Los cubanos siguen escapando de la isla sin pausa, como pueden
Emilio Cárdenas
Los cubanos no creen que sus vidas puedan cambiar significativamente para bien en el corto plazo. Para nada. Esto, pese a la declamada “normalización” de las relaciones de su país con Estados Unidos y a los anuncios de modernización de las instituciones económicas de la administración comunista. Por eso se siguen escapando de la isla en cuanto pueden. Sin pausa. ¿Hacia dónde? Muy simple. Como siempre, hacia su paraíso soñado: Estados Unidos. Por donde pueden y como pueden. Por mar, hacia la Florida, pagando unos 10.000 dólares por el transporte que les permita pisar suelo norteamericano y así adquirir el derecho a residir en ese país. O por tierra, hoy frecuentemente a través de México, que les emite “visas de tránsito” sin mayores problemas. Con ellas intentan cruzar la frontera norte del país y llegar a suelo norteamericano. Como sea. Este camino es mucho más barato y, por ende, accesible para un pueblo empobrecido desde hace ya largas décadas. Hablamos de un costo de tránsito terrestre del orden de los 2.500 dólares. La cuarta parte, entonces, del que supone huir de Cuba por el mar. Por esto los consulados mexicanos se ven abarrotados, realmente asediados, por miles de cubanos que apuntan a entrar al país y seguir enseguida su derrotero hacia el norte. En lo que va de este año han llegado para ello unos 8.000 cubanos, de todo tipo. Mayores y menores. Hombres y mujeres. Profesionales y empleados. Todos con el mismo sueño: salir de Cuba y poder empezar una “nueva vida” en Estados Unidos. Como ha sido siempre desde que los hermanos Castro se apoderaron de Cuba. Sin cambios, por ahora. En alguna medida, están quienes escapan alimentados por el rumor de que, de pronto, Estados Unidos puede cambiar sus normas inmigratorias, que hoy son todavía altamente favorables a los cubanos, y perder así los privilegios que aún tienen para obtener una residencia en ese país. Pero, además, hay un claro escepticismo acerca de que su destino pueda efectivamente mejorar si se quedan en Cuba, fundamentalmente en términos de “calidad de vida”, que es sumamente baja –bastante más baja que en casi todo el resto de América Latina–… sin mencionar lo que supone vivir con la tremenda falta de libertades esenciales civiles y políticas que hay en la isla y todo lo que ello supone para los seres humanos, sumado a las escasas oportunidades reales de mejorar allí en el corto plazo y a la persistente desconfianza de que ello efectivamente ocurra en el mediano plazo. Advierten también que el levantamiento real del embargo norteamericano, vigente desde hace 53 años, será lento y avanzará en etapas, paso a paso. Por ello, nada se modificará dramáticamente para la gente de mediana edad a tiempo para poder cambiar de vida y ser de pronto más felices y menos sometidos. Todo un tema. Pero lo cierto es que escapar de Cuba sigue siendo un objetivo altamente popular, compartido por quienes creen que pueden y por quienes simplemente sueñan con hacerlo. Hay, eso sí, una cosa que ha cambiado. Desde el 2013, muchas de las duras restricciones que en los hechos impedían a los cubanos salir del país han desaparecido. De allí que tratar de escapar sea hoy mucho más sencillo y, en consecuencia, una opción a la que muchos pueden acceder. De allí que lo sigan intentando, en masa, porque suponen que mañana puede ser demasiado tarde. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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