Apatía y algo importante

Por Carlos Torrengo

En relación con la democracia, la transición convenció a los argentinos en dos cuestiones básicas:

Uno: la democracia es un derecho adquirido.

Dos: la democracia no es vista como una dimensión utópica.

Siguiendo este razonamiento, cabe inferir que lo demás, o sea la percepción del funcionamiento del sistema como resultante de la construcción política, es harina de otro costal.

Pero es ahí donde emergen los aciertos y débitos.

Los primeros se computan con la velocidad de rayo. Luego se los somete a un olvido injusto. Un caso, y toca muy directo a Río Negro: ¿quién se acuerda en esta provincia, limítrofe con Chile y que vivió muy intensamente la vicisitudes de una posible guerra con ese país, que en democracia ambas naciones hemos solucionado todos los litigios fronterizos?

Es decir, lo que el sistema zanjó bien, se capitaliza. Y a otra cosa. Ni malo ni bueno: es.

Son en consecuencia los débitos en el funcionamiento del sistema los que ocupan el centro de la historia de la transición. En ese punto aparecen los desencantos, las descreencias no en la democracia sino en la dirigencia.

Y entonces, la política misma es tocada por el descrédito.

Funcionando en este escenario de proyección nacional, cabe una pregunta : ¿Cómo está parada la sociedad rionegrina de cara a las elecciones de hoy?

Existe un diagnóstico que carece de rigor científico, pero la fuerza con que se corporizó le acredita valor. Habla de apatía.

Apatía definida como deslizamiento al desgano. El desinterés por lo político inducido por realidades que para algunas franjas de la vida provincial – los agentes de la administración pública – resultan abrumadoras.

Es – a juicio de varios psiquiatras y psicólogos que están trabajando el tema en el gremio docente – una apatía defendida a nivel consciente. Aparece como una actitud instalada como el único recurso para seguir lidiando con una realidad muy dura.

Un negarse estar ante lo que se vislumbra – desde el afectado directamente – como algo muy difícil de modificar. En todo caso, una duda muy sólida sobre el valor que pueda tener el voto de hoy para generar modificaciones a ese cuadro.

Esta apatía que en términos desiguales se detecta en distintos planos rionegrinos, marcha sin embargo en dirección contraria al crecimiento del interés por la gestión municipal que es dable detectar en toda la provincia.

No se trata cuestiones electorales sobre tal o cual municipio. Se refiere a la vinculación y expectativas del ciudadano con el primer escalón de poder institucional que tiene a su alcance: la comuna.

El gobierno provincial tiene datos por demás elocuentes de esta tendencia. Y no son pocos los jefes comunales a los cuales esta tendencia les sirve para intentar reformular el poder de sus municipios.

Veamos.

La crisis fiscal del Estado provincial es de tal magnitud, que su capacidad de respuesta es precaria en materia de prestación de servicios.

Esta debilidad gravita sobre las comunas más allá de la deuda que en materia de coparticipación mantiene la provincia con ellas. Los intendentes -por caso- son desde hace varios meses blanco de reclamos por los incumplimientos de la provincia en materia de servicios, y destinatarios de soluciones que no tienen posibilidades de otorgar. Se va a la comuna porque no hay clases o el hospital deja qué desear.

Desde las necesidades, con ansiedad y malhumor en muchos casos, se instala al municipio en un poder que no tiene.

Pero lo importante radica en que la gente piensa en la comuna más allá de un organismo recolector de residuos y artífice del cordón – cuneta.

El reclamo -forjado al calor de la crisis- potencia una idea que crece día a día entre los intendentes de la provincia más allá de sus signos políticos: la descentralización del aparato de Estado provincial en favor del fortalecimiento de las comunas.

O en otros términos: Estado provincial chico y comunas importantes. Prestatarias – bajo las formas que adopten – de no pocos de los servicios que hoy presta el Estado provincial.

En la necesidad de avanzar en esta idea debe encuadrarse el reclamo de algunas comunas por hacerse cargo del cobro de impuestos provinciales.

Reclamo inorgánico en algunos casos, pero no menos elocuente por el espíritu que lo alienta.

Es más, pasadas las elecciones se prevé un fortalecimiento de lo que ya se denomina liga de intendentes, para -por encima de diferencias partidarias- comenzar a marchar juntos en procura de fortalecer el poder comunal.

Ahora, ante una elección confrontada con tanta apatía, aquella decisión no es precisamente poco.


En relación con la democracia, la transición convenció a los argentinos en dos cuestiones básicas:

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