Alberto, un acertijo aún sin resolver




A diez días de asumir un desafío impensado, Fernández promete levantar las persianas de las fábricas y gana los corazones jóvenes de Twitter. Aún es un enigma a resolver.


Parece que la carta siempre fue Lavagna. Es una de las coincidencias entre presidente y vice. El exministro de Economía volvió a entusiasmar después de que su hijo Marco fue confirmado al frente del Indec. Algunos dicen que la clave hay que leerla en las declaraciones del diputado, al día siguiente de su designación, cuando estimó que “el dólar a $ 61 ya está retrasado”. Pero parece nada más que una maldad.

Quienes acceden en estas horas a Roberto Lavagna sostienen que ha descartado toda posibilidad de participar en la quinta experiencia de gobierno del peronismo, cualquiera sea la oferta. Ni ministro ni consejero ni nada. Lavagna es esclavo de sus palabras. Ha dicho muchas veces que su única aspiración era la presidencia de la nación, para la que había sido convocado por los gremios antes de la unidad peronista, cuando la Argentina era otra.

El equipo económico no debería salir entonces del puñado de nombres que acompañan a Alberto Fernández desde el comienzo de su aventura y algún otro que se sumó en las últimas semanas. De Guillermo Nielsen se ha cuestionado su vertiginoso pasaje de piloto para la deuda y Vaca Muerta a ministro expectable. Es un reproche que también comparten Fernández y Cristina Kirchner, aunque la señora tendría objeciones más profundas. Ya nadie niega que ella impuso un veto a Martín Redrado, una opción temprana del presidente electo (tampoco es un secreto que vetó a Florencio Randazzo, a quien Fernández quería en su gabinete). El economista Martín Guzmán ganó espacio como candidato en Hacienda y Matías Kulfas en Producción. Es lo que se especula y lo que recogen la mayoría de las crónicas. Pero en ocasiones como estas, los Kirchner se han destacado por sorprender y Fernández ya ha dicho que con su compañera son lo mismo. Las respuestas se conocerán el viernes.


Vidal ha dicho que busca empleo en la actividad privada: se sabe al menos que pidió entre 3 y 4 millones de pesos a una de las grandes editoriales para escribir su libro.


De lo que no quedan dudas es del escenario en el Congreso. La vicepresidenta electa inició en el Senado una formidable tarea de acumulación de poder que se completaría esta semana en Diputados. La conformación en cada una de las cámaras de un poderoso bloque de legisladores del Frente de Todos, de una diversidad hasta hace poco impensada, demandará más que un gran espíritu de unidad, disciplina. Aún no está claro sin embargo si, como la amplió en el Senado, podrá alcanzar mayoría en Diputados, detrás de Máximo Kirchner. Se conocerá no más allá del miércoles. Veremos también en qué condiciones llega Sergio Massa a la presidencia de la Cámara después de una semana declinante: Diego Gorgal, su candidato al ministerio de Seguridad, un área en la que siempre se ha interesado, fue descartado (igual que el senador Carlos Caserio) por un tuit descalificador de Fernández, que el presidente electo envió por error y al rato borró. Massa tal vez hubiera deseado que le pasara a Cristina.

Hay una coincidencia entre los presidentes Macri y Fernández en estas horas: ambos siguen en campaña.

Macri prepara un mensaje grabado y su acto de despedida, el sábado. Antes participará de la cumbre del clima en Madrid y la del Mercosur en Río Grande do Sul, con clave en el futuro de la relación con el Brasil de Bolsonaro. Sus ministros han sido instruidos para que presenten sus balances de gestión ante la prensa (no hay transición: los que los sucederán por el peronismo se enteran por los diarios). En algunos de esos encuentros sin embargo se escuchan más críticas internas -es decir, hacia arriba- que autocríticas. El cemento que ha unido a Cambiemos luce agrietado y sus liderazgos disminuidos y dispersos. María Eugenia Vidal, la dirigente con mayor proyección del espacio hasta la derrota, ha dicho que busca empleo en la actividad privada: se sabe al menos que pidió entre 3 y 4 millones de pesos a una de las grandes editoriales para escribir su libro.

A diez días de asumir un desafío impensado, Fernández promete levantar las persianas de las fábricas y gana corazones jóvenes en Twitter. Como ha dicho, lleva 40 años haciendo política y es un acertijo aún sin resolver.


Comentarios


Alberto, un acertijo aún sin resolver