A las piñas
Hay un viejo imperativo scout que insta a dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos. Si todos procediéramos conforme dicha máxima, seguramente las generaciones venideras tendrían un futuro mejor. Este sentido de ver más allá de nuestras propias narices me ha interesado desde adolescente, tanto como escuchar días pasados que nuestro país no despegará hasta que no haya gente dispuesta a sacrificarse por un ideal que nunca llegará a ver. Estas cuestiones tan poco deglutidas por el ser argentino nos hablan claramente de la posteridad. Tema del que se hace escaso culto en el escenario político y social de nuestros días. La miopía y baja catadura de una simple mayoría, su escaso vuelo y sumisión extrema han llevado a escribir en las últimas semanas de abril una de las páginas más bochornosas que recuerde la historia de la Cámara de Diputados de la nación. A un tris estuvieron nuestros legisladores de llegar a las piñas. Al mismo tiempo, y en medio de denuncias por corrupción, un hijo pródigo volvía a estas tierras luego de haber construido una historia personal en el exterior (un auténtico self-made), no exenta de privaciones y esfuerzo. En el estadio de Vélez Sarsfield, Sergio Maravilla Martínez logró congregar cerca de 40.000 almas bajo una impiadosa lluvia que no tuvo miramientos a la hora de su enfrentamiento con el inglés Martin Murray. Sin embargo, la gente no falló a la cita. Micros colmados venidos del interior y el hombre de a pie, con su cuero cabelludo mojado y su ropa escurrida, esperaron con devoción por alguien que les hizo creer en algo. ¿Es Maravilla genuinidad pura o un producto del mercado? Quizás ambas cosas a la vez, ¿quién lo sabe a ciencia cierta? Lo real es que este boxeador y su entorno concitaron la atención “no viciada” de millones de argentinos, como hace tiempo no lo logra alguien surgido de la política. La historia de este deportista veterano de 38 años de edad, que se entrena con rigor prusiano para cada combate y desfila por los programas y encuentros sociales cuidando su imagen y vocablo hasta el más mínimo detalle, ha subyugado a personas de distinta condición social. Probablemente su figura no sería tan convocante, y su foja de servicios carecería de la épica necesaria, si no se hubiera puesto de pie luego de su escalofriante caída en el último round frente a Chávez Jr. Quizás haya sido el costo que debió pagar para gozar de los beneficios de la popularidad. Una cuenta con una propina suculenta: haber quedado diezmado en su físico, con lesiones serias en su mano y rodilla. Con oficio y fallo discutido, Maravilla salió del brete en que lo puso el durísimo británico, no sin antes haber secado su boca con el polvo de la lona velezana. Nuevamente lesionado de su mano, con reiteradas señales de una mandíbula vulnerable y sin poder cumplir su promesa se fue el quilmeño victorioso de Liniers. Ante el crepúsculo de su trajinada vida deportiva y la inocultable evidencia de sus achaques físicos, Martínez deberá decidir si sucumbe o no ante una tentadora oferta o si decide retirarse con toda la gloria en su haber. Las seductoras ofertas para exponer su título ante rivales más poderosos seguramente no se harán esperar. Hay cierta dosis de morbo en probar los límites de la tentación. Al pugilista argentino se le abre el dilema de decidir su futuro. Será hora de utilizar su inteligencia para respetarse a sí mismo y no sacrificar la gloria que con tanto sudor pretende edificar. La forma en que Martínez deje su cetro definirá su vida para siempre. Ojalá el árbol le permita ver también el bosque. Quizás así, desde el deporte, se brinde un mensaje que desde otros estamentos –mucho más sensibles para la vida institucional de nuestro país–, desde hace rato, lamentablemente no se da. (*) Abogado. Prof. Nac. De Educación Física. marceloangriman@ciudad.com.ar
Marcelo Antonio Angriman