Ahora, lo estéril
Por CARLOS TORRENGO
El gobierno nacional ignora que las aclaraciones están devaluadas. Ni bueno ni malo: devaluadas. Máxime cuando los hechos hablan por sí solos.
Sin embargo ayer, a tropel, desde varias butacas del gabinete nacional, la administración Kirchner salió a aclarar que la resistencia que ofreció en la Cumbre de Mar del Plata al ALCA de ninguna manera resiente las relaciones con Estados Unidos.
Y aclaró lo que no necesitaba aclaración. Porque si hay lesión en ese vínculo no es por la mentada oposición: es por la forma en que el gobierno expresa su «no». Y también por sus diversos puntos de vista sobre el poder de Estados Unidos o sobre la política del FMI.
Como mínimo, en ese protagonismo de definición, el gobierno careció de estilo.
El presidente Kirchner -por caso- intentó definirle a Bush cuáles son las obligaciones de su país para con el mundo. Le quiso marcar el paso en términos de «hacer esto o aquello». Ponerlo en caja. Casi orillando el hacerlo responsable de la degradación socioeconómica, para el caso, de Argentina.
Y este tipo de discurso, fundado más en el dictado de emociones que de fría racionalidad, lesiona imágenes y vínculos.
Por ahora Washington no lo hará notar.
Pero el solo hecho de que ayer la administración Kirchner saliera a aclarar dice que computa que la Casa Blanca tomó nota de aquel intento de marcarle línea que protagonizó el presidente.
Gobierno de conductas insólitas para el manejo de la política exterior es el argentino. No parece advertir que ese campo es siempre muy sensible. Un espacio donde la percepción sobre los gestos concretos tiene un valor insospechado.
Así, por un lado, Argentina le pide ayuda a EE. UU. para negociar con el Fondo Monetario Internacional y le dice lo que tiene que hacer con su poder. Por el otro, le cede al demagogo Hugo Chávez una tribuna para que durante dos horas ataque a Washington.
¿Qué diría Kirchner si, estando en Estados Unidos, la Casa Blanca le entregara a los generales de la dictadura un foro para denostarlo?
Y muy lastimadas quedaron, sí, las relaciones con el presidente mexicano Vicente Fox.
Fue groseramente tratado por el mandatario argentino cuando, en el trámite de la reunión de presidentes, y en tren de avanzar hacia el tema concreto del ALCA, Fox pidió la palabra. Kirchner, fungiendo de moderador y con rusticidad, se la negó en forma tajante.
Fox calló. Jugaba de visitante. Pero ayer, ya en su país, definió conductas del argentino (ver en esta página).
Lo pintó sin mayor énfasis: Kirchner tiene déficit de estilo.
Con el agravante de que aquí Kirchner era anfitrión.
Lamentable desempeño el del mandatario argentino.
También grave.
¿Qué creerá que cosecha con ese estilo?
Sería grave que pensara que, a la larga, generará réditos.
Muy grave.
Nota asociada: El gobierno no cree que se haya tensado la relación con EE.UU
Nota asociada: El gobierno no cree que se haya tensado la relación con EE.UU