“Añoranzas del Estado perdido”

Redacción

Por Redacción

“El auténtico valor del ser humano viene determinado principalmente por la medida en que ha logrado liberarse del yo”. Albert Einstein Mucho tiempo atrás, el Estado y la ciudadanía, considerando los valores intrínsecos de la organización nacional, la educación ciudadana y otras valías, plasmaron esos principios en una Constitución nacional que al poner en valor la República otorgaba derechos pero, asimismo, fijaba obligaciones. Lo anterior básicamente nos permitió y permite a los conciudadanos enriquecernos mediante el derecho al conocimiento en escuelas, colegios y universidades nacionales, populares y gratuitos (cuya excelencia debe preservarse) a fin de instar a adoptar conductas civilizadas, con razonamientos de desarrollo intelectual y libertad de pensamiento –no confundir con “domesticar” individuos políticamente como pareciera ser… me inquieta y motiva el análisis de la tendencia actual, tendenciosamente distorsionada–. En la primaria aprendí obligadamente, sin sentirme hoy frustrado por el “autoritarismo” de un maestro preocupado y ocupado en educarnos y que memorizáramos y recitáramos el Preámbulo de la Constitución nacional que, más tarde convertido en eslogan de campaña política, permitió consolidar la democracia y el reencuentro nacional que soñaron Balbín y Perón y revalorizáramos que el “perdido Estado” estaba constituido por tres poderes: a) el Ejecutivo, que no da, espera ni permite que se difiera la ejecución; b) el Legislativo –dícese del derecho o potestad de hacer leyes– y c) el Judicial: perteneciente o relativo al juicio, a la administración de justicia o a la judicatura. También debo evocar como norma primigenia las diez leyes morales de mi ideología religiosa monoteísta adoptada libremente que, según las escrituras sagradas, recibió Moisés y que me alegra que sean revalorizadas por el que fue compatriota argentino y hoy es destacado ciudadano del mundo, Francisco, desde el lugar que supo conseguir por mérito propio. Confieso que concuerdo con T. Jefferson en que “ciertamente siento miedo por mi país cuando pienso que Dios es justo”. ¿No les parece que tenemos derechos (justos y legítimos) pero, imprescindiblemente, obligaciones (a cumplir)? Heraldo Ruddy González DNI 5.471.578 Trelew

Heraldo Ruddy González DNI 5.471.578 Trelew


“El auténtico valor del ser humano viene determinado principalmente por la medida en que ha logrado liberarse del yo”. Albert Einstein Mucho tiempo atrás, el Estado y la ciudadanía, considerando los valores intrínsecos de la organización nacional, la educación ciudadana y otras valías, plasmaron esos principios en una Constitución nacional que al poner en valor la República otorgaba derechos pero, asimismo, fijaba obligaciones. Lo anterior básicamente nos permitió y permite a los conciudadanos enriquecernos mediante el derecho al conocimiento en escuelas, colegios y universidades nacionales, populares y gratuitos (cuya excelencia debe preservarse) a fin de instar a adoptar conductas civilizadas, con razonamientos de desarrollo intelectual y libertad de pensamiento –no confundir con “domesticar” individuos políticamente como pareciera ser... me inquieta y motiva el análisis de la tendencia actual, tendenciosamente distorsionada–. En la primaria aprendí obligadamente, sin sentirme hoy frustrado por el “autoritarismo” de un maestro preocupado y ocupado en educarnos y que memorizáramos y recitáramos el Preámbulo de la Constitución nacional que, más tarde convertido en eslogan de campaña política, permitió consolidar la democracia y el reencuentro nacional que soñaron Balbín y Perón y revalorizáramos que el “perdido Estado” estaba constituido por tres poderes: a) el Ejecutivo, que no da, espera ni permite que se difiera la ejecución; b) el Legislativo –dícese del derecho o potestad de hacer leyes– y c) el Judicial: perteneciente o relativo al juicio, a la administración de justicia o a la judicatura. También debo evocar como norma primigenia las diez leyes morales de mi ideología religiosa monoteísta adoptada libremente que, según las escrituras sagradas, recibió Moisés y que me alegra que sean revalorizadas por el que fue compatriota argentino y hoy es destacado ciudadano del mundo, Francisco, desde el lugar que supo conseguir por mérito propio. Confieso que concuerdo con T. Jefferson en que “ciertamente siento miedo por mi país cuando pienso que Dios es justo”. ¿No les parece que tenemos derechos (justos y legítimos) pero, imprescindiblemente, obligaciones (a cumplir)? Heraldo Ruddy González DNI 5.471.578 Trelew

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora