Messi y el fútbol espectáculo
Resulta una perogrullada mencionar que el fútbol profesional es un deporte espectáculo, y que en todo caso soy uno de los millones de “directores técnicos” sin título ni equipo a cargo que pululan por el mundo, pero vale la pena aclararlo para precisar el marco de estas cavilaciones de simple tele espectador, que comparto sin ninguna jactancia de crítico experto, y ni siquiera de entendido.
En ese tren de precisiones también aclaro que no pretendo hablar acá de tácticas ni de estrategias futboleras, que celebro que la polémica del VAR haya lógicamente impuesto en el mundial de Rusia dicho sistema, que seguramente podrá ser perfeccionado (por qué no atribuyendo más facultades a los jueces del monitor por sobre el juez del campo), y que gracias a la maravilla de la moderna tecnología, en lo que va de este torneo ecuménico hasta Bélgica vs Japón, disfruté más dicho encuentro por TV, y muchos pasajes del juego desarrollado por el equipo japonés, que cualquier otro partido previo, salvando la atracción emotiva por la actuación (decepcionante a la postre) del seleccionado nacional.
Paradójicamente los japoneses, que se clasificaron por el puntaje del fair play, habían contrariando esa sana regla, pues en la última parte del partido previo habían jugado a no jugar, estropeando el final del espectáculo con el propósito de mejorar su suerte. Esa actitud bien podría ser desalentada por el reglamento. Por ejemplo, incluyendo como pautas de desempate, antes que los crueles e insalubres alargues y penales (que afectan hasta la salud de los espectadores), o los azarosos sorteos, puntajes por generación de jugadas ofensivas de cierta trascendencia, como intervención de los arqueros, tiros en los postes, tiros de esquina, etc. El espectáculo y la justicia deportiva saldrían beneficiados.
Sí, me gustó y me entusiasmó la triangulación a un toque del juego colectivo nipón, matizado con varias gambetas oportunas y algunas excelentes definiciones, pese a que, además de altura física en comparación con los adversarios, les faltara mayor continuidad y pulir detalles para afrontar estas contiendas deportivas, probablemente por no ser cultores tradicionales del fútbol. Y se me ocurrió que hasta el rol protagónico de Messi tal vez podría haber alcanzado más altura integrando ese once oriental, pese a que no era una selección candidata, ni el Barcelona, dicho sin mengua de la calidad individual de sus socios connacionales, que más allá del magro resultado, ni siquiera lograron aceitar un funcionamiento colectivo atrayente.
Es que, dadas las condiciones del crack criollo, de haber jugado para Japón podría haber culminado con éxito varias de las jugadas bien hilvanadas por el modesto representativo del país del sol naciente, no obstante que en ocasiones Messi brilla por su aparente ausencia, por su falta de participación. Lagunas en las que, según parece, se sumerge a menudo cuando viste la celeste y blanca, y aún en su club catalán, hasta que repentinamente emerge y brilla con su presencia. Sin perjuicio de posibles problemas que afecten su estado de ánimo y/o su personalidad, la primera conclusión que salta a la vista creo que es bastante obvia.
Así como la naturaleza lo dotó de un talento especial para la práctica de este deporte, que lleva a considerarlo el mejor jugador del mundo, es probable que “compensara” tamaño regalo adosándole la característica de su intermitencia. Virtudes y defectos, como todos los mortales, quizás incompatibles con el rol de líder de un grupo. Me pregunto si no habría que dejarlo ser y jugar, sin exigencias extras.
Por supuesto, está en Messi y en quienes lo ayudan, en particular en sus entrenadores, sacar el máximo provecho de las virtudes y corregir los defectos, para su propio bien y para beneplácito de todos los que disfrutamos de su actuación estelar.
En tal sentido me parece que le hacen un flaco favor cuando se condiciona la espontaneidad de su “interpretación artística” asignándole responsabilidades que tal vez la bloquean, como ser el capitán y/o el conductor y/o ponerse el equipo al hombro para garantizar el espectáculo. El violinista podrá tocar magistralmente un “Stradivarius”, sin que ello implique que también deba empuñar la batuta del director de la orquesta. Que en un equipo de fútbol juegan once, y que Messi no es el mesías ni el redentor del fútbol argentino, aunque sea su mejor jugador, son menciones tan perogrullescas como las expuestas en el primer párrafo.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora