Las economías regionales no ayudan a consolidar el superávit
Las economías regionales no están ayudando a revertir los números de la balanza comercial. Durante las últimas décadas la participación de sus exportaciones en el total del comercio externo argentino ha caído en forma estrepitosa.
La fruticultura no quedó fuera de este esquema. Datos brindados por el Indec destacan que el comercio externo de peras y manzanas a mediados de la década del 70 alcanzaba los 148 millones de dólares de aquella época y representaba algo más el 3% del total de las exportaciones argentinas. Para llegar a este mismo indicador hoy, el Valle de Río Negro y Neuquén tendría que estar exportando cerca de 2.000 millones de dólares por año. Una cifra que se encuentra lejos de las proyecciones del orden de los 350 millones de dólares estimados para el cierre de la presente temporada.
La mayor parte de las economías regionales que pueden ser comparadas con cuatro décadas atrás muestra una historia parecida.
No hay expectativas de poder revertir esta tendencia en el corto plazo. El contexto económico en el que se mueven este tipo de actividades impide el desarrollo sustentable de cualquiera de sus producciones que presentan, como una de las principales variables de costos, la mano de obra intensiva.
El otro problema que se refleja en el sector es el retraso cambiario. Las economías regionales tienen sus estructuras productivas armadas para la exportación. Un dólar anclado con una inflación arriba del 20% anual conspira con cualquier posibilidad de mejora comercial para la actividad.
De ahí que no hay que esperar grandes aportes de estas regiones para mejorar los niveles de exportación del país.
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