“A mi hijo le dispararon por una apuesta”

Aseguró Jenni Vejar Correa, la madre del menor de 11 años baleado a comienzos de semana en Villa Ceferino. La versión que manejan los investigadores es que un adulto desafió a los agresores “a bajar a uno” y les proveyó las armas. “Le pido a Dios que me lo preste unos años más para disfrutarlo”, dijo la mujer.

Por Redacción

NEUQUÉN (AN).- La mamá del menor baleado en Villa Ceferino contó que a su hijo lo hirieron por “una apuesta” de un adulto que desafió a los agresores y hasta les proveyó las armas para perpetrar el ataque.

Asegura que los perdona pero quiere la pena máxima mientras tanto ruega a Dios por su pequeño “para poder disfrutarlo unos años más”.

Jenni Vejar Correa aguarda por la recuperación de su niño de 11 años que a principio de semana en un violento ataque a su vivienda recibió un tiro en la cabeza mientras miraba dibujitos en la habitación de sus padres.

El proyectil le produjo daño cerebral y su estado es reservado. La mujer espera con templanza y en oración por la recuperación de su hijo. En medio de tanto dolor y angustia habló con “Río Negro” y brindó un testimonio que desgarra, contagia y enseña.

“Primero que nada quiero agradecer a las autoridades de la clínica que nos han brindado un espacio para permanecer en esta espera en la que hay mucha solidaridad y amor”, comenta Jenni.

Del estado de su hijo aclara que “estamos esperando un milagro y confiamos plenamente en Dios porque obviamente el diagnóstico no es nada favorable. Yo en este momento estoy viendo la luz no estoy viendo las circunstancias y trato de no hablar del diagnóstico para resguardarme. Yo le pido a Dios que me lo preste unos años más para disfrutarlo”.

“Acá hay que ser muy responsable a la hora de hablar porque uno está preparado para la pérdida del padre o la madre pero de un hijo nadie nos prepara. Estoy siendo fuerte en la medida que se puede y cuando ya no puedo más está Dios dándome fuerza”.

En medio una tensa espera Jenni recuerda. “Para él yo era su mamá hermosa, su mamá bella. Si me demoraba en llegar a casa me llamaba para decirme que me extrañaba por eso yo estoy bien por ese lado, porque yo no estoy en deuda con él y él no está en deuda conmigo porque se crió con tanto amor que eso es lo que él daba”.

Como madre sufre a la hora de verlo en terapia. “Me cuesta horrores entrar ahí y verlo así como está. Y lo que más me duele es que esto podría haberse evitado. ¿Por qué siempre hay que llegar a los extremos?”, se pregunta con angustia.

“Mi hijo está ahí por una apuesta. Porque hay una persona que les dijo (a los agresores), en el dialecto de ellos, que no les daba para bajar a uno. Y ellos le dijeron que no tenían armas por lo que esta persona les facilitó las armas. Esta es la versión que nos llegó a nosotros”, cuenta la mujer.

En cuanto a los agresores esta madre cubierta de dolor demostró tener una integridad ejemplificadora. “Yo los perdono porque el perdón te libera y necesito perdonar pero obviamente hay dos poderes: celestial y terrenal. En cuanto a lo terrenal quiero lo máximo de pena porque tuvieron tiempo de pensar, no fue un episodio aislado”, aseveró con un convencimiento infranqueable.

Jenni está lúcida y su pesar no le impide observar la problemática social que atraviesa tanto a su barrio Villa Ceferino como a todo el oeste neuquino.

“Necesitamos lugares de contención para los jóvenes porque hay un grado de violencia generalizada. Los funcionarios tienen que hacer hincapié en estas cosas y dar respuestas. Los espacios de contención ayudan a sacar a los pibes de la calle para mantenerlos ocupados y alejados del delito y la droga”, explicó la mujer que entiende la complejidad de la problemática pero asegura que “por algún lado hay que empezar porque hoy los chicos no tienen proyecto”.

Por último lanzó un pedido generalizado: “digan a sus hijos todos los días lo mucho que los aman porque nunca se sabe lo que pueda pasar”, concluyó Jenni que continuaba en la clínica aguardando el milagro que le devuelva a su pequeño.

Cecilia Maletti