Afganistán: cómo impacta en esa región la toma del poder talibán

Especialistas anticipan consecuencias inevitables no sólo para el país sino también para Europa e inclusive Asia. Las mujeres son, desgraciadamente como siempre, el eslabón más débil de la cadena, coinciden. Apuntan a un gran fracaso internacional.

La toma del poder en Afganistán, donde los talibanes entraron a la capital sin encontrar resistencia, presagia profundos cambios políticos y sociales no sólo en el país, sino también en los estados vecinos, anticiparon especialistas. Los talibanes aseguraron que formarán un «gobierno islámico inclusivo» con otras facciones y que mantienen negociaciones con políticos de alto nivel, incluidos líderes del Gobierno anterior y, aunque persisten en la idea de hacer cumplir la ley islámica, aseguran que proporcionarán «un entorno seguro para el regreso a la vida normal después de décadas de guerra». Así lo señaló el portavoz talibán Suhail Shaheen en una charla telefónica con el servicio público de radiodifusión británico, BBC.

Muchos afganos, sin embargo desconfían de las promesas de los talibanes y temen que el futuro Gobierno sea tan violento y opresivo como el anterior, a partir de preocupantes señales, como el intento de regresar el nombre del país a Emirato Islámico de Afganistán, que es como lo llamaron la última vez que gobernaron.

La desconfianza también se fundamenta en que el comportamiento talibán sobre el terreno no coincide con esos testimonios conciliadores.

Su enorme astucia negociadora los colocó de nuevo al timón de este país semidesértico, una nación compuesta por diferentes etnias: hazaras en el centro, pastunes en el sur y en el este, tayikos y uzbekos en el norte, sin olvidar los pueblos kirguises, baluchíes, turcomanos, aimaks o nuristaníes.

Dentro de este mosaico, los pastunes representan la mayoría, con cerca de un 40% de la población total, y los talibanes suelen pertenecer a este grupo étnico de origen iranio.

Quienes no comulgan con la ideología talibán o trabajaron estos años de conflicto para las tropas extranjeras, temen ser perseguidos sin piedad e incluso degollados por los nuevos líderes.

Las mujeres son, desgraciadamente como siempre, el eslabón más débil de la cadena y los pedidos de visados y asilo político se dispararon, pero no todos podrán salir.

Algunos analistas occidentales escriben que esta situación desesperada que vive Afganistán se parece demasiado a la de Vietnam en 1975 cuando las tropas del Vietcong forzaron una salida humillante de los soldados de Estados Unidos apostados en Saigón, su último reducto.

«Tanto en Vietnam como en Afganistán el Pentágono se enredó en una guerra contra un enemigo que desconocía, sin una estrategia de salida y con una narrativa tóxica de cara al pueblo americano», escribió Alberto Rojas para el diario El Mundo de España.

«Tanto la milicia Vietcong como los talibanes sufrieron enormes pérdidas contra la maquinaria militar estadounidense y sus terrores tecnológicos, pero resistió gracias a un mayor conocimiento del terreno, ya sea la selva o el desierto, una mayor motivación y una letal táctica de guerrillas. En ambos casos, Estados Unidos fue incapaz de ganar un conflicto en el que parecía el teórico favorito«, agregó.

Su relativamente fácil llegada a Kabul, explica Rojas, tendrá consecuencias inevitables no sólo en Afganistán sino también en Europa, donde se vivirá una nueva crisis de refugiados en el plazo de un par de meses.

Todos los que ahora escapan asustados llegarán en otoño (boreal) en tropel a Europa y los grandes ganadores en todo esto serán las mafias que trafican con las personas y su futuro.

El triunfo de los talibanes significó un hecho inesperado para Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, comentó la agencia de noticias Sputnik.

Hace apenas un mes, el propio presidente norteamericano, Joe Biden, asesorado por sus servicios de inteligencia, consideró «poco probable» que los insurgentes dominaran todo el país. Un enorme fiasco y error de cálculo.

Ahmed Rashid, veterano periodista paquistaní experto en Afganistán, consideró que los talibanes siguen estando apoyados por los servicios secretos y el Ejército de Pakistán, que les han ofrecido refugio seguro en las localidades de Peshawar y Quetta, es decir, al otro lado de la frontera.

Rashid estimó que hubo falta de unidad en la resistencia afgana.

Para él todo esto no es más que un gran fracaso internacional, donde el expresidente estadounidense, Donald Trump, que quería negociar con los talibanes a toda prisa para conseguir un acuerdo que coincidiera con su carrera electoral, jugó un papel destacado.

«Lo que pasó es que los estadounidenses cedieron demasiado a los talibanes: la liberación de 5.000 prisioneros (acuerdo alcanzado en febrero de 2020), no condicionar el acuerdo a la situación de las mujeres y la sociedad civil. Cedieron tanto que ahora ya no hay nada que se les puede ofrecer, de modo que no hay forma de frenarlos», señaló Rashid.

«Son las peores negociaciones jamás llevadas a cabo por Estados Unidos. Han destruido su propia fuerza en la negociación. Y Biden ha mantenido esa política», agregó.

Otro factor determinante fue que Washington cedió el control del proceso de paz a la ONU, pero las agencias de Naciones Unidas como Unicef o Acnur carecen de financiación y el secretario general, António Guterres, tiene poca o nula influencia en esta crisis.

Con los talibanes asentados en el poder, es previsible una radicalización en el área, concretamente en Pakistán. Incluso, podría sobrevenir allí una crisis política.

También podrían sentirse sus efectos en alguna república de Asia Central, lo que incomodaría a Rusia, o en la zona uigur, un grupo musulmán limítrofe con Afganistán, lo que no le gustaría nada a China, concluye el reporte de la agencia de noticias rusa.


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