Adiós tristeza… bienvenida sea la vida
Magdalena León regresó a Neuquén después de casi dos décadas de ausencia.
NEUQUEN (AN).- Menuda juega con sus manos delgadas, el cabello juega con ella, su cuerpo seduce, sus manos giran y acarician el aire, le dan forma, sus manos modelan el aire.
La voz, se hace vida y se hace muerte, el alma en la muerte tiene alas que se cruzan con palomas en el aire, hay que honrar la vida, decía cantando, dibujando.
Ahora la voz de Magdalena León es tan bella como cuando era «Buenos Aires 8» o hasta una década atrás, cuando dejó de cantar sin explicación.
La juventud adoraba a Magdalena León.
Magda chiquita vestida de negro, cantó el viernes de 21 a 22.30 en Centro Automotor dentro del programa artístico del club Renault. El lugar está ubicado a cuadras del puente carretero.
En el otro extremo, a más de 8 kilómetros, siempre en la misma ciudad y con parecida gente, a las 22.40 se preparaba la escena blanquísima de un ajedrez de mesas negras-blancas y cortinados trasparentes en la enorme globa del casino Magic.
Allí otra magnífica diosa de la vida y el canto, de la poesía, se plantaba totalmente de negro. La seducción emergía desde la voz llena de matices: cuántos, múltiples. Acariciantes decires de la vida y la muerte, otra vez las dos puntas: oh tristeza, bienvenida vida decía la Creuza.
Ella fue su reina, la elegida por Vinicius de Moraes, ella era la ídola, el arquetipo bahiano ¡sexy total made in Brazil! como Sonia Braga.
La juventud adoraba a María Creuza (a Vinicius, a Toquinho, a Jobim).
María Creuza y Magdalena León son mágicas. Sus voces -cerrando los ojos- hacen con el alma lo que el hechicero con la serpiente. Ya no hay voluntad porque el alma no responde más que a esos sonidos e instrumentos que ondulan, socaban, susurran, trocan en la sutilidad casi intangible, se disfuman y antes de desaparecer retornan como un rumor que anuncia el torbellino, el crescendo, la lujuria.
Inunda, inunda la voz y se va haciendo evanescente… pero no abandona. Deja inundados, trasportados, dis-dimensionados… Sí. Hay que confesar que ciertas voces como la de Creuza y León nos quitan de esta dimensión y no se sabe dónde más volver a hallarnos.
Regresamos cuando se nos da la real gana. Total ¡qué
más da! es un estadio ideal.
Qué cosa bella la vida cuando nos da sin quita, de paso entrega para que tenga, para que alcance, para que sirva hasta la próxima. Hasta la vuelta.
Cosa bella las diosas juntas, la misma noche y además sin superponerse. Aquellas que no oíamos hace allá lejos.
Y la explicación de esta extraña ligazón tan profunda con quienes se ama desde el disco, desde el escenario, la explicación… puede intentarse.
Cuando el artista se ausenta por años y más nada se sabe, queda el romance latente, no hay rupturas, crisis, despedidas. No hay duelo. Es más, ni siquiera hay melancolía ni nostalgias, porque no se es conciente de que tal romance existe.
Pero he aquí la magia con esas voces de ensueño.
Apenas aparecen, primero el tiempo se detiene o retrocede. Hay un re-encuentro, un reconocimiento de sus cuerpos, sus edades. Emanan y esa irradiación nos rodea. Después… aquellas, sus tan conocidas tonalidades y coloraturas, nos trasportan a otros momentos dejados a espaldas de la vida.
El romance sin fisura se reinstala, dos veces se reinstala.
La ceniza de los huesos del poeta de Magdalena tiñen por un instante la espuma blanca de la ola naciente del mar de María.
Y el ala del alma de Vinicius con el ala del alma de Cardozo Ocampo le dan vuelo a una paloma en el aire.
Noche en la ciudad de punta a punta.
En cada extremo una mujer y una línea de asfalto que lleva a una tercera mujer, a las carreras, tratando de unirlas en cada una de estas letras, según sus cantos.
Beatriz Sciutto
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