junta Electoral Municipal la responsable de dirimir las impugnaciones sobre el comicio local y, en atlético “per saltum”, fue directamente al Tribunal Electoral Provincial. Sin ruborizarse pero dando pobres fundamentos sobre su jurisdicción en la materia, el Tribunal Electoral Provincial –presidido por el exfuncionario albertista Ariel Gallinger e integrado por María Luján Ignazi y Sandra Filipuzzi– se metió de cabeza por la ventana que le abrió el planteo de Juntos Somos Bariloche. En el fallo, citó incluso su función de control de alzada de las resoluciones de las Juntas Electorales Municipales, pero calló que al tribunal local no se le había planteado esta cuestión puntual. Si bien es habitual que las decisiones del Tribunal Electoral Provincial sean bastante políticas, en este caso superó incluso el margen de la formalidad deseable. Invocando la perentoriedad ante la inminencia de la fecha y, sin resolver la cuestión de fondo, el TEP hizo lugar a la medida cautelar de suspender la resolución que postergaba el comicio. Esto, en la práctica, implica hacer lugar al amparo, ya que, para cuando el comicio se haya realizado, resolver la cuestión de fondo habrá devenido en abstracto. En fin, hoy Bariloche vuelve de lleno a la campaña, con varias cuestiones llamativas. El candidato Gustavo Gennuso –un político formado en el vecinalismo– participa de los actos de gobierno provinciales y hasta entrega beneficios, sin ser funcionario, sólo porque es el candidato del espacio del gobernador. Y, desde la vereda de enfrente, la intendenta Martini difunde spots institucionales donde se la ve junto al gobernador. Hasta el 14 de junio era muy crítica de la gestión provincial, y ahora se muestra más permeable e incluso compartió actos en la ciudad. En definitiva, uno y otro buscan pegarse a Weretilneck, tratando de trasladar hacia sus listas lo más posible del 54,49% de los votos que obtuvo en la ciudad en junio, cuando compitió para gobernador. Que esto no es matemática, sino política, es seguro. Pero no menos cierto es que todos sacan cuentas. Especialmente quienes advierten que Martini ganó en 2013 por casi el 35 %, pero ahora dos de sus oponentes de aquella ocasión van unidos: Gennuso es candidato de Juntos y Carlos Valeri, ministro provincial. Mientras que el sector que respaldó a la intendenta lleva más de una candidatura. Todo esto ocurre ante la mirada atenta del gobierno nacional. Para el kirchnerismo, se sabe, cualquier victoria es propia. Pero las derrotas tienen el amargo sabor de lo ajeno. Mientras tanto, los contendientes locales se cruzan en las calles con los candidatos que participarán de las elecciones del 25 de octubre para cargos parlamentarios nacionales. Cada cual atiende su juego.
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