Andrés Calamaro, retrato del artista sufriente

Está por sacar su disco quíntuple: "El salmón". La polémica arranca. ¿Locura o genialidad?

«Es imposible pasar noches en vela y ejercer un oficio: si en mi juventud mis padres no hubieran financiado mis insomnios, me habría seguramente liquidado.»

(Cioran, «Ese maldito yo»)

Andrés Calamaro está sufriendo. Nos lo ha hecho saber públicamente a todos, a los que compramos sus discos y los que no. Cumple así con el viejo axio-ma de los artistas geniales que viven atormentados antes, durante y después de que construyen sus obras. Dentro de unas semanas romperá todos los parámetros establecidos por el uso tradicional y el mercado acerca de lo que significa lanzar un disco, cuando aparezca «El sal-món», su álbum quíntuple, que contiene 103 canciones seleccionadas a su vez de otras 350.

Calamaro se ha pasado buena parte de este año encerrado en un altillo de su casa en Barrio Norte de Buenos Aires. A pesar de ser un buen conversador, ha dicho poco en este tiempo y esto justifica la increíble cantidad de especulaciones. «Calamaro está reloco…», le decía un periodista de un diario nacional a este cronista hará cosa de un mes. Se hablaba de drogas, depresión, furia y un estado de constante obsesión.

«Creo que edito discos para no tener que escuchar nunca más esas canciones. Esto es insoportable: ayer estaba escuchando canciones nuevas y me asusté. Todos sabemos lo malo que es tener conciencia. Yo me estoy dando cuenta de todo. Convivo con el terror», le explicó el compositor al periodista Mariano del Mazo de «Clarín».

Pero volvamos sobre una idea. Calamaro ha dicho poco pero ha sabido a quién decírselo. Este año dio dos entrevistas importantes, ambas referidas a este disco y las dos a «Clarín», el medio de mayor tirada en el país. Está muy lejos de ser casual: el ex líder de «Los Rodríguez» conoce a fondo lo importante que es tener buenas relaciones con la prensa. En la intimidad, los propios profesionales del medio lo reconocen: se trata de un experto en «migas» públicas. Mucho antes de ser un súper ventas, ya cultivaba amistades clave. Su uso medido de la prensa antes del lanzamiento de «El salmón» es una prueba de su sapiencia. «Yo empecé esto haciendo grabaciones caseras, en casetes TDK. No sabía que iba a tomar estado público», le dijo a Del Mazo. Cuesta creerle.

Primera postal desde «Camarolandia»: él y un periodista de un medio internacional se preparan para hacer una entrevista. Nunca se habían visto antes, pero el consumo de Calamaro es público y notorio.

– ¿Te prendés? -pregunta el músico.

– Dale, responde el cronista en una actitud más bien adolescente, para «no quedar mal» porque nunca había fumado hasta entonces.

La inexperiencia se hizo evidente cuando el reportero comenzó a toser ostentosamente. Con lágrimas en los ojos, le transfirió el cuerpo del delito.

– Pasá para acá que te estoy corrompiendo -le increpó Calamaro. Fin de la escena.

Segundo retrato de un artista: el ignoto integrante de un ignoto conjunto de música de La Plata con ignotas canciones le envía a un ya consagrado Andrés Calamaro un video y un demo. La intención es la de siempre llamar la atención de la estrella y obtener alguna palabra de aliento. Por lo general estos pedidos no tienen vuelta de correo y si la hay, se limitan a una fotografía autografiada por una secretaria. No fue el caso. El músico envió una larga carta escrita por su puño y letra alentando y criticando como un amigo más.

Dice Cioran en «Ese maldito yo» (Tusquets): «Tanto me colma la soledad que la mínima cita me resulta una crucifixión» y luego: «Con razón en cada época se cree asistir a la desaparición de los últimos rastros del Paraíso terrestre». El filósofo rumano es desde hace años una de las fuen-tes de inspiración de Calamaro. El nombre tentativo del disco era «Paraísos perdidos», en homenaje al pensador.

Dicen que no duerme. Que no come. Que se droga más de la cuenta. Mientras tanto, el ex líder de «Los Rodríguez» emite seña-les confusas. En abril de este año le confesó al periodista Marcelo Panozo de «Clarín»: «En este disco las sustancias ilegales van a ser tratadas de otra forma. Vamos a ser la primera generación respetada asumiendo que consumimos sustancias marginales. No solamente porque el público va a respetar nuestra inteligencia, sino porque ésta es una sociedad adicta a toda clase de drogas y porque la gente se da cuenta de que no puede desengancharse de las pastillas». Pero hace unos días le aseguró a Del Mazo que había abandonado «la vida pop (…) La vida según Andy Warhol. La televisión, el porro, la milanesa, la fiaca, la charla jovial… todo eso nos quita muchas ho-ras». ¿Entonces?

Sólo podemos estar seguros de que «Honestidad brutal» fue el anticipo de una obra monumen-tal. Unica. Acaso la mayor pretensión de un artista.

Claudio Andrade


"Es imposible pasar noches en vela y ejercer un oficio: si en mi juventud mis padres no hubieran financiado mis insomnios, me habría seguramente liquidado."

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