¿Acaso tengo que pedir perdón?
Trabajo en Lago Escondido. ¿Acaso tengo que pedir perdón por eso? Me cuidan y respetan. Soy feliz. Y parte de mi felicidad actual se la debo a este lugar. Hace ya un año decidimos, junto a mi marido, ir por el sueño de nuestras vidas: el de la casa propia, en la montaña, cerca de esos lagos y cerros que son destino obligado para cualquier turista, argentino o extranjero, que decide conocer nuestro maravilloso país. Proyectamos lograr tener una casa pequeña, con el calor del hogar y los valores que nuestros padres nos inculcaron de chicos. ¿Seremos una familia de 4, 5 personas? Aún no lo sabemos. Lo que sí tenemos claro es que no queremos vivir y mucho menos criar a nuevas generaciones en un clima como el que se vive hoy. Se perdió el amor por lo propio y el respeto de lo ajeno o, lo que es peor, el respeto de lo que es de todos. Hablamos de derechos y levantamos esa bandera olvidándonos de las que son nuestras obligaciones. El trabajo dignifica al hombre, de eso no hay dudas. El esfuerzo diario y la pasión por ver un proyecto hacerse realidad nos da una razón de ser, un motivo por el cual llegar cansados al final del día pero con el rostro lleno de felicidad. Así terminamos cada día, contentos, por estar donde queremos estar. Me gustaría poder seguir terminando el día feliz por el trabajo realizado, feliz de estar acercándome de a poco a los objetivos propuestos. No quiero perder esa alegría. Ni la satisfacción, que no sólo es mía, sino también de gran parte de los 140 compañeros que hacen Lago Escondido.
No quiero y no pienso permitir que me hagan sentir en falta por estar haciendo lo que quiero hacer. No quiero tener que destinar parte de mi tiempo a dar explicaciones de ningún tipo. No quiero tener que irme a dormir pensando que uno de estos días tal vez el blanco seamos nosotros, simples trabajadores con familia y niños que criar.
Respeto al prójimo. Difícil de practicar, pero necesario de manera urgente.
Magalí Pizarro
DNI 34.958.804
Magalí Pizarro
DNI 34.958.804