Aliados impensados



Hugo E. Grimaldi


Es esperanzador resaltar la benéfica acción política que ejercieron esta vez Macri y Fernández a la hora de desactivar el paro de los pilotos de Aerolíneas Argentinas.


Los políticos no son proclives a decirlo porque en campaña venden espejitos de colores, pero la sociedad tiene que saber que, gane quien gane, la vida de los argentinos estará empapada durante los próximos años de mucho “sudor y lágrimas” si se quiere revertir una situación casi inmanejable de hambre, pobreza y postración que ya no es de coyuntura, sino que se ha transformado en algo bien estructural.

Ya sea porque “se robaron un PBI entero” o porque “la culpa la tiene la mala praxis del gobierno actual”, los ciudadanos tienen que asumir que, al menos para encauzar la situación, se va a necesitar mucha sangre fría y grandeza de los futuros gobernantes, de sus opositores y de todos los demás actores de la sociedad inflacionaria, estatista, corporativa, cerrada y prebendaria que la Argentina supo construir durante los últimos 90 años. Y un mundo que ayude, desde ya.

Por eso, en medio de tantos anuncios electoralistas que tienden a sacar de foco ese diagnóstico tan cruel, es esperanzador resaltar la benéfica acción política que ejercieron esta vez Mauricio Macri y Alberto Fernández a la hora de desactivar, aunque sea por este fin de semana, el paro de los pilotos de Aerolíneas Argentinas.

Probablemente, ambos lo hicieron por conveniencia (Alberto F. quiere que la vuelva a manejar La Cámpora y no APLA y Macri todavía sueña con sucederse), pero lo cierto es que ambos jugaron en beneficio de la gente: el opositor pidiéndole a los gremios que respeten a los pasajeros y el Presidente no comprometiendo recursos que son de todos.

Ganaron los dos y sería bien importante que esta sintonía transversal se amplíe hacia otros temas vitales de los que no se habla en campaña, como la educación, por ejemplo. La coincidencia se dio justo en tiempos en que las internas de ambos están bastante indómitas y oscilan entre los tropiezos dialécticos del peronismo y los manotazos de ahogado del Gobierno.

El presidente, por ejemplo, tiene a muchos radicales pasándole las facturas por el destrato, a Elisa Carrió pegándole a sus ministros y a María Eugenia Vidal desprotegida por el error de no haber desdoblado la elección bonaerense. Alberto F. no las tiene mejor y si bien todos en su entorno se han llamado a silencio para no meter más patas como la de proponer cambios constitucionales o una Justicia diferente o una “Conadep para los periodistas”, todos caminos hacia el autoritarismo, él se ocupa de manejar la compleja relación con las organizaciones sociales, los gremios y los industriales.


Sería más que interesante que ambos candidatos presidenciales se animen y que puedan acordar también poner la cruda verdad sobre el futuro arriba de la mesa.


Y aunque sus referentes hablan de ir acomodando “sector por sector”, el candidato se ha jugado por la peronista Mesa de Concertación, espacio que siempre ha buscado sacarle jugo al Estado. Luego, llegará el tiempo de renegociar la deuda, emitir o cambiar reglas bancarias para cancelar las LELIQ o ver qué espacio hay para la meneada recuperación salarial. En materia de conducción no hay lugar para dos y todos esperan que el silencio táctico de Cristina cese la misma noche de la elección definitiva. Judicialmente, se especula con una amnistía salvadora y luego, creciente presión sobre su elegido.

Desde el lado del Gobierno, el “sí se puede” de campaña tiene como dique los fríos números de las matemáticas. Para empezar a hablar, el milagro para llegar al balotaje necesita que 700 mil votos cambien de vereda, casi un imposible debido a la propensión argentina de querer ganar siempre.

Recién después podrían llegar otras ayuditas vía mayor participación, voto del exterior, pérdidas de los demás candidatos o el cómputo diferente de los blancos, siempre y cuando la mitad más uno de estos nuevos sufragios vayan en su auxilio.

Aunque cada uno deberá seguir lidiando con sus lacras y contrapesos sería más que interesante que ambos se animen y que puedan acordar también poner la cruda verdad sobre el futuro arriba de la mesa para que la sociedad termine con las fantasías.


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